La importancia de dejar huella en tu vida
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09.09.2020
Jesús Portilla
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Hoy, con el permiso de José Iribas, autor del blog Dame tres minutos, os comparto este excelente artículo suyo sobre la importancia de ser buenas personas.

Desde Beethoven a Howard Gardner: sobre las buenas personas:

Lo dijo Ludwig van Beethoven: ‘No conozco ningún otro signo de superioridad que la bondad’. ¡Qué bien suena!

Y hoy lo cantan a coro en las redes sociales (incluso en las profesionales, como LinkedIn):

‘Es importante ser inteligente, tener talento, títulos; y ser buen líder; pero… más importante es ser buena persona’.

Y la gente, venga a compartir, a recomendar o a darle a ‘me gusta’. Y no, no es simplemente que haya calado en nosotros el espíritu navideño; que ojalá también; y que dure, y dure, y dure: como aquellas pilas…

La gente lo aplaude porque es algo de sentido común: las mejores herramientas -como la inteligencia- son magníficas… si las empleas para un buen fin; si no, pueden ser terribles. O simplemente estériles, si es por un egoísta interés. Por ello, ya nos advertía François de La Rochefoucauld que ‘no se debe juzgar a un hombre por sus cualidades, sino por el uso que hace de ellas’.

Nuestra sociedad necesita que tú y aquél… y yo cultivemos y hagamos buen uso de las cualidades que se nos hayan dado. Y que pulamos (lijemos, cepillemos o hasta cincelemos -ojalá-) nuestros defectos. O, al menos, que los tengamos siempre en off. Que ya nos prevenía un profesor del IESE: ‘Si te sale un colaborador perverso, pídele a Dios que te salga vago, porque como te salga activo, te hunde’ (enlace).

La inteligencia, títulos, cargos, etc., están bien como medio; pero no son lo primordial. Tratar de ser una buena persona, aunque haya que trabajarlo -lo que vale, cuesta- es esencial. Y no me refiero a que seamos lo que comúnmente se denomina unos benditos. Aludo a ser hombres o mujeres de bien.

A veces, se nos invita a admirar como ‘referentes’ a personajes mediáticos, famosos -por decir algo-, con popularidad, poder o incluso con determinadas cualidades… que no destacan, precisamente, por ser benéficos… ¡Ojo con los que quieren ‘hacer caja’ -y no solo económica- con esas estrategias! Ellos también pueden ser inteligentes, o poderosos… pero les falta algo esencial: unos cuantos gramos de bondad. Y tú no puedes ser un canelo ante determinados cantos de sirena.

Hay que reivindicar, sin complejos, la bondad 

Eso no es ser un un blandito: es más, en no pocas ocasiones exige su dosis de esfuerzo y hasta de coraje. ¡Qué te voy a contar!

Sí, ya sé que a veces puedes encontrar como respuesta inicial a tu bonhomía la bofetada; o la ingratitud; o el silencio; al menos de tejas abajo.

Hemos empezado con Beethoven. Déjame traer ahora a colación a John Lennon: ‘Cuando hagas algo noble y hermoso y nadie se dé cuenta, no estés triste. El amanecer es un bello espectáculo y sin embargo la mayor parte de la audiencia duerme todavía…’.

Te lo confieso: leer en LinkedIn eso de que lo más importante es ser buena persona me encantó. Estoy un poco hartito de que algunos crean que para ‘triunfar’ (¿merece la pena una ‘victoria’ así?) haya que ser un killer. Y pisar, machacar o patear a los demás. O aplicar aquello de Groucho Marx: ‘Estos son mis principios. Pero si no les gustan, tengo otros’.

Todo esto que te cuento me trae a la memoria una entrevista a Howard Gardner

Sí, hombre, sí; la que le hicieron a este neurocientífico, autor de la teoría de las inteligencias múltiples, profesor de Harvard, etc. Te la recomiendo vivamente (enlace).

En ella, el también Premio Príncipe de Asturias, que de tonto no tiene un pelo (y mira que peina canas), sentenciaba: ‘Una mala persona no llega nunca a ser un buen profesional’.

