La importancia de dejar huella en tu vida
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El podio de los triunfadores

 

 

 

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14.01.2020
Jesús Portilla
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Escuchaba el otro día en una meditación la importancia de ese látigo que nos despierta. Ese látigo que es como la colleja que nos hace falta para poner orden en nuestra vida, en nuestras relaciones y en nuestro trabajo, para darnos cuenta de lo verdaderamente importante y priorizando lo que hay que priorizar. Ese látigo que nos hace falta para reaccionar, para mejorar, para avanzar, para corregir, para ponernos en nuestro sitio. Y no es que me ponga violento demandando latigazos, pero es cierto que hasta que alguien no nos pone en nuestro sitio, nos dice la verdad y nos corrige, no reaccionamos y seguimos en nuestro empeño, en nuestra equivocación y en esa zona de confort que nos mantiene agustito y sin complicaciones . Por eso necesitamos salir al mundo exterior, ver, oír, sentir, para enterarnos de la realidad, de lo que sucede a nuestro alrededor, lejos o incluso muy cerca de nosotros. Necesitamos ese látigo que nos haga dar un brinco y preguntarnos: qué voy a hacer, dónde y cuándo. Los días van pasando y no vale el ya lo pensaré, ya lo decidiré o ya lo haré. Hay que despertar de ese estado de ensoñación que nos mantiene aletargados, inmóviles y pasivos en las cosas más importantes de nuestra vida, creyendo que siempre van a estar ahí y que siempre tendremos tiempo de solucionar. Es muy recurrente la excusa del trabajo, de la falta de tiempo, de los niños o del mal tiempo que hace. Pero ya no vale, ya nos lo hemos dicho muchas veces y así se lo hemos transmitido a todo aquel que se ha acercado a nosotros. Como dice Víctor Küppers: lo más importante, es que lo más importante, es lo más importante. Y ahí es donde tenemos que pararnos para pensar en qué lugar ponemos cada cosa en nuestra vida. Hablaba en un artículo anterior del trabajo y la familia y creo que este es un ejemplo importante a tener muy presente. Pero aunque para mí este es uno de los más prioritarios, no es el único, ya que nuestra situación en la vida, nuestra edad, nuestro momento o nuestras capacidades, talentos y dones, pueden exigirnos ese necesario despertar para movilizarnos y empezar, hacer, hablar, escuchar, estudiar o resolver eso que estaba ahí y que necesitaba de nosotros, de nuestra acción o de nuestra generosidad. Necesitamos ese látigo de cada día que puede ser la misma ducha o simplemente el lavarse la cara y mirarse al espejo cada día, si no tenemos a nadie que nos fustigue y nos ponga en el sitio que nos corresponde. Hay que decidirse a decidir adquiriendo el compromiso de hacer. Hay que marcarse objetivos para mejorar y crecer. Hay que sacar nuestro carácter y nuestra personalidad para saber decir que no. Pero igualmente hay que ser valientes para saber decir que sí. Tenemos un poder y una magia interior capaz de hacer realidad todo aquello que nos propongamos, pero hace falta proponérselo y si no damos el paso, tendremos que buscar ese látigo o ese alguien que nos empuje para saltar. El momento es ahora. Este es el momento perfecto. Tal vez te pueda ayudar este libro que publiqué hace ya tiempo dirigido especialmente a los jóvenes, pero de aplicación para todas las personas. Espero que encontremos nuestro látigo de cada día y que demos al mundo lo que necesita de cada uno. Muchas gracias por estar aquí y compartirlo.  "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz" "Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"
01.01.2020
Jesús Portilla
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Hola, mi querido lector. No sé quién eres, qué edad tienes y dónde vives. Solo sé que estás aquí leyendo mis reflexiones y por ello para mí es un motivo de alegría, orgullo y satisfacción, y por supuesto también un motivo de agradecimiento. Seguro que si tú llevas algún tiempo leyendo mis artículos, te habrás hecho una idea sobre mí, aunque te resumo que no soy psicólogo, no tengo ningún máster en orientación familiar, no soy licenciado en recursos humanos, ni soy teólogo; es decir que lo que cuento y hablo en este blog no es teoría documentada, sino más bien mi simple experiencia basada en mis años como novio, marido, padre y abuelo, además de trabajador, compañero, jefe, empresario, escritor y pasajero del tren de la vida que tanto nos enseña en el camino diario. Ha pasado ya tiempo desde que empecé a escribir este blog y sois muchos los que os habéis detenido un rato en mis palabras, que de una manera u otra os han invitado a leerlas e incluso a profundizarlas. La verdad es que cuando repaso alguno de los artículos pasados, me sorprendo que a pesar de mis errores y mi falta de inspiración