La importancia de dejar huella en tu vida
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El podio de los triunfadores

 

 

 

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15.07.2021
Jesús Portilla
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En este mundo en el que todos quieren destacar, quieren imitar a los que reciben aplausos y vítores o quieren aparentar y ser el centro de atención buscando los primeros puestos, es muy difícil encontrar a alguien auténtico, por eso tal vez debiéramos aprender nosotros mismos a serlo.

Se dice que algo auténtico es aquello que no procede de ninguna imitación. Algo original, único, no copiado, no imitado. Que es realmente lo que parece. 

El diccionario va más allá en su definición: auténtico es aquello legítimo, genuino, verdadero, original, real, seguro, cierto, fidedigno, puro, positivo, innegable, probado, justificado, acreditado, confirmado.

Una persona auténtica es aquella que es consecuente consigo misma, con una fuerte personalidad y que no se deja influir por los demás, defendiendo aquello en lo que cree y que aporta mayor felicidad a las personas implicadas.

Es una persona valiente que defiende sus valores, su ideal, su objetivo de vida a pesar de las críticas y su repercusión personal. Una persona auténtica hace las cosas de corazón, sin postureo alguno ni fachadas engañosas.

Es una persona humilde que no busca su razón o su prestigio sino el mejor resultado para aportar el mejor servicio, ayuda o prestación y al mayor número de personas. Aquel que sigue el verdadero camino para encontrar la felicidad dando felicidad. No promete nunca confundiendo la felicidad con el poder, la fama o la riqueza. No es un falso profeta con piel de oveja siendo por dentro un lobo rapaz.

Una persona auténtica sabe cuál es el verdadero poder de la humildad y la practica en su proyecto de vida. Dice y hace dando ejemplo. Promete y cumple. Se detiene y escucha. Es agradecido y transmite empuje y entusiasmo.

Una persona auténtica vive con hondura en cualquier situación. Tiene gran capacidad para vivir a pleno cada instante. No se preocupa del mañana sin preocuparse antes del presente.

Se muestra pequeño ante todos para ser grande en sus obras para los demás. Sabe hacerse pequeño, sencillo y prudente para poder acercarse más a las personas. Sabe perdonar y pedir perdón para no dificultar el entendimiento.

Sabe diferenciar lo importante y prioritario de aquello que confunde por brillar más con su falso rayo de luz.

Da ejemplo. Porque sabe que el ejemplo es como una semilla que poco a poco crece y genera acciones y resultados allá y en quien menos esperas.

Sabe entrar en el corazón de cada persona para descubrir lo que esconde en su interior. Sabe que la existencia de cada uno está ligada a la vida de los demás. 

El ser humano está más en sí cuando más está en los demás. Sólo llega a sí mismo cuando sale de sí mismo (J. Ratzinger). 

Pone a su familia en el lugar que merece, sabiendo que es lo más importante y lo que aporta la mayor felicidad.

No busca excusas, no es indiferente ni cobarde, actuando con valentía ante las decisiones y las acciones a emprender siendo responsable de las mismas. Sabe dar respuestas para cada ocasión, para cada persona, para cada necesidad. No utiliza respuestas en serie.

Dispuesto a enseñar y a compartir sus conocimientos. Ha recibido dones y los pone al servicio de los demás.

Lleva el sello de la singularidad, con su propia personalidad, no dejándose influir por aquello que proporciona mayor número de aplausos, likes o falsas sonrisas.

Las personas auténticas practican la bondad por que saben que cada acto de bondad, hace más grande el mundo teniendo presente que cuando piensas en bondad siempre ganas. La bondad es la que siempre desarma a tu enemigo.

Tal vez estas frases podrían resumir lo que es ser auténtico: 

El ser auténtico es el alma hecha visible. Sarah Ban Breathnach.

La autenticidad comienza en el corazón. Brian D’Angelo.

La autenticidad lo es todo! Tienes que despertarte todos los días y mirarte en el espejo y  estar orgulloso de la persona que te está mirando. Y sólo puedes hacer eso, si eres honesto contigo mismo y eres una persona de alto carácter. Tienes la oportunidad todos los días de escribir esa historia de tu vida. Aaron Rodgers.

La autenticidad es una colección de elecciones que tenemos que hacer todos los días. Se trata de la opción de aparecer y ser real. La elección de ser honesto. La opción de dejar que se vea nuestro verdadero ser. Brene Brown.

Probablemente tanto tú como yo distamos mucho de ser auténticos, pero está en cada uno meditar sobre estos puntos para crecer en autenticidad cada día.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

   Fotograma de la película «Patch Adams»

La existencia de cada uno de nosotros está ligada a la vida de los demás. Palabras del Papa Francisco (Fratelli Tutti, 66)

Bonitas palabras que suenan muy bien, pero que no sé si todos entendemos la importancia que tiene el tenerlas en cuenta en las acciones que emprendemos.