Gardner señala cómo en un momento dado empezó a preguntarse ‘por la ética de la inteligencia y por qué personas consideradas triunfadoras y geniales en la política, las finanzas, la ciencia, la medicina u otros campos hacían cosas malas para todos y, a menudo, ni siquiera buenas para ellas mismas’. Y añade: ‘En realidad, las malas personas no pueden ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes… Lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre ECE: excelentes, comprometidos y éticos… No alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia. Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética… Sin principios éticos puedes llegar a ser rico, sí, o técnicamente bueno, pero no excelente’.

Gardner tiene razón. Toda la razón.

Déjame que te traiga a unos cuantos ‘famosos’ de diversa época y perfil para reforzar sus tesis:

Theodore Isaac Rubin aseveraba que ser bondadoso es más importante que ser sabio, y entender esto es el principio de la sabiduría.

Pío Baroja escribía: ‘No me admira el ingenio, porque se ve que hay muchos hombres ingeniosos en el mundo. Tampoco me asombra que haya gente con memoria, por grande y portentosa que sea, ni que haya calculadores; lo que más me asombra es la bondad, y esto lo digo sin el menor asomo de hipocresía’.

José Antonio Marina señala que ‘la mayor creación de la inteligencia es la bondad’.

Santiago Álvarez de Mon pone en cuarentena el concepto de liderazgo. Defiende uno auténtico frente a los carismáticos, maquiavélicos o paternalistas: he intentado, afirma, despojar de contenido la palabra líder -etérea y tramposa- y reivindicar la palabra persona, profunda y real. Te recomiendo su libro ‘El mito del líder’. Te gustará.

Podría seguir tecleando… pero por el bien, propio y ajeno, por la convivencia familiar -y por la razón que tiene-, concluyo con esta de Marco Aurelio: ‘No discutas acerca de si puede existir en el mundo un ser humano bueno y recto: urge que tú lo seas’.

A por ello: que suena bien… ¡Y no solo en Navidad!

Mi agradecimiento y felicitación a José Iribas por su excelente artículo.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

