La importancia de dejar huella en tu vida
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El podio de los triunfadores

 

 

 

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26.06.2019
Jesús Portilla
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¿Qué tendrá el poder que tanto atrae a las personas? Es un virus que se contagia y entra en nuestros cuerpos como un veneno y que puede circular por nuestras venas destruyendo todas las supuestas bondades que consigue esa «gran autoridad», pudiendo desviarnos del camino hacia la ansiada tranquilidad y felicidad propia y de quiénes nos rodean. Ese fantástico poder puede ser tan malo, que incluso nos haga pensar que hemos triunfado en la vida después de apartar todo aquellos bienes que nos parecían obstáculos y que nos desviaban de la meta. Este poder es como una enfermedad grave y contagiosa pero que genera mentira, orgullo, egoísmo, soberbia, rencor, venganza y ambición, confundiendo a todo aquel que se aprovecha de él, con ese falso triunfo y ese falso éxito, llevándole hacia una insatisfacción propia de un corazón vacío. El poder no aporta valor alguno si no es para engrandecer a las personas, si no tiene un verdadero afán de servicio, si no aporta enseñanza y crecimiento, si está falto de ilusión, motivación y entusiasmo, si no es generoso, si no es atento, si no es amable, si no se detiene a escuchar a los demás, si se aparta de la bondad y del bien hacer o si deja de lado al corazón en sus acciones. En una entrevista reciente que le hicieron a Rafael Nadal, reconociendo su fantástica trayectoria profesional, resumió sus triunfos con una sola y potente frase que debiera permanecer en cada uno de los despachos de políticos, empresarios y ejecutivos que ostentan el poder ante grandes, medianos y pequeños equipos: El éxito personal es mucho más potente que el éxito profesional. ¿De qué nos puede servir el éxito profesional, si fracasamos como personas? Es una pena que actualmente haya tantos profesionales dotados de fantásticos dones, cualidades y capacidades, que fracasan cada día como personas ejerciendo su poder, priorizando el prestigio y el dinero, menospreciando el bienestar, la felicidad, la alegría, la ilusión y el entusiasmo de todo aquel que tienen por debajo o incluso a su lado. Como decía antes, el poder no aporta valor si no es para engrandecer a las personas, porque solamente cuando se engrandece a las personas uno se engrandece. Tal vez te estén ofreciendo ese puesto de dirección, ese puesto que te dará un gran poder, pero ten cuidado con esa droga que ponen ante tus ojos y plantéate algunas preguntas: ¿Cómo vas a utilizar ese poder? ¿Te va a cambiar? ¿Lo utilizarás para el bien común? ¿Podrás mantener mantener la moral, la ética y los valores humanos? ¿Afectará a tu vida familiar? ¿Será solo para ganar más dinero o será para mejorar y hacer crecer todo lo que tienes a tu alrededor incluyendo a la personas? Piénsalo bien porque si va a destruir todos tus principios no debieras aceptar. La enfermedad del poder, la droga del poder, se apropiará de ti y tu corazón morirá. No puedes dejar que el veneno del poder mal utilizado inunde tu cuerpo. Cuando uno tiene poder, tiene «el poder» de poder hacer y resolver todo aquello que ha visto en su camino que iba contra la justicia, la ética, el respeto, el entusiasmo, la motivación, la ilusión, el conocimiento, el crecimiento… He conocido a personas que tenían mucho poder y que solamente hablando con ellas te dabas cuenta que ese triunfo y ese éxito era un engaño, porque habían fracasado como personas y que claramente se reflejaba en la amargura escondida de su satisfacción y falsa sonrisa. He conocido a personas que tenían mucho poder y que sus acciones, sus palabras, su dedicación, su tiempo de escucha e interés por cada uno de los que integraban sus equipos, reflejaban claramente su éxito personal; éxito que era reconocido y aplaudido por todos, profesionalmente, socialmente y familiarmente. Yo prefiero triunfar como persona. ¿Y tú? El poder es como una droga que consume al que lo posee creando una fuerte adicción, que nubla la vista y los sentidos sin ver el daño que