La importancia de dejar huella en tu vida
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13.10.2020
Jesús Portilla
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Cuando sufrimos la quiebra de nuestro negocio perdiendo todo —aunque éramos personas de fe—, también nos preguntamos dónde estaba Dios en ese momento y por qué nos pasaba eso a nosotros siendo buenas personas. Sentíamos enfado, rabia, preocupación, un miedo que nos hizo mantener muchas conversaciones con Él, haciéndole sentir nuestras lágrimas y nuestro sufrimiento y el de nuestros cuatro hijos, al tener que volver a empezar de nuevo con cuarenta años. Nos dimos cuenta que aún siendo personas de fe, la desesperanza se iba a apoderar de nosotros porque esa fe era muy débil, una fe de manual, de esa que figura en una etiqueta que solamente dice soy católico. Sin embargo, parece que a Dios le importó poco esa mínima fe tan débil, porque nos concedió el ánimo, la fortaleza, el optimismo, el coraje, la determinación y una nueva esperanza que salió de nuestro corazón y de todo nuestro cuerpo, para descubrir nuestro gran amor hacia cada uno de los miembros de nuestra familia, así como nuestros dones, cualidades, conocimientos y capacidades para ponernos a trabajar para recuperar todo lo perdido, sin miedo y con la suficiente energía para salir de ese pozo. El tiempo nos enseñó que eso era un simple tropiezo en el camino para encontrar la verdadera felicidad, una felicidad que en su momento pareció que nos había robado y que sin embargo solo la apartó para descubrir la que tenía preparada para nosotros.Todos nos preguntamos o nos hemos preguntado alguna vez dónde está Dios porque las adversidades nos superan y no terminamos de entender nada de lo que sucede a nuestro alrededor. Pero, bajo mi humilde opinión y las experiencias vividas con el paso de los años, creo firmemente que hoy Dios está donde ha estado siempre, en nuestro corazón el cual hay que abrir para dejar que salga y por supuesto en el corazón de cualquiera que se cruza en nuestro camino. O sea, que siempre está y ha estado a nuestro lado, tan cerca de nosotros que solamente tenemos que sentirlo en nuestro interior y dejarle hacer a Él. Por supuesto como decía antes, esa es mi humilde opinión, la opinión de una persona que todavía tiene mucho que crecer en la fe y que también sigue teniendo dudas, pensamientos, distracciones y tropiezos que me intentan desviar de mi camino para encontrar el verdadero sentido de la vida.Parece una incongruencia preguntarse dónde está Dios hoy, cuando por otro lado la mayoría dice que no lo necesita para nada.Pero esa es la pregunta que siempre estará ahí para aquellos que no han tenido la gran suerte de sentirle, porque además nadie les ha hablado de Él o lo poco que saben les tiene totalmente confundidos.Aunque para muchos el tema de Dios no les merece ninguna importancia o era un cuento que les contaron de pequeños, ahora tiene la misma importancia de siempre y es la respuesta o la solución a la gran deshumanización del mundo, donde todos participamos y sufrimos el egoísmo, la soberbia y la injusticia que se vive en el día a día.Se necesitan respuestas rápidas a las preguntas que unos y otros nos hacemos  y cuando no las tenemos, simplemente dejamos de tener esperanza alguna y rechazamos la posibilidad de que ese Alguien que tenemos tan cerca o dentro de nosotros exista, o sea tan poderoso y tan bueno como para concedernos algo. Siempre solemos despreciar a aquellos a los que nos acercamos para pedirles tan solo un favor y nos niegan la ayuda que necesitamos, cuanto más a Ese que dice que está ahí pero no le vemos y no nos dice nada porque parece que nos ignora o no nos escucha. Y lo cierto es que siempre nos presta atención y que siempre da respuestas y actúa. Pero hay que detenerse y escuchar; abrir los oídos, entender y ver en cosas que suceden en nuestro día, la cantidad de mensajes que recibimos para saber pensar, valorar, decidir y actuar.Yo tengo que aprender a creer más, tener más fe,ser más humilde, más generoso y darme cuenta también de la cantidad de veces que tengo frente a mí a Dios y paso sin prestarle la mínima atención o le dedico tan solo unos minutos de mi día. Aún así, cuando abro mi corazón, Él olvida mi desprecio, se pone ante mis ojos y me deja verle y sentirle en todo lo que pasa a mi alrededor:Sobre todo