La importancia de dejar huella en tu vida
La importancia de dejar huella en tu vida
 

Accede directamente al blog en este enlace:

El podio de los triunfadores

 

 

 

Aquí tienes las últimas entradas

 

 

21.09.2021
Jesús Portilla
Ningún comentario

 

Hoy toca el reconocimiento, la felicitación y por supuesto el agradecimiento para todas esas personas que con su ejemplo y su testimonio, nos aportan cada día valores para ser más humanos y mejores tanto en el plano profesional como el personal.

Todos los que aquí se relacionan son una pequeña muestra:

Myriam Isabel González Navarro, Patricia Paiva Olmedo, Cipri Quintas, Beatriz Soto Rivero, Mar Escudero Solórzano, Alejandro Tost Tost, Juan Carlos Romero, Sergio Fernández, Víctor Küppers, Javier Fernández Aguado, José Iribas Sánchez de Boado, Inés Torremocha Arroyo, Virginio Gallardo Yebra, Miguel Ángel García Morcillo, Lois Hassen-Bey, Irina Luscan, María José Calvo Ibáñez, Gabriel Gómez González, Maje Gil Carrión, Olga Martínez Palancar, Luis Miguel Herranz Rodríguez, entre otros muchos.

Son personas valientes que luchan por hacer un mundo mejor manteniendo ideas, valores y acciones para humanizar la empresa, para defender a la familia, para poner en primer lugar a las personas anteponiéndolas a ambiciones y egoísmos, procurando transmitir su experiencia y sus conocimientos para luchar por los mismos objetivos. 

Son personas que van dejando huella con su saber hacer escuchando el interior de cada uno y sabiendo sacar el potencial que todos tenemos. 

Son personas que no tienen miedo de ser señalados por defender la educación, el respeto, las buenas maneras, el amor, los valores principales del ser humano y las virtudes, hablando incluso de Dios —aun pudiendo no ser creyentes—, pero dejando claro lo que se esconde en el interior de sus corazones. 

Son personas que se enfrentan a quienes humillan, escuchan a quienes son ignorados y ayudan a quienes no saben, priorizando el amor en sus acciones. 

Son personas que prefieren la humildad, la prudencia y la sencillez antes que el orgullo y la prepotencia. 

Son personas a las que les importa su familia, sus parejas, sus hijos y procuran la felicidad de todos poniéndolos en el lugar que les corresponde, dando testimonios y ejemplos de responsabilidad, sacrificio, esfuerzo y generosidad.

Son personas que no menosprecian a nadie, sino que más bien empoderan a quien tienen delante. Personas que defienden los principios sólidos y las convicciones profundas a pesar de que no se lleven, no gusten o puedan perjudicarlos en su carrera profesional o entre su círculo de «amigos». 

Son profesionales que se ponen en lugar del cliente, en lugar del alumno, en lugar del paciente o en lugar de su colaborador, procurando el mejor entendimiento para dar el mejor y verdadero servicio, atención y solución a las necesidades.

Por supuesto hay muchas más personas que las aquí mencionadas y que tú mismo puedes mencionar por ser merecedores también de este aplauso y reconocimiento.

Incluso también puedes contar con mi reconocimiento para ti que estas leyendo estas líneas y aun pudiendo ser un desconocido, eres un ejemplo a tener en cuenta dando testimonio cada día con tus acciones que parecen no ser vistas por nadie.

Mi sincero agradecimiento a todos y cada uno de los que lucháis por un mundo mejor con vuestro bien hacer diario. Un gran aplauso.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

03.09.2021
Jesús Portilla
Ningún comentario

Pixabay-Couleur

Nuestro corazón cada vez está más lejos. Está frío, apagado. Está en off. Ponerlo en on puede acarrear muchas consecuencias que harán perder nuestra libertad, pudiéndonos obligar a pensar más en los demás y soportar todos los posibles daños colaterales que pueden afectar directamente a nuestro ego, nuestra soberbia, nuestro egoísmo, nuestro orgullo y nuestro supuesto bienestar. Por eso escuchar con el corazón es peligroso.

Es peligroso escuchar con el corazón porque lo que tenemos que oír o las acciones que debemos emprender después de escuchar, probablemente no nos hagan la menor gracia porque nuestro tiempo deje de ser nuestro y pase a ser el de otro, o mejor dicho, para el otro. Si ya nuestras orejotas han rechazado siempre cualquier ruido comprometido, escuchar con el corazón va a significar que el sistema de escucha más potente y multi-sensible que tiene el cuerpo, nos va a poner blanditos. Por eso, cada día más, vamos encerrando nuestro corazón detrás de múltiples corazas, evitando que llegue el mínimo susurro dañino que nos haga perder la tranquilidad.