en esos días que uno se ha puesto a escribir sin un rumbo bien definido, gente como tú ha encontrado esa pequeña luz que ha dado respuesta a algo que estaba esperando. Eso precisamente, que a mí me estaba haciendo pensar en abandonar y dejar de escribir artículo tras artículo, es lo que me obliga cada día a seguir. Son gente como tú que desde su país, desde su casa o incluso desde ese medio de transporte donde está leyendo alguno de mis artículos, parece decirme que continúe escribiendo. Son gente como tú, que además se muestra agradecida porque esa simple frase, que para mí estaba escondida entre las muchas palabras de un artículo, para él o ella ha significado entender y encontrar sentido a eso que daba vueltas en su cabeza. La verdad es que tú como otros muchos, sois los que dais sentido a seguir plasmando aquí mis reflexiones, reflexiones que desde el principio siempre han buscado aportar ese pequeño granito de arena con mis experiencias, para poder corregir, mejorar o crecer en la vida, procurando además contagiar mi optimismo, mi alegría y mi esperanza. Fue para mí una gran satisfacción, cuando hace unos días recibí un correo de un chico que decía encontrarse muy perdido y que ya que con uno de mis artículos había encontrado aliento, le diera algunos consejos para enfocar su futuro. Yo no soy nadie, lo único que puedo aportar es mi experiencia de vida tanto en el ámbito familiar como en el laboral y personal, y así ha sido desde que empecé. Este blog en principio se creó para ayudar a los jóvenes en la búsqueda de empleo y para orientarles a llegar al verdadero podio de los triunfadores. Pero poco a poco mis lectores y visitantes han dejado de ser solo jóvenes y se han incorporado personas de toda edad y condición que no solo buscan orientación en el plano laboral, sino en el familiar, personal y espiritual, e incluso en el amor. Sé que tú mismo o que algún otro pueda buscar mucho más en mis artículos y que incluso no le aporten nada mis reflexiones, te pido disculpas si es así. Lo que sí te puedo decir a ti y a cada uno de los que me lee, es que mis palabras se escriben con todo mi cariño intentando transmitir lo que queda patente en el encabezado del blog definiendo su contenido: «El podio de los triunfadores, es el lugar donde te sentirás satisfecho contigo mismo, donde verás que tú has construido parte del mundo y donde te darás cuenta que tu vida ha significado algo importante, habiendo dejando huella allá por donde has pasado». Esto es lo que yo aplico o procuro aplicar en mi caminar; esto es lo que he ido descubriendo como lo más importante en mi vida y lo que ha logrado en mí una mayor felicidad. Por este motivo, me siento en la obligación de compartir esta experiencia intentando transmitir esa alegría que yo he recibido gratis, acercándome a los valores humanos fundamentales y que van dando sentido a la vida. Me emociona cuando días después de escribir un artículo veo el número de personas que lo habéis leído. Lo comparo con los asistentes a una charla o conferencia y me siento agradecido con la asistencia a la misma. Tú y otros tantos como tú, solamente con vuestra presencia me transmitís y me aportáis un cariño que se ve en vuestra atención, en vuestros ojos brillantes, en vuestra mirada serena y receptiva que se cruza con la mía. Es sorprendente cuando artículos o «charlas» que para mí han quedado vacías en su contenido, suman y suman visitas. Y es que no nos damos cuenta, ni tú, ni yo, ni nadie, de la importancia que tiene tan solo cruzarse con alguien y transmitir o recibir esa palabra, esa frase que te ha abierto los ojos y que te ha reconfortado haciéndote recuperar la alegría, las fuerza, la esperanza o la fe. Es cuando descubrimos que todo aquel que se cruza en nuestro camino, igual que nosotros cuando nos cruzamos en el camino de alguien, es por algún motivo, un motivo que puede dar luz a esa oscuridad o el rumbo correcto hacia ese extraño camino que se presentaba ante nuestros ojos. Me dice mi mujer que desde que me conoce —hace ya cuarenta y cinco años—, siempre he sido un consejero (un coach que llaman ahora), porque siempre me ha gustado acercarme a las personas, hablar con ellas, escucharlas e intentar sacar una sonrisa de cada una y un rayo de esperanza. No sé si he ayudado a muchos, lo que sí sé es que yo he aprendido mucho acercándome a unos y a otros con lo que ellos me han transmitido a mí. Por supuesto que sigo cometiendo a diario muchos errores, pero sigue en mí el afán de mejorar y veo cada día la importancia que tiene lo que esconde cada persona en su interior. Disculpa, la carta empieza a ser larga y lo mismo me estoy enrollando demasiado, pero es que siento que te tengo delante, que estoy tomando un café o una cerveza contigo y que estamos teniendo un rato de charla entre amigos. Si ya me conoces un