La importancia de dejar huella en tu vida
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El podio de los triunfadores

 

 

 

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01.06.2024
Jesús Portilla
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Hace unos días me invitaron a dar una charla sobre mi libro Cierra el paraguas y mójate, y nuevamente me hizo reflexionar sobre lo que es mojarse, mojarse de verdad. Es decir: implicarse, expresar la opinión, significarse, defender lo justo, defender a quien lo merece... En definitiva, decidirse a pasar a la acción allá donde sea necesario. 

Por favor, permitidme que os comparta mis reflexiones:

En este libro lanzo preguntas retadoras como: ¿Qué quieres conseguir? ¿Qué debes decir? ¿Qué te impide dar el paso? ¿Cuándo vas a actuar? ¿Cuál es tu misión en el mundo?

Así como mensajes para estimular la voluntad y agitar la conciencia como: ¡Aprende a bailar bajo la lluvia! ¡No llores más y suénate los mocos! ¡No esperes, haz que suceda! ¡Haz que tu música suene! ¡Tu vida es tu legado al mundo!

Y es que como alguien decía: "la responsabilidad no tiene días libres, la responsabilidad no tiene vacaciones". 

Hay que coger al toro por los cuernos y dejar de ir como borregos por el mundo temiendo tomar una decisión, decir o hacer aquello que uno debe, a pesar de que los demás estén calladitos o no piensen actuar dejando que la injusticia, el desconocimiento, la soberbia, la ambición o el abuso de poder destruyan la verdad, la ética y el bien hacer.

No debemos poner excusas y echar la culpa a todo lo que nos rodea cuando el enemigo está en uno mismo. Si no eres parte de la solución, eres parte del problema. Debes saber que tú eres el obstáculo que hay que superar.

Llamó la atención a los asistentes, cuando puse algún vídeo sobre la determinación, la fuerza de voluntad, la constancia y el empeño de las personas discapacitadas para vencer sus dificultades. ¿Dónde ponemos nuestros límites? "La vida no es como viene sino cómo la afrontas". No se trata de cuánto tienes, sino de lo que haces con lo que tienes.

La hoguera siempre se apaga si dejas de echarle leña. Y lamentablemente los sueños desaparecen, se debilita la voluntad, se deja que piensen otros, crece la desidia, la iniciativa y la implicación; y la injusticia empieza a triunfar, destruyéndose todo aquello verdaderamente importante y que dignifica a cada uno.

Para que la vida tenga un sentido, no se puede ser un simple espectador, hay que ser protagonista. No se puede dejar que otros escriban el libro de nuestra vida. Nuestros actos y nuestras decisiones son las que escriben cada página.

Uno no tiene que ser grande para empezar, sino que tiene que empezar para ser grande. Para ser una gran persona hay que mojarse. Hay que buscar la gloria en cada momento, siendo parte de ella. La barca amarrada no puede avanzar lejos de la orilla.

Decía el Papa Francisco: "Elecciones banales conducen a una vida banal, elecciones grandes hacen grande la vida". En efecto, nosotros nos convertimos en lo que elegimos, para bien y para mal.

Las cosas no cambian, si tú no cambias. Cerrar los ojos no cambia nada.

Pero el éxito y el fracaso es muy relativo porque lo que marca la gran diferencia es: Ver si tú has colaborado en construir parte del mundo y darte cuenta si tu vida ha significado algo importante habiendo dejando huella allá por donde has pasado. 

Está bien salir de la zona de confort para prosperar, conseguir los sueños, crecer, superarse, pero hay algo más fácil y que ahora parece más difícil: 

¿QUÉ LEGADO VAMOS A DEJAR?

Tenemos que ser valientes y mojarnos: ¿Nos atrevemos a defender los valores, los principios, la ética, la honestidad, la verdad, la injusticia? ¿Evitamos las críticas, las mentiras? ¿Damos un paso al frente para escuchar, sonreír, mostrar alegría, ayudar al compañero, tenderle una mano, discernir entre lo que está bien y lo que está mal, no criticar, actuar con respeto y educación? ¿Nos esforzamos para tratar a la gente con amabilidad, hacer familia, hacer feliz a quien tienes enfrente?

PORQUE SI TÚ NO, ¿QUIÉN? El esperar que alguien lo haga puede provocar una falta de solución al problema.

PORQUE SI AHORA NO, CUÁNDO? Esperar a que deje de llover, a terminar la carrera, a tener ese ascenso, a casarme, a tener más tiempo, a que el viento se lleve las nubes, a que el año que viene sea diferente..., significa huir de la solución. Este el el momento, hoy, ahora.

¿Qué legado vas a dejar? ¿Podrá admirar alguien la huella que has dejado en el camino?

¿Cómo quisieras que te recordara tu familia, amigos, compañeros, alumnos, clientes, pacientes e incluso tus vecinos?

