La importancia de dejar huella en tu vida
La importancia de dejar huella en tu vida
 

Accede directamente al blog en este enlace:

El podio de los triunfadores

 

 

 

Aquí tienes las últimas entradas

 

 

30.08.2022
Jesús Portilla
Ningún comentario

El éxito emborracha y crea adicción. El aplauso y las felicitaciones hacen que la humildad se convierta en orgullo; un orgullo que te hace mirar desde arriba, olvidando lo que se ve desde abajo. El éxito le puede hacer a uno más tonto de lo que ha podido ser.

El éxito puede hacernos emprender un camino equivocado con una mirada miope y mezquina que nos lleve a pensar que la felicidad está en tener, acumular, dominar y ser importantes.

Sé de lo que os hablo. Mi pequeño y supuesto éxito me emborrachó de engreimiento y vanidad. Solo una gran colleja me devolvió a mi verdadero camino.

No nos damos cuenta de hasta dónde podemos llegar con todos esos dones o talentos recibidos, creyendo que el éxito solo está en el poder y en el dinero, y en ese escalón tan alto al cual podemos haber llegado. Y precisamente esos dones están ahí, pero para hacerlos rendir en todo allá donde estemos y con quien estemos, encontrando nuestro lugar en el mundo; ese lugar en el que puedan lucir y brillar nuestras cualidades y capacidades, siendo brillantes en cada momento.

Brillando como líder, iluminando al equipo y hacerles enamorarse con cada proyecto. Contagiando la alegría y la sonrisa con el bien hacer, con el bien escuchar, con el bien ayudar. Brillando en el servicio, en la entrega, en la generosidad.

Brillando en la familia, como padre, madre, hijo... no olvidando el papel que ocupa. Nunca se sabrá hacer equipo si no se sabe hacer familia.

Brillando en la sociedad, en la calle, en el deporte, en el supermercado... siendo un referente en nuestra forma de actuar con todo aquel que se crece en nuestro camino.

Siendo ese gran referente tanto en lo alto del escenario como en el patio de butacas y ante todos tus seguidores.

No podemos dejar que el éxito nos haga olvidar a los don nadie, a los invisibles, a los marginados, a los del primer escalón...; renunciando a su atención y escucha, a sus experiencias o a sus sabias palabras que se esconden en su interior.

No podemos olvidarnos del verdadero camino de la grandeza, porque el éxito está precisamente en la grandeza que se encuentra en el interior de cada persona.

No podemos olvidarnos de nuestros talentos y del éxito como persona, aunque eso no reciba los aplausos del mundo.

Porque el bien que no hayamos hecho se quedará sin hacer y el tiempo perdido no habrá tenido sentido.

En palabras de Ignacio Amorós Rodríguez-Fraile, licenciado en Administración y Dirección de Empresas por CUNEF, empresario, ex-consultor y ex-broker de derivados financieros; ahora sacerdote e incansable evangelizador a través de los medios digitales y el canal de YouTube "Se buscan rebeldes":

Ni el dinero, ni la fama, ni los placeres, pueden llenar el corazón del hombre. Descubrí que la economía es una ciencia que se dedica a distribuir los bienes escasos, y por tanto, es necesaria para el mundo. Pero la economía tiene que estar siempre unida a la ética porque debe tener como fin el bien del hombre y de todos los hombres. Descubrí que la economía sin ética no es economía, sino un simple deseo de enriquecimiento personal. Por eso, si eres un inconformista y quieres mejorar tu vida; si no tienes miedo a cambiar; si te interesa conocer historias inspiradoras; si crees que la vida es para amar y vivir apasionadamente; si necesitas abrirte a la esperanza; si vas a contracorriente; si eres un rebelde que quiere cambiar la historia…, este libro es para ti. Bienvenido a La revolución de Dios.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

13.08.2022
Jesús Portilla
Ningún comentario

La importancia de las palabras, de lo que dices, de cómo lo dices, de para qué lo dices y de si es más importante decirlo que guardar silencio.

Cuántas veces hablamos de más. Cuántas veces hablamos de menos. Cuántas veces nuestro silencio transmite lo que ni siquiera saben transmitir las palabras.

El daño que dice una palabra mal dicha, puede hacer igual de daño que nuestro silencio ante una injusticia.

Hoy hablamos tanto y creemos saber tanto, que no valoramos el poder o la sabiduría del silencio.

En el trabajo, con tu colaborador, con tu compañero, con tu proveedor, con tu cliente, con tu familia, con tus amigos, con quien te sirve, con quien te puede ayudar, con quien necesita tu ayuda, con quien necesita tu consuelo... ¿Qué importante puede ser escuchar?  ¿Qué importante pueden ser tus palabras?

Ahora todo el mundo sabe de todo, opina de todo, cuestiona todo; criticando y juzgando a todo aquel que se cruza en su camino y sin siquiera querer conocer el por qué de sus acciones o comportamientos. Parece que es más fácil humillar que alabar. 

La importancia de pararse a escuchar es superada por la prisa, la falta de interés, el egoísmo y la soberbia.

El mundo necesita personas que se detengan, que escuchen, que piensen, que razonen, que analicen y que sean valientes para tomar las decisiones adecuadas aunque no sean las políticamente correctas.

