La importancia de dejar huella en tu vida
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30.03.2020
Jesús Portilla
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Es verdad, no estamos solos a pesar de las dudas, del miedo, de la impaciencia, del dolor o del desánimo. Hay que dejar que nuestro corazón sienta el abrazo del amor y de la esperanza para que todo eso que parece destruirnos nos permita tener la fortaleza para seguir nuestro camino a pesar de los obstáculos, Nos pasamos los días buscando la felicidad en absurdos sueños que se acaban en un segundo y la tenemos a nuestro lado y la rechazamos sin siquiera darla una oportunidad. No cuesta nada, es gratis. Siempre estamos acompañados. Tenemos a alguien a nuestro lado permanentemente a quien podemos consultar, hablar, pedir, rogar e incluso desahogarnos. No perdemos nada con creerlo y sí podemos ganar todo al confiar en Dios y dejarle salir de nuestro interior. Él solamente nos dice: aquí estoy, te estoy esperando, acógeme y confía en mí. Él espera siempre y no nos echa nada en cara, no nos recrimina, solo nos espera. Puede ser difícil creerlo para aquellos que no han tenido la gran suerte de que alguien les hablase de Dios, y más cuando nadies les haya hecho sentir esa paz interior de saberse protegido, querido, amado, entendido, sin pedir nada a cambio excepto dejarse querer. Es verdad que son muchos los que no han tenido esa oportunidad, pero no por eso deben rechazar la propuesta de probar. ¿Qué pierdes? Solo hay que hablar con Él: No creo en ti, nadie me ha hablado de tu existencia y todo me parece una tontería, una superstición, pero convénceme; aquí me tienes, déjame creer, ver que de verdad me amas. Dicen que tú enseñas a amar, enséñame; dicen que contigo se siente paz, házmela sentir; dicen que contigo uno se siente protegido, hazme sentir esa protección; dicen que Tú das consuelo, pues yo necesito consuelo; dicen que contigo conoceré la fuerza del amor, pues déjame conocerla. No creo en ti, no he tenido nunca ninguna evidencia de tu existencia, pero concédeme algo de lo que te estoy pidiendo para que en la oscuridad de mi vida vea un rayo de luz. Sobran las preguntas, los porqués y las dudas, porque solo cuando le dejamos actuar, el entendimiento viene a nosotros sabiendo cual es el camino, cual es nuestra misión, cual es nuestro destino y cual es la verdadera vida que nos espera. Pero para eso hay que despojarse de esa gran mochila que llevamos a la  espalda que nos confunde y nos distrae, dirigiéndonos hacia una vida engañosa que nos concede placeres que crean un gran vacío en nuestro corazón, dejando aun lado la verdadera dignidad de las personas. Nosotros tenemos una misión. Los que hemos tenido esa gran suerte de conocerle tenemos la obligación de compartirle y de hacer ver a los demás que nuestra felicidad viene de Él; que solo hay que abrir los brazos y decir: aquí me tienes, demuéstramelo. Tenemos que dar testimonio de que nuestra fe y confianza nos la ha dado Él. No estamos solos y si buscamos señales las encontraremos. Pero hay que buscarlas, hay que pedirlas, hay que saber esperarlas. Podemos estar ciegos o querer ver. Abrirlos ojos a la realidad para descubrir que dentro de esa soledad que nos ofrece esa vida fantástica e imaginaria llena de fuegos artificiales ficticios, no estamos solos. Si somos ciegos, tenemos que pedir curarnos de esa ceguera que nos permita ver y descubrir  quién es el que está junto a nosotros y nos acompañará siempre. Cuando nos pregunte, solo hace falta responderle: sí quiero. Tenemos que sacar lo mejor de cada uno y eso solo puede ser cuando se descubre el verdadero Amor. El Señor se hace esperar, se toma su tiempo, pero no defrauda. Confía en él. No podemos mantenernos sanos en un mundo enfermo. No somos autosuficientes. Necesitamos de Dios. Él se ofrece para salvarnos. ¿Vamos a atender su llamada? Muchas gracias por estar aquí y compartirlo.  "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz" "Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"
20.03.2020
Jesús Portilla
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Lo inesperado nos sorprende, nos inquieta, nos desestabiliza y crea un estado de incertidumbre que nos detiene en nuestro camino sin saber muy bien el porqué ni el cómo ni el cuando volveremos a ponernos en marcha de nuevo. No terminamos de entender que una determinada circunstancia que no habíamos tenido en cuenta, no nos permita continuar hacia nuestro objetivo y seguir con nuestra vida. No importa quiénes somos, los estudios cursados, el puesto que ocupamos o nuestro estatus social; las circunstancias y los contratiempos no se interesan por nuestro currículum antes de ponerse frente a nosotros, simplemente suceden y nos obligan a hacer ese parón en el camino, para que nosotros mismos, cada uno, lo afronte y se enfrente a lo imprevisto con los talentos y dones recibidos, que con el paso del tiempo debemos haber sembrado para crear y florecer ese fruto, ese crecimiento personal y espiritual que nos proporcione la fortaleza, el ánimo, la paciencia, la fe y la esperanza... para romper esas barreras que nos impiden continuar por ese camino que creíamos perfecto. Es cierto que no nos gusta que nada ni nadie nos interrumpa nuestro caminar por la vida. Solemos tener todo tan estudiado y tan planificado que no terminamos de asumir que la vida no la controlamos nosotros por mucho que nuestros planes lleven días y años en nuestro diario personal. No nos damos cuenta de que no somos nadie, que no podemos revelarnos ante los sucesos imprevistos,  que somos tan vulnerables que cualquier tormenta puede derrumbar nuestro castillo. Nunca podemos cambiar las circunstancias pero sí nuestra manera de actuar frente a ellas. Un parón en el camino nos