cuando veo la sonrisa, la mirada, la alegría que irradian las personas que están llenas de Dios, deseando ser como ellas y creer como ellas. Cuando veo la generosidad, la bondad y el amor que regalan muchas personas a otros, veo que Dios está ahí.Cuando veo a mi mujer, a mis hijos, a mis nietos; su amor, sus sonrisas, su alegría, sus abrazos, veo que Dios está ahí.Cuando veo trabajar a quienes disfrutan dando un buen servicio con una sonrisa, con amabilidad, poniendo su atención en las necesidades del cliente, del compañero, con verdadero afán de servicio, veo que Dios está ahí.Cuando veo a una madre o a un padre abrazar a su hijo, veo que Dios esta ahí.Cuando veo a un enfermo grave que ofrece su enfermedad y su sufrimiento por otros que sufren más que él, veo que Dios está ahí.Incluso, cuando voy a pasear por la dehesa que hay frente a mi casa y veo los árboles, los jardines, los matorrales, el sol, el aire, las flores, los pájaros, los insectos, tanta vida y tanta belleza, veo que Dios está ahí.Todos preguntamos dónde está, por qué no le vemos, por qué no nos dice nada, y sin embargo no queremos verle tampoco en las personas que necesitan ser escuchadas, que nos interrumpen, que pretenden quitarnos nuestro tiempo, que nos aburren con sus problemas, que nos irritan o que nos piden ayuda, sin darnos cuenta que detrás de cada uno de ellos está Dios hablándonos para responder a nuestras preguntas.¡Cuántas veces me ha ayudado en situaciones difíciles indicándome como actuar! ¡Cuántas veces he sentido las fuerzas que me hacían falta! ¡Cuánto amor me ha dado para querer a mi mujer y a mis hijos! Si tengo que responder nuevamente a la pregunta: ¿dónde está Dios hoy? Yo respondo que le veo en todas partes y está donde siempre; siempre ha estado donde está ahora, solo hay que abrir los ojos para verle y prestar atención para escucharle, pero hacer falta querer. Uno cree que es uno mismo el que encuentra soluciones para todo y el que saca fuerzas de cualquier sitio, pero son muchas veces las que no nos paramos a preguntarnos: ¿de verdad fui yo el que pudo con eso?Yo tuve la gran suerte de nacer y crecer en una familia católica y sin embargo viendo que Dios está ahí y está siempre para mí, yo le defraudo a menudo porque sin embargo no estoy ahí siempre para Él.Como vengo diciendo desde el principio, yo no soy nadie y estas palabras son solo una humilde opinión basada en mi sencilla experiencia personal, por eso si quieres profundizar más hay muchos testimonios que pueden aclararte dónde está Dios. Aquí te adjunto unos cuantos pero hay muchos que posiblemente te hagan ver luz donde parecía que solo había oscuridad:La conversación con Dios de un joven soldado antes de morir.El joven soldado se dirige a un Dios que no conocía, del que no le habían hablado. Pero en medio de la muerte lo había descubierto y aún sabiendo que su vida estaba en juego confesaba ya no tener miedo a morir pues había descubierto precisamente dónde estaba la verdadera vida.Esta es la oración íntegra hallada en el bolsillo de Aleksander Zacepa:¡Escucha, oh Dios! En mi vida no he hablado ni una sola vez contigo,pero hoy me vienen ganas de hacer fiesta.Desde pequeño me han dicho siempre que Tú no existes...Y yo, como un idiota, lo he creído.Nunca he contemplado tus obras,pero esta noche he visto desde el cráter de una granada el cielo lleno de estrellasy he quedado fascinado por su resplandor.En ese instante he comprendido qué terrible es el engaño...No sé, oh dios, si me darás tu mano, pero te digo que Tú me entiendes...¿No es algo raro que en medio de un espantoso infiernose me haya aparecido la luz y te haya descubierto?No tengo nada más que decirte.Me siento feliz, pues te he conocido.A medianoche tenemos que atacar,pero no tengo miedo,Tú nos ves.¡Han dado la señal!Me tengo que ir.¡Qué bien se estaba contigo!Quiero decirte, y Tú lo sabes, que la batalla será dura:quizá esta noche vaya a tocar a tu puerta.Y si bien hasta ahora no he sido tu amigo, cuando vaya, ¿me dejarás entrar?Pero, ¿qué me pasa? ¿Lloro?Dios mío, mira lo que me ha pasado.Sólo ahora he comenzado a ver con claridad...Dios mío, me voy... Será difícil regresar.¡Qué raro, ahora la muerte no me da miedo!Otro importantes testimonios:San José María Escribá: Allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Dios nos espera cada día en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo. (Conversaciones, n. 113-114)Regreso a ÍtacaTestimonio José Manuel Cotelo: Testimonio José María Zabala Testimonio María Vallejo NájeraTestimonio Jesús García Testimonio María del Himalaya Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"