El mundo necesita personas que hablen cuando hay que hablar; que defiendan lo que hay que defender; que sean portadores de la verdad y no meros consentidores de la mentira y la falsedad.

Hoy el ruido tóxico que se transmite parece querer ocultar la realidad influyendo en todos esos que por cobardía, comodidad o ignorancia, no quieren ver más allá de lo que esconde tanto mensaje dañino y manipulador.

Pero todavía hay muchos que saben ver, escuchar y hacer que se oigan sus palabras. Todavía quedan valientes que dan testimonios llenos de verdad y de valores. Todavía quedan muchos a los que les importan las personas, dejando a un lado sus propios intereses. Todavía hay muchos que defienden lo que muchos prefieren callar para no significarse. Todavía hay muchos que prefieren ser auténticos ante tantos que solo copian, prefiriendo seguir a la manada y aplaudir aunque el espectáculo no le haya gustado a nadie.

No olvidemos la importancia de escuchar. No olvidemos la importancia de opinar. No olvidemos la importancia de la valentía. No olvidemos la importancia de la verdad. No olvidemos la importancia de la defensa de los valores. No olvidemos la importancia del silencio ante tanto ruido tóxico. No olvidemos la importancia de ser auténticos.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

27.06.2022
Jesús Portilla
Ningún comentario

Nuestra vida es para algo importante, así lo creo, y te vas dando más cuenta cuantos más años vas cumpliendo.

Todos hemos vivido y vivimos experiencias que pueden aportar mucho valor a otros que pueden vivir situaciones parecidas. Por eso, hace años que vengo publicando artículos en mi blog: El podio de los triunfadores, que en la mayoría son fruto de vivencias que de una u otra manera han llegado a mí y me han aportado algo que me invitaba a compartir con los demás.

En mis muchos años, la familia, el trabajo y la fe, han dejado una profunda huella en mi interior que sentía la necesidad de compartirla con todos. Son la parte más importante de mi felicidad y la de muchos que se han cruzado en mi camino y me han hecho comprender lo que no comprendía, disfrutar lo que no disfrutaba y transmitir aquello que creía que solo me interesaba a mí y no tenía o no iba a tener ningún sentido para los demás.

Me encanta hablar de la familia, porque lo es todo para mí y por ello la defiendo a capa y espada. Porque destruyendo la familia, destruimos el amor y la felicidad.

Me encanta hablar del crecimiento espiritual, de la fe, de Dios... Porque cada vez voy entendiendo más y más el sentido de la vida, quién es la persona que tengo a mi lado o que se cruza en mi camino, qué significa perdonar, cuál es la verdadera generosidad, el valor de la humildad, dónde está el verdadero amor, el secreto de la felicidad... 

Entiendo que muchos no son creyentes y sienten incluso un rechazo al tema religión e iglesia, pero cuando uno lo ha vivido durante tantos años viendo que cada día es un crecer en alegría, es muy difícil no querer hacer partícipe a los demás de tu gran suerte.

Me encanta hablar del trabajo porque yo he entendido mi puesto de trabajo como mi propia empresa, llenándola de entusiasmo, velando por ella, mejorándola, cuidando de mis compañeros, de mis clientes y de mis proveedores, procurando volver cada día a mi casa con la satisfacción del trabajo bien hecho.

Por todo ello, en mis artículos, algunos de los que no me conocen podrán sentirse molestos cuando critico el lugar en el que se está dejando a la familia, priorizando el trabajo, el dinero, el estatus, el éxito... También cuando intento evangelizar y dejar mi impronta o mi semilla para abrir corazones que se atrevan a descubrir la fe y lo que esconde. Y mucho más, cuando critico la deshumanización de las empresas, la falta de líderes competentes que no miren solo sus propios intereses y sepan hacer equipo o los empresarios que están enfocados solo al máximo beneficio sin importarles los daños colaterales de sus acciones.

Siento que alguien se pueda sentir molesto por mis observaciones más o menos acertadas, pero yo mismo precisamente aprendo cuando me hacen reflexionar y ver que lo que hice, lo que hago o lo que puedo hacer, no está bien, o hay otras formas de hacerlo y más encaminadas al bien común.

Nuestra vida es para algo importante; es para convertir lo ordinario en extraordinario; para enseñar, transmitir y compartir, para empoderar a unos y a otros sacando lo mejor de cada uno; es para llevar alegría donde se necesita; es para poner la solución a lo que parece no tenerla; es para abrir caminos donde los obstáculos lo impiden; es para poner amor donde no lo hay. Y esto solo es posible si nuestros dones, capacidades y experiencias las ponemos al servicio de los demás, aunque en algunos casos pueda ser que al compartirlas duela porque hurga en nuestra conciencia.

En este mundo de ideologías sin sentido, creo que es necesario significarnos y defender nuestras opiniones, nuestras creencias y nuestros rechazos. La verdad es verdad aunque nadie se la crea y la mentira es mentira aunque todos se la traguen. Lo importante de la vida es el viaje. Pero, ¿qué vamos aportando cada uno en nuestro viaje? Si al menos uno aprende, mejora o encuentra el verdadero camino, habrá valido la pena.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"