24.08.2020
Jesús Portilla
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¿Es posible unir el poder y la gloria? Ojalá que esta reflexión te pueda ayudar en tu respuesta.¡Qué pena tener poder pero ser odiado! ¡Qué pena tener poder, éxito y dinero y ser temido! ¡Qué pena tener poder para regalar felicidad a cada paso y estar lleno de soberbia! ¡Qué pena tener el poder de poder hacer y mejorar lo mejorable y no hacer nada. He conocido a algunos de esos pobres ejemplares que han pasado cerca de los equipos productivos y han sentido miradas de desprecio. ¡Qué triste! ¿No?Pero lo bueno, aquello en lo que debemos fijarnos, el gran referente, es que también he conocido a personas con poder que en su paso humilde por delante de la gente, han sentido miradas de alegría, de felicidad, de agradecimiento... ¿No es eso maravilloso? ¿No es grandioso que la gente vea y participe de los frutos que las buenas semillas han ido dejando en su camino hacia la gloria?Porque de verdad, hay personas que tienen el poder de poder hacer y lo utilizan mirando a quien tienen frente a ellos pensando en poder ayudarlo o beneficiarlo con sus acciones. Es decir, con ese poder de poder hacer lo mejor posible ante todos aquellos con los que se cruzan. esa gente tiene muy presente la frase de la Madre Teresa de Calcuta (Santa hoy): No dejes que nadie se acerque a ti sin que al irse se sienta mejor y más feliz.¿Tan difícil es? ¿Tan difícil es utilizar el poder que tenemos cada uno para hacer cosas —unas más grandes y otras más pequeñas—, para enfocarlo en el bien, en la justicia, en la bondad, en la escucha, en la generosidad y en definitiva, en el amor?La vida no es poder y tener, o mejor dicho, en la vida puedes tener poder y haber reunido cantidad de bienes, pero no eres nada si has olvidado ante todo ser; demostrar quién eres con todo aquello que has recibido; compartir, poner a disposición de los demás; engrandecer a todo aquel que se cruce en tu camino; regalar tu sonrisa y sacarle la suya; abrir tu corazón y hacer vibrar el suyo aportándole felicidad.Y es que el problema no está en tener poder, que puede ser fantástico para crear y hacer un mundo mejor, sino en el mal uso de ese poder o el dañino y lamentable abuso de poder. Es totalmente lícito querer tener poder, pero siempre que se utilice para el bien común.Hay personas a las que Dios ha regalado una gran sabiduría e inteligencia, pero cuando esos dones, cualidades y capacidades son mal llevados, conducen directamente al fracaso humano.Preguntaba al principio si es posible unir el poder y la gloria. Seguro que hay diferentes opiniones al respecto, pero para mí, no solo es posible sino obligatorio. Alguien que tiene poder no tiene excusas para conseguir la gloria. Lo tiene más fácil que nadie. El tener poder faculta para poder hacer, ¿y qué mejor que poder hacer felices a los demás? Si todos tenemos la facultad de poder hacer el bien, ¿cuánto más pueden hacer aquellos que además pueden sumarle todo tipo de recursos para llegar donde los demás no podemos?Pero esa gloria no se puede conseguir sin humildad, sin generosidad, sin amor al prójimo. Los verdaderos triunfadores siempre han sido un ejemplo de humildad.Afortunadamente, todavía existen personas que saben que el poder, el dinero o el nivel socio económico no es lo más importante en la vida. Hay ricos y poderosos que han dado y dan ejemplo dejando una gran huella que emana luz a su paso. Hay ricos y poderosos con alma y corazón que dan sentido a su vida cuidando y mejorando la vida de los demás.En el mundo de la empresa parece ser que hay algunos ejemplos: Manoj Bhargava nos hace reflexionar sobre su filosofía: Si quieres cambiar el mundo, piensa en qué necesitan y cómo puedes ayudar a quienes tienen menos. Haz que lo tengas que hacer y después utiliza ese éxito para cambiar la realidad de los más necesitados. Si quieres cambiar el mundo, empieza por mirar lo que tienes (no solo el dinero, sino también tu tiempo, tus habilidades, tus fortalezas y tus debilidades) y luego mira a quienes tienen menos. Piensa qué necesitan y cómo puedes ayudarlos.Este empresario y filántropo multimillonario, asegura que generar beneficios es también una opción válida, si el destino es el correcto. Haz que lo tengas que hacer y después utiliza ese éxito para cambiar la realidad de los más necesitados. Henry Ford se hizo rico duplicando el salario a sus empleados, con lo que consiguió reducir el absentismo al mínimo, aumentó la productividad hasta el 70% y los beneficios crecieron un 20%, posicionándose como el fabricante de automóviles número uno. Su acto de generosidad se convirtió en una excelente inversión. Affinity Petcare. Entre las señas de identidad que transmiten las prácticas de esta compañía, está la humildad y la solidaridad entre empleados, el fomento de la superación, el amor por los animales, el espíritu innovador que impregna a cada uno de sus empleados las ganas de desarrollar grandes ideas, aprender continuamente y reciclarse profesionalmente cada día.SquareSpace. Empresa dedicada al diseño web, destaca por la elegancia e intuición en todos sus proyectos. Que todas sus críticas sean positivas no es casualidad. Tiene una jerarquía plana, donde no hay —o hay muy pocos— niveles entre los empleados y la dirección. Un entorno repleto de profesionales que están encantados y