invita a pensar y repensar quiénes somos, cuál es nuestra verdadera misión en la vida, qué veníamos haciendo y qué vamos a hacer. Es una nueva oportunidad para darnos cuenta de nuestra fragilidad e impotencia, ante ese drástico cambio de vida, y que se nos presenta para elegir otro rumbo o retroceder. Una nueva oportunidad para hacer aquello que no hicimos en su momento, aquello que abandonamos, aquello que no valoramos suficiente y abrazar a esas personas a las que no prestamos la debida atención o que nuestro comportamiento llegó a hacerlas daño. Un parón en el camino es también una oportunidad para dedicar tiempo a recordar y valorar lo que es verdaderamente importante; es como una pregunta que nos surge y nos invita a reflexionar sobre si pensamos seguir haciendo lo mismo o pensamos cambiar. No debemos olvidar que las adversidades, las circunstancias, los hechos y sucesos que se nos presentan son también oportunidades para crecer en el aspecto humano, para mejorar y avanzar sacando de nuestro interior la mejor versión de nosotros mismos, para compartirla con generosidad a quienes se acercan a nosotros. El miedo se apodera de nosotros ante las adversidades, haciéndose fuerte y dominante pudiendo paralizarnos. Pero vencer el miedo —como decía en un párrafo anterior—, es mostrar nuestras capacidades y nuestros dones para que lo que se nos presenta como peligroso y desconocido, haga sobresalir nuestra fortaleza y nuestra valentía para descubrir hasta dónde llega nuestra fe; es mostrar la mejor actitud para afrontar los acontecimientos; es momento de escuchar con verdadera atención transmitiendo aliento, ánimo y esperanza a todo aquel que lo necesite; es momento de recordar estas palabras: "Siempre estaré contigo. No tengas miedo". Muchas gracias por estar aquí y compartirlo.  "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz" "Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"
09.03.2020
Jesús Portilla
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¿Con quién te has ido encontrando en tu camino? Seguro que en tu día a día, como a lo largo de la vida de cada uno, nos hemos ido encontrando personas que han dejado una huella importante en nosotros. Esas personas han quedado grabadas en nuestro corazón y gracias a muchas de ellas, nuestra vida encontró sentido en el caminar, cambió de rumbo o nos permitió estudiar más a fondo las diferentes opciones hacia las importantes decisiones. Familia, amigos, compañeros, pero incluso a veces simples desconocidos que con un simple gesto, una mirada, una palabra, una frase o una opinión, han abierto nuestros ojos y han logrado que nuestro corazón latiera con mucha más fuerza porque hemos sentido acogida, comprensión, consuelo, ternura. ¡Cuántas veces uno va buscando respuestas y las obtiene de quien menos se las espera! Puede ser el panadero, esa persona que se ha sentado a tu lado en el autobús, la señora que has ayudado a cruzar la calle, ese compañero al que nunca habías dirigido la palabra o tal vez ese niño que se ha acercado a ti y te ha enseñado el dibujo que quiere regalar a su papá. Recibimos cantidad de señales y mensajes, pero también nosotros los dejamos a nuestro paso, siendo muy importante abrir bien nuestros oídos y cuidar mucho nuestras palabras, porque siempre serán huella, luz y semillas para hacer crecer aquello que tardaba en fructificar y que necesitaba ese abono particular. Las personas que se cruzan en nuestro camino no vienen por casualidad, como tampoco es casualidad que tú estés frente a ellas. Cada persona que te encuentras es una oportunidad para escuchar, para aprender, para ayudar, para animar, para aconsejar, para dar aliento, cariño o tender la mano. ¡Qué diferente enfoque tenemos de los demás, cuando hemos puesto interés en conocerlos! Las circunstancias son las mismas, pero la manera de entenderlas es muy diferente cuando sabemos los porqués. Lo vemos con esas personas que nos caían mal y que tan solo viéndolas en otro ambiente o situación, empiezan a caernos bien. Personas a las que cuestionamos y que cuando la vida nos hace ponernos en su lugar, sentimos haber ofendido o menospreciado. De ahí la importancia de aprender a comprender. No podemos volver a intentar hacerlo mejor que lo hicimos, pero sí podemos hacerlo mejor a partir de ahora. Tenemos que acercarnos a los demás porque no se puede opinar de nadie sin conocerle. La única manera de saber por qué obra de una determinada manera una persona, es acercarse y conocerle. Prejuzgamos, juzgamos y sentenciamos, sin dedicar el tiempo que merece cualquiera para entender las circunstancias de su comportamiento. ¡Qué diferente es ver las cosas desde otra perspectiva, con los ojos del otro, en el lugar del otro, con la mente del otro, procurando comprender y mirándolas con cariño. Así es la única forma de ver como son en realidad las personas que se cruzan en nuestro camino. Y es que solo se ve bien con el corazón. Hay que ver lo invisible entrando dentro de cada uno y descubriendo lo que esconde en su interior. Es necesario salir de nosotros mismos, de esos pensamientos que nos distraen o nos confunden. Cuando alguien se acerca a nosotros o nosotros nos acercamos a él, tenemos que salir de nuestro cuerpo, de nuestra mente y de nuestra comodidad para estar receptivos, despiertos, atentos y generosos, para que ese acercamiento haga fluir la grandeza que tenemos las personas para compartir nuestros nuestros dones, virtudes y conocimientos. Recuerda que cuando encuentres a alguien en tu camino puede tener un mensaje para ti o puede necesitar un mensaje tuyo, el mensaje que estaba esperando. Muchas gracias por estar aquí y compartirlo.  "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz" "Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"