La verdad es que es un principio que se ha ido deteriorando con el paso del tiempo, siendo cada vez más independientes y más egoístas, tomando decisiones de una otra índole sin pararnos a pensar si verdaderamente estarán ligada a la vida de los demás y por lo tanto les va a afectar para bien o para mal.

Nuestro pensamiento y nuestra prioridad siempre será cómo nos va a afectar a nosotros mismos, cuál será la forma más cómoda de realizarlo y qué beneficios nos reportará. Es así, somos humanos más o menos egoístas y el hecho de pensar en los demás no suele ser prioritario, incluso cuando nuestra decisión le puede afectar a alguien muy cercano a nosotros.

Decía el Papa Francisco que deberíamos mirar el modelo del buen samaritano (Lc 10:25-37). Sí, ese que se paró en el camino para ayudar a un hombre que había caído en manos de unos ladrones que le quitaron su ropa y le golpearon, y quien nadie de los que pasaron  a su lado se paró a prestarle ayuda, excepto el buen samaritano.

Pero hoy ni tan siquiera nos compadecemos de alguien tirado en el camino, cuando menos nos vamos a fijar en cualquiera —tanto en nuestro deambular por la calle como en nuestro trabajo diario—, para reflexionar si nuestras acciones le van a influir.

Claramente nuestra vida está ligada a la vida de los demás y deberíamos de poner nuestro esfuerzo continuo en tender la mano y tender lazos para andar el camino juntos, ese camino maravilloso que todos ansiamos para construir un mundo mejor.

Cuidarnos unos a otros y encaminarnos al bien común puede no ser una tarea cómoda, pero siempre es mucho más gratificante que ir apartando personas en nuestro andar, aunque muchos no lo crean.

Cualquiera que haya dedicado tan solo un minuto a hacer mejor la vida del de enfrente, ha sentido en su interior esa satisfacción del bien hacer. Pero la reflexión que deberíamos hacer diariamente o incluso en cada momento que tratemos con personas es: si me he sentido tan bien dedicando tan solo ese minuto, ¿por qué no dedico más tiempo y más esfuerzo en ayudar y procurar la felicidad de quienes se cruzan en mi camino?

Todos tenemos un camino que recorrer en nuestra vida. El otro día precisamente leía en el evangelio sobre escoger la puerta ancha, con un camino espacioso y cómodo que te satisface pero que puede conducirte a un precipicio; o la puerta estrecha, con un camino angosto que supone incomodidades y esfuerzo, pero que te lleva a la felicidad. ¿Qué debemos escoger la puerta ancha o la estrecha?

La finalidad del camino es añadir valor a la vida de los demás e ir dejando huella. 

Pero no se puede añadir valor a la vida de los demás si preferimos caminar solos, que nada ni nadie suponga un obstáculo que pueda entorpecer nuestros proyectos, y que pretenda que nos detengamos a tenderle una mano y pueda retrasar o impedir nuestro éxito.

Tampoco se puede dejar una huella importante, sin importarnos los demás y sin detenernos a tender un lazo, porque puede que lleguemos a lo alto de la montaña, pero el camino habrá estado falto de sentido, sin añadir valor y sin fruto alguno porque no habrán existido semillas.

Nuestra existencia siempre será vacía y nunca tendrá sentido si no está ligada a la vida de los demás.

Todos tenemos la oportunidad de ser Roberto Benigni (Guido en la película La vida es Bella) e inventar las fantasías que hagan falta para regalar alegría a los demás.

Debemos utilizar nuestras potencias interiores para acompañar y compartir nuestro destino con el de los demás, avivando nuestro fuego para crear ilusión y felicidad alrededor.

El escenario lo cambia todo, si decidimos que cada día se levante el telón para engrandecer el corazón del público que quiere ver lo mejor de nosotros mismos.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

16.06.2021
Jesús Portilla
Ningún comentario

No sabía cómo titular este artículo queriendo detenerme en argumentos referentes al mundo en el que vivimos y el mundo que queremos, por lo que dedicaré alguna reflexión a cada uno de los supuestos posibles títulos.

La trompeta y la flauta. Hoy en día muchos actúan como trompetas —si no trombones—, y van anunciando su presencia a cada paso que dan, como meros pavos reales que pretenden lucir su bello plumaje, lo sea o no lo sea. Es decir, quieren llamar la atención para que todos sepan de su existencia y algunos —si no muchos—, crean o perciban la gran importancia de su existencia, tanto en su vida social, familiar como laboral.