25.09.2020
Jesús Portilla
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¿Te imaginas el aterrizaje de un avión cuando multitud de luces de balizamiento intentan confundirlo en su elección de pista?¿Te imaginas que se enciendan unas y se apaguen otras sin tener otra información?¿Te imaginas elegir la pista equivocada?Pues todo esto nos sucede cada día en nuestras decisiones; vemos muchas luces, muchos focos y hay que decidirse para elegir el camino correcto. Hace falta controlar muy bien nuestros sentidos para no equivocarnos y dirigirnos hacia otro objetivo, porque no elegir bien la pista puede hacer estrellar nuestra nave.El problema es que los focos más llamativos, las luces de balizamiento «más bonitas y más luminosas» son las distraen nuestra atención y tientan nuestra decisión.Necesitamos pararnos a pensar para no ser manipulados, porque esa forma de actuar como marionetas gobernadas por un hilo tentador, nunca nos llevará hacia el camino correcto ni dará sentido a nuestra vida.Pensar y darse cuenta que no está bien eso que nos están proponiendo, es esencial para no salirse de pista.Pensar si es lícito, ético y honesto ganar más dinero de esa manera tan fácil, nos hará ver la verdaderas luces de balizamiento.Pensar si de verdad ése es el salario justo que merece esa persona, nos llevará a corregir un posible abuso.Pensar si eso es sencillamente una explotación de personas, evitará que nos estrellemos haciendo daño a mucha gente.Pensar en lo que significa una infidelidad y esa absurda tentación, evitará estrellarse al elegir la pista que no se debe elegir por amor, respeto, responsabilidad y compromiso.Pensar antes de pisotear a unos y a otros calibrando los daños colaterales, conseguirá el perfecto aterrizaje.Pensar si esa satisfacción del momento, no serán las lágrimas de tu futuro, nos hará descubrir la verdadera luz.Pensar si ese falso testimonio, esa crítica, esa murmuración conduce a la felicidad, nos redirigirá al camino de la verdadera justicia.Pensar si ese trabajo que nos ofrecen, ese proyecto tentador, conduce a nuestro objetivo de vida sin afectar a los que te rodean, nos mantendrá en la pista correcta.Pensar que equivocarnos con las luces o los focos de la ambición, de la soberbia, del egoísmo y de la humillación, será un error que desviará radicalmente nuestro destino.Y es que lo importante para no salirse de pista son los referentes, esas verdaderas luces de balizamiento que alumbran constantemente nuestro camino y corrigen nuestra trayectoria cuando esta es confusa o errónea. Tenemos que buscar el foco, la estrella que alumbre nuestro camino para aterrizar en una calle segura.Para crecer como personas necesitamos ejercitarnos todos los días en aquello que nos perfecciona. El hábito que nos hacer ser mejores personas, para no equivocar el camino, se llama virtud.Lo importante son aquellos valores que brillan ante la oscuridad para iluminar las acciones.Lo importante son esas personas que iluminan con su bien hacer.Lo importante es la familia que apoya, alienta, da cariño y reconduce a la pista adecuada.Lo importante son esos ejemplos, esas acciones, esos testimonios que como brillantes luces de balizamiento, dejan una huella imborrable para seguir el verdadero camino.El mundo nos ofrece cada día, a cada instante, grandes y maravillosos «dulces y supuestos regalos tentadores» que nos conducen a la amargura, y solo fijándonos en los grandes ejemplos de la humanidad que antepusieron el amor ante las múltiples delicias y placeres que se encontraron en el camino, encontraremos la pista adecuada para no estrellarnos.No nos salgamos de la pista, nuestros errores pueden causar graves daños en nosotros que repercutirán directamente en los demás. Todos los días tenemos oportunidades para dejarnos guiar por la verdadera luz.Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"
09.09.2020
Jesús Portilla
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Hoy, con el permiso de José Iribas, autor del blog Dame tres minutos, os comparto este excelente artículo suyo sobre la importancia de ser buenas personas.