Escuchar con el corazón, estés con quien estés, es peligroso. Tenlo en cuenta.

Escuchar con el corazón a la familia puede llenarte de comprensión, paciencia, tolerancia, generosidad, amor; es entrar en el interior de cada uno de sus componentes para abrazarles por dentro.

Escuchar con el corazón a los amigos supone ponerse en su pellejo, estar a su lado, apoyarles, animarles y ayudarles. Esto no es lo mismo que pasar un rato tomando vinos, haciendo deporte o contando chistes. Supone sacrificio, supone perder nuestro tiempo para entender sus problemas y querer sentir de cerca la situación por la que pueden estar pasando y ponernos a su servicio.

Escuchar con el corazón a nuestro colaborador es muy pero que muy peligroso, porque puede que nos haga darnos cuenta de alguna injusticia en cuanto al trabajo que realiza, el puesto que ocupa, el sueldo que le pagamos y el trato que recibe de nuestra parte.

Lo mismo pasa con el compañero. Escucharle con el corazón puede llevarnos a reconocer que trabaja mejor que nosotros, que sus razonamientos, ideas y ejecución de las ideas sean mejores, que son malintencionadas las críticas hacia su persona y su trabajo, y que ese puesto o salario superior al nuestro y tantas veces criticado, es totalmente merecido.

¿Y qué decir del daño que nos puede hacer escuchar con el corazón siendo ejecutivo, empresario o un alto directivo? Lo mismo si escuchamos con el corazón hacemos un mal negocio, vamos a ganar menos, tenemos que esforzarnos en hacerlo mejor, o bien podemos descubrir que nuestro corazón se hace tan grande, que empieza a hacernos decidir cosas diferentes y nos hace ver a las personas de otra manera. Es decir, que son personas.

No interesa escuchar con el corazón, porque escuchar con el corazón significa darnos por entero, y darnos por entero puede hacernos perder esa libertad propia de la ambición desmedida.

Pero a pesar de todo esto tenemos que aprender a escuchar con el corazón, porque si verdaderamente aprendemos, él sabrá muy bien acertar en nuestras decisiones, porque con el corazón se toman las decisiones más profundas. Solo el corazón nos puede hacer entender lo que en una conversación nos quieren transmitir unas palabras.

¡Haz caso a tu corazón! “El corazón es el centro”, donde la persona cuida la flor de sus sentimientos (José Javier Pérez Benedí).

Cuando se renuncia a ser el centro, el dominador, el que todo lo controla, porque lo que nos dice el corazón es que nuestras acciones están mal, es cuando de verdad se adquiere nuestra libertad interior, esa que nos hace sentirnos orgullosos de nosotros mismos y satisfechos por dar lo mejor.

¡Atrévete a preguntar al corazón y escúchale!

¡Arriésgate a poner amor en todo lo que hagas!

Otros artículos semejantes:

Solo con el corazón se puede ver bien

Se necesitan empresas con corazón

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

06.08.2021
Jesús Portilla
Ningún comentario

En mi anterior artículo hablaba de ser auténtico y aquí vuelvo a tocar algo importante que muestra la autenticidad de las personas, la urbanidad.

El otro día en un comercio me quedé sorprendido al ver a una pareja que permanecían cómodamente sentados con su niña de unos tres años que jugaba con los muebles, puertas, adornos... desordenando todo lo que estaba a su alcance, sin la menor llamada de atención de sus padres. No sé, lo mismo pensaban que si le exigían un mínimo y adecuado comportamiento, respetando los objetos y el trabajo del personal, la podían causar un trauma para toda su vida.

Comentaba lo de esa pareja, pero podía referir también lo de la señora que estaba en la terraza de un bar cómodamente con sus piernas en la silla de enfrente, lo de la madre que mantenía a su hija de pie con sus zapatos en el sillón de un restaurante, la mujer que dejó toda la ropa tirada en el suelo en un probador, aquellos que no dicen ni buenos días ni por favor o no saben que existen unas palabras para pedir disculpas. También están los que siempre llevan y recogen tarde a sus hijos al colegio, los insolentes y altivos que menosprecian a cualquier trabajador queriendo mostrar su autoridad; los que tiran al suelo lo que les viene en gana, defendiéndolo con orgullo porque así dan trabajo al personal de limpieza; los que no saben educar a su perro, bien no recogen sus cacas o bien les permiten que las hagan en la misma puerta de un establecimiento (porque el perro no se puede aguantar). O esos que llegan justo a la hora de cerrar y poco les importa si los trabajadores desean irse ya a su casa a descansar. Y hay otros que son los que humillan y menosprecian a sus colaboradores, incluso delante de los demás; los que son más listos porque han robado el aparcamiento a otro; los que no ponen el intermitente o acosan y agreden a otros conductores con su forma de conducir. En definitiva, todos aquellos «reyes» defensores de sus propios derechos, pero rebeldes de sus propias obligaciones y normas de conducta.