Otros —los menos—, directamente actúan como flautas, porque apenas se les escucha al ser su melodía mucho más suave, más armónica, menos estridente. A estos no les importa que los demás se fijen en su bello o diferente plumaje, porque no tienen interés alguno en todo aquello que signifique parecer, al dedicar su vida, su esfuerzo y cada uno de sus pasos, más bien a la importancia de ser haciendo y no simplemente pareciendo.

El fin del trabajo —como nuestro papel en la vida—, no es tocar la trompeta y que suene fuerte para que todos sean espectadores de nuestros grandes pulmones. ¿Cuántos pasan cada día a nuestro lado como pavos reales abriendo sus plumas para que los demás observen su majestuosidad? Majestuosidad que no es otra que esta misma, el gran sonido de trompeta que quieren hacer oír a su paso y el extender sus plumajes para que los demás se aparten y observen su esplendor desde fuera. y que no se fijen en su vacío interior.

Todos podríamos pensar que el único fin es ganar dinero para poder satisfacer nuestras necesidades, pero aunque en principio lo veamos así y la gran mayoría pasara de trabajar si no fuera necesario el dinero, la realidad es que el trabajo tiene un verdadero sentido, tiene un fin que nos hace sentirnos bien con nosotros mismos y con la sociedad, sin necesidad de ser trompetas, sino simplemente sacando nuestras capacidades, cualidades, dones y conocimientos, poniéndolos al servicio de los demás procurando el mejor trabajo y el mejor resultado, dirigido siempre a mejorar y buscar el bien común. 

Porque no nos damos cuenta, pero nos ha tocado la lotería, una fantástica lotería que no nos sirve de nada si no la gastamos dándole utilidad. Un lotería que además, según la utilizamos y la compartimos, se hace fuerte en nuestro interior creciendo más dones, más capacidades y más cualidades. 

El fin es hacer un gran bien a la sociedad, un bien a los demás; prepararnos bien para hacer un gran bien a mucha gente que espera de nosotros lo que se nos ha concedido gratis. Ese es el fin. Hacer mucho bien a las personas. Y de ahí viene la importancia de lo pequeño.

La importancia de lo pequeño. La humildad, la sencillez, la melodía de la flauta que hace sentir la música en cada una de sus notas, haciendo crecer la sinfonía desde lo pequeño, para que se haga grande. 

Cuando dejas crecer lo pequeño, se hace grande. Cualquier semilla es más pequeña que su fruto y solo hay que dejarla crecer. Puede ser una semilla pequeña, pero ¡eso sí! con fuerza interior para crecer y hacerse gran hortaliza. Sólo desde la humildad se puede crecer.

Por eso hay que cultivar, trabajar, transformar, no siendo necesario extender el gran plumaje, ni hacer sonar la trompeta. Las raíces van creciendo sin ruido y sin apenas darnos cuenta, convirtiendo esa semilla en un gran árbol, donde pueden anidar multitud de pájaros y alimentarse con sus frutos.

Tenemos que aprender a servir. Aquí no se admite cierto postulado que algunos podrían considerar como tal y que dice: yo no he nacido para servir. Todos hemos nacido para servir y hay muchos momentos de la vida en que nos toca servir. Lo importante es el cuándo, para quién y cómo. Cuando el momento lo requiera, a aquel a quien o a quienes lo necesitan, y por supuesto de la mejor manera para satisfacer a quien tengamos enfrente. A todos nos gusta que nos sirvan y que lo hagan bien pero, ¿cómo servimos nosotros?

La vida es servir, todos hemos nacido para servir: los padres, los profesores, los médicos, los bomberos, los policías, los fontaneros... La vida es servicio y cuanto más entendamos que es así, que es una obligación que tenemos con todos los que se cruzan en nuestro camino, más sentiremos que todos somos importantes porque nuestro servicio, cuanto mejor sea, mayores frutos de amor dará.

Tus dones son semillas que debes hacer crecer para que den frutos.

Permíteme que acabe contándote una historia real: En mi vida laboral conocí a una persona que todos habían dejado de lado en el trabajo, incluso apartándole en un rincón para que no molestase, porque él no sabía, no entendía, era muy lento y le faltaba iniciativa. Nadie quería perder el tiempo con él. Hasta que le cambiaron de departamento y aunque su nuevo responsable pensaba lo mismo que todos aquellos que habían trabajado con él, decidió abajarse y poner su esfuerzo en compartir sus dones y capacidades en enseñarle con paciencia, perdiendo tiempo en dedicarle tiempo. 

Nuestros dones, siempre son semillas que debemos hacer crecer para que den frutos, allá donde estemos y con quien estemos.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"