Por favor, NO ESPERES A QUE TE VAYA BIEN, PARA HACER EL BIEN.

¡Mójate! ¡Mójate de verdad! En la satisfacción de hacer el bien cada día se encuentra la recompensa.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

01.05.2024
Jesús Portilla
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Es una lástima ver la falta de entusiasmo en el trabajo, la queja continua y el descontento —cada vez mayor—, que te comenta uno y otro en sus diferentes sectores.

Unos, por culpas de esos líderes, jefes, responsables o encargados que alguien que no tiene dos dedos de frente ha puesto ahí porque eran baratos, les reían las gracias o bien porque otro mejor podría hacerles sombra.

Otros, porque tanto quiere ahorrar y tanto quiere ganar «la empresa», que se olvidan de pagar el conocimiento, la sabiduría, la creatividad  y la experiencia.

Y una gran mayoría, porque el ambiente que se ha creado en la empresa con tanta presión, con tanto desconocimiento, con tanto orgullo y tanto incompetente, hace insoportable aguantar un día más el pensar que los que dirigen la empresa sepan gobernar la nave sin hundirla.

Ahora no importa ser un referente, o más bien algunos se creen que ser un referente es salir en las redes sociales. Pero lo verdaderamente importante es ser una buena luz que ilumine las empresas y a cada uno de los forman parte de ella.

Hacer brillar nuestra luz para que todo el equipo salga de la oscuridad o de esa penumbra que oculta los dones y las capacidades de cada uno.

Hacer brillar la luz con el ejemplo, con la confianza, con alegría, con el interés, con la iniciativa, mostrando la calidad de un buen servicio o producto, al que todo el equipo le ha puesto amor.

Hacer brillar la luz para que impere la madurez humana que priorice a la persona, esa que siempre será la que, con su empoderamiento, haga crecer la empresa y sus resultados.

Ser la sal que dé ese maravilloso sabor que alegre el día de cada uno, para que el aroma y el ambiente que se respire contagie a unos y otros a imprimir de entusiasmo cada proyecto y se vuelva cada uno a su casa, con el regusto de la satisfacción del trabajo bien hecho y que bien merece su continuidad el día siguiente.

La sal y la luz harán florecer cualquier pequeño metro cuadrado en donde uno haya sido plantado. Los frutos siempre nacen de regar las plantas. Descuidarlas y pisotearlas solo consiguen su muerte.

Todos tenemos oro en el corazón, pero hay que escarbar y sacarlo. Todos podemos poner sal y luz en cada cosa que hacemos. Pero parece ser que ponemos todo nuestro interés en recibir, olvidando la importancia del dar, del compartir, del transmitir, de contagiar todo lo bueno que puede hacer crecer a quien tenemos enfrente.

Si conocemos mejor el camino que otros, nos incumbe la importante misión de ayudar a los demás siendo sal y luz. Tenemos el deber de preocuparnos por todos aquellos que estén a nuestro cargo, en nuestro equipo, en nuestra familia, en nuestra comunidad.

Debemos ser sal y luz para todas esas personas que vagan perdidas y sin sentido.

Tal vez te interese lo que leía el otro día: No nos damos cuenta de que nuestra existencia solo tendrá sentido en la medida que pase a formar parte de los demás, disolviéndonos en ellos. Existimos no para nosotros mismos sino para los demás. Lo nuestro es iluminar un mundo envuelto en tinieblas, totalmente desorientado,  sin saber adónde va. Un mundo que ha perdido el norte y el sentido de la vida. Lo nuestro es sazonar un mundo demasiado soso, demasiado cansado y aburrido.  Lo nuestro no es ser fuegos artificiales que deslumbran un momento y se apagan. Lo nuestro tampoco es decir cuatro chistes para entretener a los demás. Lo nuestro es descubrir en Jesús la belleza y el sentido profundo de la vida. Lo nuestro es reivindicar para los hombres y mujeres de este mundo el derecho a ser felices. «Hoy me comprometo a no pensar en mí mismo sino a pensar sólo en los demás. No me puedo permitir una vida mediocre, vulgar, vacía.  Tú sí que has sido LUZ Y SAL. Luz para alumbrar a las naciones y sal para dar sabor y alegría a todo el mundo. Haz que yo sea una pequeña lamparita encendida y un granito de sal bien sazonad» (Lectio Divina Iglesia de Aragón).

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

07.04.2024
Jesús Portilla
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Leía estos días las historias reales publicadas en el libro de María Vallejo-Nájera, «Paseando por el cielo» y me han sorprendido los testimonios que nos acercan el Cielo a la tierra, además de la alegría que ella misma transmite al contarlo.

Eso también me pasó a mí cuando fuimos de peregrinación a Lourdes, a Medjugorje y recientemente a unos Ejercicios Espirituales. Pero no es solo lo que sientes allí, sino las ganas de compartirlo con todos los que se cruzan en tu camino. Sientes que quieres ir al cielo y que te acompañen todos tus seres queridos, y por supuesto, el mundo entero.