hace a su alrededor, dejando de importar lo verdaderamente importante. La «euforia» y el «subidón» que produce, aparta a las personas de su camino provocando desprecio y un cambio de concepto sobre lo bueno y lo malo, llegando a apartar incluso a la familia y a todo aquel que podría desintoxicarle. La droga del poder es tan potente que el corazón deja de sentir. Tal vez te pueda interesar: Todo se puede entrenar (Toni Nadal) Líder 007 con licencia para mandar (Jesús Portilla) El poder de la humildad Se necesitan empresas con corazón Siempre que piensas en bondad, tú ganas Muchas gracias por estar aquí y compartirlo.  "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz" "Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"
11.06.2019
Jesús Portilla
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Últimamente, rara es la vez que no hable con alguien y me cuente lo poco contento que está con su trabajo. Me da pena escuchar a unos y otros decir que trabajan porque no hay más remedio y que no sienten ninguna ilusión por lo que hacen sino que lo hacen por simple obligación. Esto me hace pensar en cuando éramos niños y el profesor de turno daba la lección, ciñéndose al programa, como un mero autómata, pero sin hacernos comprender aquello que quería que nos aprendiésemos y sin hacernos sentir ninguna ilusión por investigar o entender esa supuesta materia que era tan importante para nuestra cultura. Pero lo mismo pasaba con aquel entrenador que solo chillaba, daba órdenes y humillaba a cualquiera delante de todos sin ponerle la ilusión y entusiasmo a ese deporte y a la importancia de luchar en equipo por un mismo objetivo. O ese padre que pretendía enseñar con el látigo y nunca se detenía en dar un abrazo y cariño a su hijo. Y ahora todo esto lo ves en las empresas, en esos altos ejecutivos que no han aprendido la importancia de ilusionar a sus equipos con el proyecto en cuestión y siguen creyendo que la productividad y la rentabilidad se consigue «machacando» a sus colaboradores, volviendo a la mera explotación (sueldos, horarios, presión, amenazas, trato inhumano...). No saben, no han aprendido o no quieren aprender, con gran soberbia por su parte, eso de que se consigue más con miel que con hiel. Cuando existe ilusión, existe un motivo para seguir caminando a pesar de las grandes distancias. ¿Cuántos retos y hazañas se han conseguido poniendo ilusión? Cuando existe ilusión se sabe lo más importante: es decir, el qué y el para qué. Lo que hace que nuestro trabajo tenga un sentido. La distinción entre el pasado, el presente y el futuro es solo una obstinadamente persistente ilusión.-Albert Einstein. Pero cuando no existe esa ilusión, no se sabe dónde vamos. La acción requiere el velo de la ilusión.-Friedrich Nietzsche. ¿Y cuál será el resultado de la acción si no existe la ilusión? No te desprendas de tus ilusiones. Cuando se hayan ido, es posible que aún existas, pero habrás dejado de vivir.-Mark Twain. Y es que en el momento que cualquier empeño no se dota de la ilusión necesaria no se entiende su fin. He descubierto en la vida que hay formas de llegar a casi cualquier lugar al que quieras ir, si realmente quieres ir.-Langston Hughes. Porque hay que querer ir y solo se consigue si se pone ilusión, lo demás será una mera obligación impuesta. He aprendido que los milagros se llaman milagros porque son presenciados por aquellos que pueden ver a través de las ilusiones de la vida.-Susy Kassern. Esa es la importancia de hacer ver a los demás que el objetivo es posible. Se empieza a envejecer cuando se pierde la ilusión.- Anónimo. O tal vez, desaparece la iniciativa, la imaginación, la implicación y las ganas de dar un paso detrás de otro, cuando se pierde la ilusión. El talento es necesario, pero sin ilusión no se puede llegar realmente lejos. Fernando Trujillo Sanz. ¿Y no es lo que se pretende en el mundo laboral y ante los muchos avances que se necesitan en la investigación? Las ilusiones no se marchitan, porque no son flores, sino semillas.