Desde Beethoven a Howard Gardner: sobre las buenas personas:

Lo dijo Ludwig van Beethoven: ‘No conozco ningún otro signo de superioridad que la bondad’. ¡Qué bien suena!

Y hoy lo cantan a coro en las redes sociales (incluso en las profesionales, como LinkedIn):

‘Es importante ser inteligente, tener talento, títulos; y ser buen líder; pero… más importante es ser buena persona’.

Y la gente, venga a compartir, a recomendar o a darle a ‘me gusta’. Y no, no es simplemente que haya calado en nosotros el espíritu navideño; que ojalá también; y que dure, y dure, y dure: como aquellas pilas…

La gente lo aplaude porque es algo de sentido común: las mejores herramientas -como la inteligencia- son magníficas… si las empleas para un buen fin; si no, pueden ser terribles. O simplemente estériles, si es por un egoísta interés. Por ello, ya nos advertía François de La Rochefoucauld que ‘no se debe juzgar a un hombre por sus cualidades, sino por el uso que hace de ellas’.

Nuestra sociedad necesita que tú y aquél… y yo cultivemos y hagamos buen uso de las cualidades que se nos hayan dado. Y que pulamos (lijemos, cepillemos o hasta cincelemos -ojalá-) nuestros defectos. O, al menos, que los tengamos siempre en off. Que ya nos prevenía un profesor del IESE: ‘Si te sale un colaborador perverso, pídele a Dios que te salga vago, porque como te salga activo, te hunde’ (enlace).

La inteligencia, títulos, cargos, etc., están bien como medio; pero no son lo primordial. Tratar de ser una buena persona, aunque haya que trabajarlo -lo que vale, cuesta- es esencial. Y no me refiero a que seamos lo que comúnmente se denomina unos benditos. Aludo a ser hombres o mujeres de bien.

A veces, se nos invita a admirar como ‘referentes’ a personajes mediáticos, famosos -por decir algo-, con popularidad, poder o incluso con determinadas cualidades… que no destacan, precisamente, por ser benéficos… ¡Ojo con los que quieren ‘hacer caja’ -y no solo económica- con esas estrategias! Ellos también pueden ser inteligentes, o poderosos… pero les falta algo esencial: unos cuantos gramos de bondad. Y tú no puedes ser un canelo ante determinados cantos de sirena.

Hay que reivindicar, sin complejos, la bondad 

Eso no es ser un un blandito: es más, en no pocas ocasiones exige su dosis de esfuerzo y hasta de coraje. ¡Qué te voy a contar!

Sí, ya sé que a veces puedes encontrar como respuesta inicial a tu bonhomía la bofetada; o la ingratitud; o el silencio; al menos de tejas abajo.

Hemos empezado con Beethoven. Déjame traer ahora a colación a John Lennon: ‘Cuando hagas algo noble y hermoso y nadie se dé cuenta, no estés triste. El amanecer es un bello espectáculo y sin embargo la mayor parte de la audiencia duerme todavía…’.

Te lo confieso: leer en LinkedIn eso de que lo más importante es ser buena persona me encantó. Estoy un poco hartito de que algunos crean que para ‘triunfar’ (¿merece la pena una ‘victoria’ así?) haya que ser un killer. Y pisar, machacar o patear a los demás. O aplicar aquello de Groucho Marx: ‘Estos son mis principios. Pero si no les gustan, tengo otros’.

Todo esto que te cuento me trae a la memoria una entrevista a Howard Gardner

Sí, hombre, sí; la que le hicieron a este neurocientífico, autor de la teoría de las inteligencias múltiples, profesor de Harvard, etc. Te la recomiendo vivamente (enlace).

En ella, el también Premio Príncipe de Asturias, que de tonto no tiene un pelo (y mira que peina canas), sentenciaba: ‘Una mala persona no llega nunca a ser un buen profesional’.

Gardner señala cómo en un momento dado empezó a preguntarse ‘por la ética de la inteligencia y por qué personas consideradas triunfadoras y geniales en la política, las finanzas, la ciencia, la medicina u otros campos hacían cosas malas para todos y, a menudo, ni siquiera buenas para ellas mismas’. Y añade: ‘En realidad, las malas personas no pueden ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes… Lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre ECE: excelentes, comprometidos y éticos… No alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia. Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética… Sin principios éticos puedes llegar a ser rico, sí, o técnicamente bueno, pero no excelente’.

Gardner tiene razón. Toda la razón.

Déjame que te traiga a unos cuantos ‘famosos’ de diversa época y perfil para reforzar sus tesis:

Theodore Isaac Rubin aseveraba que ser bondadoso es más importante que ser sabio, y entender esto es el principio de la sabiduría.

Pío Baroja escribía: ‘No me admira el ingenio, porque se ve que hay muchos hombres ingeniosos en el mundo. Tampoco me asombra que haya gente con memoria, por grande y portentosa que sea, ni que haya calculadores; lo que más me asombra es la bondad, y esto lo digo sin el menor asomo de hipocresía’.

José Antonio Marina señala que ‘la mayor creación de la inteligencia es la bondad’.

Santiago Álvarez de Mon pone en cuarentena el concepto de liderazgo. Defiende uno auténtico frente a los carismáticos, maquiavélicos o paternalistas: he intentado, afirma, despojar de contenido la palabra líder -etérea y tramposa- y reivindicar la palabra persona, profunda y real. Te recomiendo su libro ‘El mito del líder’. Te gustará.

Podría seguir tecleando… pero por el bien, propio y ajeno, por la convivencia familiar -y por la razón que tiene-, concluyo con esta de Marco Aurelio: ‘No discutas acerca de si puede existir en el mundo un ser humano bueno y recto: urge que tú lo seas’.

A por ello: que suena bien… ¡Y no solo en Navidad!

Mi agradecimiento y felicitación a José Iribas por su excelente artículo.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"