No sé, es como cuando te paras con alguien en la calle o en el trabajo y cruzas unas palabras con él, y ves que esa persona tiene un no sé qué que te llega interiormente y que ha removido tu corazón.

Y sí, yo quiero ir al cielo, porque yo sí creo. Creo en Dios, creo en Jesucristo, creo en su Resurrección y creo en la vida eterna, porque todo ello da sentido a mi vida.

Para mí lo que está claro es que la felicidad no está aquí, alrededor de tanta ambición, soberbia, egoísmo y maldad, y sí la veo en multitud de personas que entregan su vida a los demás y llevan el amor por delante en todo lo que hacen.

Por supuesto respeto las creencias de cada uno, pero para el que quiera informarse, ya no hay dudas sobre la existencia de Dios por la cantidad de científicos que se han convertido al ver las evidencias en sus investigaciones. Ya hay multitud de libros que documentan perfectamente su existencia, como por ejemplo el libro de José Carlos González-Hurtado: «Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios» o «Dios, La ciencia, Las Pruebas » de Michel-Yves Bolloré y Olivier Bonnassies.

Y yo, quiero ir al cielo, porque independientemente de lo que opine cada uno, yo me siento bien con este camino emprendido y siento una gran satisfacción personal cuando hago el bien. Cosa que no me pasa al contrario. Y tan solo por eso, merece la pena ese caminar hacia el cielo poniendo el bien hacer, la alegría, la sonrisa, la escucha y el amor en todo y en todos los que uno pueda. 

Me encanta ver cuando he hecho feliz a alguien con un simple acto, con un saludo, con unas palabras, con una mirada, con una pequeña ayuda, con un pequeño interés por su persona. Y me emociona y toca mi corazón cuando es otro el que se acerca a mí y me «despierta o recoloca» simplemente con unas palabras o con su testimonio.

Algo tiene que significar para cada uno que los actos de amor; esos que ha defendido y defiende Jesús, sean portadores de felicidad.

Algo tiene que decirnos esos comportamientos que vemos a nuestro alrededor y que provocan ansiedad, desánimo, vacío, tristeza, insomnio, estrés...; tanto en el aspecto laboral, como en el social y familiar.

Yo quiero ir al cielo. No quiero ser causante de ese mal que está padeciendo el mundo y de esa grave enfermedad que parece extenderse y que alguno llama «cardio-esclerosis» (endurecimiento del corazón) o que todos la sentimos como una gran deshumanización.

Yo quiero ir al cielo. Sé que me tocará revelarme contra muchos de los pensamientos, decisiones y acciones que hoy en día se emprenden sin considerar las consecuencias, porque ya forman parte de lo normal o cotidiano. Pero también sé que adoptar esa actitud que ahora predomina, a mí no me hace feliz. 

Esos segundos de felicidad o falsa alegría que algunos reciben con sus actos de una u otra índole, son estimulantes momentáneos que cada vez agrandan ese vacío interior conduciendo al precipicio.

Y es que, aunque no existiera nada de aquello en lo que yo creo, los momentos en los que humildemente he podido hacer feliz a alguien, habrían merecido la pena. El hacer daño, el humillar, el explotar, el abusar, el maltratar, nunca podrán competir con la felicidad de hacer el bien.

Tenemos aquí un pequeño cielo en la tierra que nos anuncia cada día la grandeza que nos espera, viendo la belleza y grandiosidad que nos rodea: ese perfume de la multitud de flores y árboles, las montañas, los ríos, los mares, la majestuosidad del universo con la multitud de estrellas y la infinitud de vida perfecta que nos rodea, allá donde miremos y allá donde caminemos, así como esas maravillosas personas que tienen ese no sé qué, que tú también deseas para ti.

Yo no me quiero perder el cielo. Yo quiero ir al cielo con el bien hacer en el trabajo, con ejercer mi responsabilidad como trabajador, como jefe, como compañero, como esposo, como padre, como abuelo, como amigo. 

Yo quiero ir al cielo compartiendo alegría, amistad, entusiasmo, afán de servicio, conocimientos, experiencia, ideas, iniciativa, responsabilidad; haciendo del bien hacer mi máxima diaria, sacando lo mejor de mí cada día, procurando ponerlo al servicio de los demás.

Quiero contagiar lo que he visto, lo que he sentido y lo que siento, porque es maravilloso llenar de alegría los corazones y hacerlos resucitar a la verdadera vida.

Hay que desmundanizarse y brillar como personas allá donde estemos. Tenemos que transmitir luz. Una luz que ilumine los caminos y aparte esa oscuridad que no deja ver el verdadero sentido de la vida. 

Tenemos que transmitir esa alegría que no se puede contener y se tiene necesidad de comunicar, de compartir y de contagiar.

Yo quiero ir al cielo. ¿Me acompañas?

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"