poco por las cosas que escribo referente a la familia, el mundo de la empresa o la vida misma, sabrás que me encanta hablar con la gente y contar mis experiencias. Pero no quiero entretenerte, esta carta para ti simplemente era para darte las gracias por estar aquí, por leerme y por tus comentarios, pero sobre todo para decirte que cuentes conmigo. Puedes enviarme alguna sugerencia u opinión, incluso puede que tengas alguna historia que contar para compartir con todos los lectores Por otro lado, no sé si mis respuestas, experiencias y pensamientos podrán ayudarte u orientarte, lo que sí se es que mi cariño siempre estará en cada una de mis palabras intentando aportar lo mejor de mí. Muchas gracias de nuevo amigo lector. Te deseo de corazón un feliz año y que cualquiera que se cruce en tu camino se llene y te llene de alegría, así como también figura en el encabezado de este blog: «Que nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz» (Santa Teresa de Calcuta). Muchas gracias por estar aquí y compartirlo.  "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz" "Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"
13.12.2019
Jesús Portilla
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Suena como cursi, ¿no? Si lo escucharan muchos de los grandes «líderes» de hoy, dirían que es una solemne tontería. No basta con ser como soy, tengo que mejorar mi actitud, mi carácter, mi comportamiento, mi generosidad, ese dar y recibir, mi atención y escucha, mi paciencia, mi tolerancia. No basta con estar en forma, mejorar mi estado físico, mi conocimiento de idiomas, mi sabiduría, la nutrición... Mejorar es amar a los demás, demostrar que somos capaces de sacar lo mejor de nosotros mismos, cambiar, corregir aquello que hace daño a los demás, aceptar, tener más paciencia, más tolerancia, más control de uno mismo, ser más humilde. Porque para mejorar hay que pensar en el prójimo, escucharle más y mejor, ayudarle más, ofrecerle un mejor servicio. ¿Y no es esto amar más al prójimo? Parece que cuando uno se detiene a fijarse en las personas poniéndolas en primer lugar, significa perder. Y es que no se entiende que el perder te hace ganar, que el perder te hace mejorar y que por eso mejorar es amar. Mejorar es amar, no cabe otra. Para mejorar mi relación familiar, no cabe otra que amar más. Para mejorar mi atención a mis clientes, tengo que amarles más. Para mejorar mi trato, comportamiento y estima por mis compañeros o subordinados, tengo que amarles más. Y es que si quieres mejorar, tienes que amar. Todo lo que se salga de ahí, nunca te hará mejorar, porque todo lo que sea movido por el egoísmo te estará apartando de las personas y cuando apartamos a las personas, todo aquello que significa amar pierde su valor y nunca te provocará ningún crecimiento. Cuando uno ama esparce multitud de semillas a su alrededor que son las que hacen crecer los frutos. Cuando uno ama a su pareja o a sus hijos, entregaría su vida por ellos, y ese amor, esas grandes raíces de amor hacen crecer árboles con grandes ramas fuerte que sin duda florecerán dando grandes y maravillosos frutos. Lamentablemente el que no quiere mejorar, no se ama ni a él mismo ni a nadie. ¿Para qué va a mejorar si no entiende que hay personas que necesitan de él? ¿Para qué va a mejorar si no ve el fruto que puede dar su propio crecimiento? ¿Para qué va a mejorar si no entiende que amar es lo único que puede dar sentido a su vida? La vida no trata de ti, de mí o de nosotros, trata de servir a los demás y cuando ayudas a los demás, es cuando te ayudas ti. Por eso hay que imitar para crecer. Imitar a quien hace cosas buenas, a quien sonríe y regala sonrisas, a quien escucha, a quien ayuda, a quien hace bien su trabajo, a quien imita ese buen gesto de alguien, ese comportamiento ejemplar, a quien hace feliz a la gente de su alrededor. Porque mejorar también es imitar, imitar las virtudes,  imitar a quien promulga los valores, a quien da sin esperar recibir, a quien actúa con generosidad sin que le mueva ningún interés. Todos los días cuando nos levantamos se nos presentan nuevas oportunidades para mejorar; para seguir dando pasos a delante o para cambiar el camino; para mirar más allá de lo que vemos; para detenernos a escuchar lo que oímos; para descubrir el camino de Santiago de cada día; para convertirnos en ese trébol de cuatro hojas; para hacer latir de nuevo nuestro corazón y hacer la inversión más rentable en nuestra vida. ¿Cuánto estamos dispuestos a amar para mejorar? En palabras del Papa Francisco: “La Luz de Navidad eres tú cuando iluminas con tu vida el camino de los demás con paciencia, alegría y generosidad”. ¡FELIZ NAVIDAD! Muchas gracias por estar aquí y compartirlo.  "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz" "Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"