motivados de formar parte de SquareSpace. Sienten que su opinión cuenta y confían plenamente en la empresa, aumentando así su rendimiento.Por supuesto no puedo ignorar que existen multitud de otras empresas, empresarios y gente de bien de donde podríamos sacar ejemplos. Creo que lo importante de mis humildes palabras, está en hacer una reflexión para saber utilizar nuestro poder —el que cada uno tenga— para cambiar este mundo, empezando por nosotros mismos poniendo nuestros dones y capacidades al servicio de los demás. Y aunque el fin no sea conseguir la gloria, nuestra vida tendrá un claro sentido que nos hará sentir orgullosos hasta de esa mínima acción generosa que haya salido de nuestro corazón.Es maravilloso tener el poder de poder hacer y lo bueno es que todos podemos. Sería una pena que pudiendo, no lo hagamos cada día. Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"
03.08.2020
Jesús Portilla
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Hay gente que confunde la prudencia con quedar bien y el dar la cara con la imprudencia. Muchas veces hemos escuchado esta recomendación: "conviene ser prudentes, callarse, no decir nada". Pero, ¿de verdad conviene practicar ese tipo de "prudencia"? La prudencia se define como la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con cautela, respetando los sentimientos, la vida y las libertades de las demás personas, pero también es la cualidad de comunicarse con un lenguaje claro, cuidadoso y acertado; con sensatez, con moderación y reflexión.La prudencia es una virtud que nos debe hacer discernir lo justo y lo injusto, transmitiéndolo así a los demás.Como decía, la prudencia es el arte de la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con moderación. Pero debe imperar la actuación justa. Y esto es lo que no se entiende bien creyendo que la prudencia significa simplemente quedar bien: quedar bien con la familia, con los amigos, con los compañeros, con los jefes...Utilizar la prudencia para quedar bien, es simplemente una acto de hipocresía y de falsedad que confunde adornando opiniones, decisiones o acciones, conduciéndolas por el camino del error con la adulación y el engañoso y cobarde aplauso.Ser prudente no quiere decir que te calles todo, sino que obres con tacto para hacer el menor daño posible. Las cosas hay que decirlas porque son la única manera de cambiar, de mejorar o de corregir errores. Se hace un flaco favor con callar, con reír las gracias o con reservarnos la opinión, una opinión que puede fastidiar a unos pero reconocer o valorar a otros. Hay que ser honesto, sincero, responsable y valiente.Dar la cara no va en contra de la prudencia siempre que se adopte el tono, la actitud adecuada y el tacto para decir lo que hay que decir, manteniendo la verdad aunque la misma pueda pasarte factura.Dar la cara, siendo un "imprudente" y aceptando esa posible factura, es lo que se necesita para corregir, cambiar o mejorar todo aquello que no está bien y nadie se atreve a poner en entredicho por cobardía.La excusa está en boca de muchos: "Es que lo mismo se ofende y después no me habla, es que lo mismo me despiden, es que lo mismo me mira mal, es que lo mismo deja de ayudarme, es que lo mismo..." O sea que su falsa prudencia es solo por interés propio. Esa prudencia ni aporta, ni mejora, ni cambia, ni construye nada; más bien confunde porque hace creer lo que no es y por lo tanto nunca ayuda a mejorar nada ni a nadie.A ninguno nos gusta que nos llamen la atención o que nos quiten la razón pero, ¿cómo vamos a crecer o a entender aquello en lo que estamos equivocados si los que están cerca se callan por "prudentes" y miran para otro lado? Nunca puede ser prudente actuar así simplemente por quedar bien. La prudencia mal entendida se convierte en imprudencia por tener miedo a dar la cara.Lo que sí conviene siempre es cuidar lo que se va a decir, cuidar las maneras, el tono y las palabras, porque ahí si tiene que imperar la verdadera prudencia.Yo he pecado de imprudente muchas veces dando la cara y no por haber dicho lo que tenía que decir, sino porque mi rabia o mi indignación ante lo que veía o escuchaba me ha hecho perder el control, el tono y el tacto. Sí, me acuso de ello, me ha pasado factura con unos y otros, pero de lo único que me arrepiento es de que mi tono pudiera no haber sido el más correcto. Sin embargo, creo que siempre he procurado la verdad, hablando claro, sin tapujos y queriendo una solución, un cambio o una mejora en el hecho en cuestión que nunca se podría conseguir con esa falsa prudencia.Nunca son buenas las medias tintas porque no aclaran nada. ¿Cómo vamos a crecer si por no ofendernos no nos dicen la verdad? Al pan, pan y al vino, vino. Las medias tintas no conducen a nada bueno. Es mejor poner los puntos sobre las íes. La verdad es como es, no se puede disfrazar, porque por querer ayudar a algunos y que no se alteren, se perjudica a otros ocultando su razón.Lo que muchas veces parece políticamente correcto, no es lo correcto. No hay que decir solo lo que uno quiere escuchar, sino lo que debe escuchar y por lo tanto saber, dándose cuenta de sus errores siendo por tanto la única forma de estimular para cambiar.Unos pecan porque se callan y otros pecamos porque no nos callamos. ¿Tú quién crees que hace más daño?Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"