Pero tú —que estás leyendo esto—, también estarás harto como yo de ver comportamientos que denotan la falta de educación, respeto y consideración de muchas personas, tapándote la boca para que tu llamada de atención no genere un conflicto que degenere en males mayores para todos.

Me da mucha pena esta gente porque están tan endiosados con sus derechos y sus libertades para pasar de todo, que no tienen en cuenta sus obligaciones y no son conscientes que están construyendo rascacielos de paja que un día se les caerán encima.

Me da pena que no se den cuenta de la imagen y del ejemplo que están dando y el daño que están haciendo a sus propios hijos —del que se darán cuenta demasiado tarde—, y a todos aquellos que los ven y pueden copiar lo que nunca se debería copiar.

Volviendo al primer ejemplo de los padres en el comercio y comparándolo con el terreno profesional, me da mucha pena porque si son así con su hija, con una pequeña de unos tres años, a quien no saben controlar, dirigir y educar, ¿cómo se puede fiar uno de esa persona para darle la responsabilidad de un proyecto, de un equipo, de un buen servicio y atención a un cliente?

Esta gente no sabe ni quiere saber lo bonito que es educar, dar ejemplo, ser un referente para los hijos, marcarles normas y convertirlos en gente de bien, que un día se sientan orgullosos de sus propios padres por lo que les han enseñado y los valores que les han transmitido.

La mayoría de la gente de estos ejemplos, no saben el bien que hace sobre uno mismo el buen comportamiento humano, el respeto, la educación, el agradecimiento, así como los valores y virtudes que están ante los ojos de todos.

Me da pena porque, ¿qué va a ser de los hijos de todos ellos? ¿Cómo van a actuar en la vida con todo aquello que requiere un mínimo respeto y consideración? ¿Cómo van a poder dirigir un equipo si no saben dirigir a su niño, ni controlar a su perro? ¿Cómo van a poner orden en un proyecto si no ponen orden en su vida familiar, en su propio comportamiento y educación siguiendo las bases del respeto? ¿Cómo van a dar una buena atención y servicio a un cliente si no saben comportarse en un restaurante, en un comercio o cualquier otro establecimiento? 

Por supuesto no saben qué es la urbanidad.

Pero es que como alguien dijo: las reglas de la urbanidad y el comportamiento social han dejado de ser, en nuestros tiempos, un código riguroso e inamovible. Si optamos por vivir de manera superficial, pensando solo en nuestra comodidad y buscando permanentemente distracciones engañosas, la vida misma nos golpeará para que reaccionemos.

Nuestras obligaciones para con los hijos, la familia, las personas que nos atienden, los colaboradores, los demás conductores, en definitiva con cada uno que se cruza en nuestro camino, suponen renunciar a nuestra comodidad, a nuestro tiempo, a nuestro ocio y ponerle música a la prosa de cada día, a los sacrificios y a los quehaceres diarios, con sonrisa, amabilidad y amor en cada pequeño detalle. La diferencia está en apartar el ruido exterior, en huir de lo ordinario y convertirlo en extraordinario, poniendo una bonita música afinando las cuerdas de nuestro corazón para que nuestras acciones tengan siempre una melodía agradable.

El pasotismo generalizado, incluso con lo más importante como son los hijos, la familia, las personas, nunca puede crear buenos profesionales,  puesto que el vacío interior siempre generará engaño y falsedad  que incidirá directamente sobre la calidad de los productos y servicios, y por ende en sus resultados. Prueba evidente es la deshumanización de las empresas.

¡Qué pena que los procesos de selección solo estén dirigidos a la formación, títulos y experiencia y no hacia el comportamiento humano que es el que va a dar prestigio a la empresa, mostrando respeto, generosidad, educación, agradecimiento, ética, y urbanidad; es decir, el comportamiento acorde con los buenos modales en la comunicación, servicio y atención en cualquier gestión o negociación.

Mucho máster y mucho título, pero poca urbanidad. ¿No es una pena? Yo nunca contrataría a personajes como estos que huyen del bien hacer. ¿Y tú?

Tal vez cuando estemos frente a una persona, debamos reflexionar sobre ese importante mandamiento que dice: Amarás al prójimo como a ti mismo, y nuestro comportamiento siempre sea acorde con los mejores modales.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"