- Anónimo. Y esas semillas son las que dan frutos. Creando y manteniendo la ilusión, siempre hay una mejor escucha, un mejor diálogo, un mejor entendimiento, una mayor disposición, un mejor actitud, una mayor implicación, una mayor responsabilidad, unos mejores resultados, una mayor felicidad. No podemos dejar que se pierda la ilusión porque es el engranaje que hace crecer el mundo. Curiosamente cuando estaba terminando este artículo, escuché la entrevista concedida a EFE por Rafael Nadal, tras ganar doce veces el Torneo de Roland Garros. Este gran deportista es un gran ejemplo que demuestra el verdadero fondo contenido en este artículo y que deja claro con sus palabras: El éxito personal es mucho más potente que el éxito profesional. Porque el éxito personal de cada una de las personas que componen un equipo es el que consigue el éxito profesional. Hay que tener ilusión y pasión, sobre todo ante las dificultades o los grandes retos y cuando lo más sencillo sería dejar de tenerlas.  Te hacen salir de los momentos difíciles y a uno le hacen fuerte y le ayudan de cara al futuro a ver las cosas con una nueva ilusión y una perspectiva más positiva.  Rafael Nadal es un gran ejemplo, el gran influencer que se necesita, porque sabe decir no y sabe decir sí, con sus decisiones, con su comportamiento, con su generosidad, con su testimonio y con sus valores humanos; con la forma de tratar la soberbia y el egoísmo descubriendo ante todos la ilusión y la pasión con el gran poder de la humildad y la sencillez. Muchas gracias por estar aquí y compartirlo.  "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz" "Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"
28.05.2019
Jesús Portilla
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Tenemos en nuestro interior un instrumento que puede llenar de música todo lugar por donde pasemos y a todos aquellos con los que nos crucemos. Las mejores notas musicales pueden salir de él y llenar de una fantástica melodía nuestro día a día. Un instrumento que puede transmitir alegría, ilusión, entusiasmo, felicidad y amor, y que va siempre con nosotros esperando salir al exterior y hacer brotar las fuentes de la vida. Llevamos la mejor orquesta en nuestro interior, con todos y cada uno de los instrumentos, capaces de convertir con sus notas musicales la tristeza en alegría, el odio en amor, la ofensa en perdón... Todo está en nuestro corazón, un corazón que debemos educar, cuidar y vigilar, porque de él brotan las fuentes de la vida y no solo de nuestra vida, sino de la vida de todo aquel que tenemos enfrente. Dice Mario Alonso Puig: cuando el corazón se enciende, la cabeza sigue el ritmo; es la fuerza transformadora del amor, todo nuestro talento reside en nuestro corazón; el corazón es donde están nuestros valores, los valores que dan referencia a nuestras acciones, los valores que son nuestro faro. Ese gran faro que puede iluminar no solo nuestro camino, sino como decía en el párrafo anterior, el de todo aquel con quien nos cruzamos. No podemos morirnos con nuestra música dentro. El corazón es fuente que vivifica todas las acciones. Es urgente recuperar los valores, esos valores que nos hacen más humanos. El amor: abandonar el egoísmo y procurar la felicidad de los demás. La bondad: ese deseo de hacer el bien. La generosidad: compartiendo nuestros bienes, nuestros dones, nuestros conocimientos. La paciencia: saber esperar a que las semillas plantadas den su fruto. La tolerancia: escuchar, entender y ponerse en el lugar del otro. La gratitud: aceptando lo que recibimos y se nos ofrece, reconociendo su valor. El perdón: olvidando rencores y resentimientos, reconociendo también nuestras culpas. La humildad: aprendiendo a ser sencillos sin buscar la alabanza y el reconocimiento. La sinceridad: convivir y relacionarse sin intenciones ocultas. La responsabilidad: poniendo en el lugar que les corresponde a nuestros deberes, compromisos y obligaciones. Es urgente recuperar los valores. Nuestro corazón tiene esa maravillosa música en su interior. Tiene una fuerza que transforma esos valores en alegría para compartir. No te mueras con la música dentro. Muchas gracias por estar aquí y compartirlo.  "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz" "Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"