La importancia de dejar huella en tu vida
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03.08.2020
Jesús Portilla
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Hay gente que confunde la prudencia con quedar bien y el dar la cara con la imprudencia. Muchas veces hemos escuchado esta recomendación: "conviene ser prudentes, callarse, no decir nada". Pero, ¿de verdad conviene practicar ese tipo de "prudencia"? La prudencia se define como la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con cautela, respetando los sentimientos, la vida y las libertades de las demás personas, pero también es la cualidad de comunicarse con un lenguaje claro, cuidadoso y acertado; con sensatez, con moderación y reflexión.La prudencia es una virtud que nos debe hacer discernir lo justo y lo injusto, transmitiéndolo así a los demás.Como decía, la prudencia es el arte de la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con moderación. Pero debe imperar la actuación justa. Y esto es lo que no se entiende bien creyendo que la prudencia significa simplemente quedar bien: quedar bien con la familia, con los amigos, con los compañeros, con los jefes...Utilizar la prudencia para quedar bien, es simplemente una acto de hipocresía y de falsedad que confunde adornando opiniones, decisiones o acciones, conduciéndolas por el camino del error con la adulación y el engañoso y cobarde aplauso.Ser prudente no quiere decir que te calles todo, sino que obres con tacto para hacer el menor daño posible. Las cosas hay que decirlas porque son la única manera de cambiar, de mejorar o de corregir errores. Se hace un flaco favor con callar, con reír las gracias o con reservarnos la opinión, una opinión que puede fastidiar a unos pero reconocer o valorar a otros. Hay que ser honesto, sincero, responsable y valiente.Dar la cara no va en contra de la prudencia siempre que se adopte el tono, la actitud adecuada y el tacto para decir lo que hay que decir, manteniendo la verdad aunque la misma pueda pasarte factura.Dar la cara, siendo un "imprudente" y aceptando esa posible factura, es lo que se necesita para corregir, cambiar o mejorar todo aquello que no está bien y nadie se atreve a poner en entredicho por cobardía.La excusa está en boca de muchos: "Es que lo mismo se ofende y después no me habla, es que lo mismo me despiden, es que lo mismo me mira mal, es que lo mismo deja de ayudarme, es que lo mismo..." O sea que su falsa prudencia es solo por interés propio. Esa prudencia ni aporta, ni mejora, ni cambia, ni construye nada; más bien confunde porque hace creer lo que no es y por lo tanto nunca ayuda a mejorar nada ni a nadie.A ninguno nos gusta que nos llamen la atención o que nos quiten la razón pero, ¿cómo vamos a crecer o a entender aquello en lo que estamos equivocados si los que están cerca se callan por "prudentes" y miran para otro lado? Nunca puede ser prudente actuar así simplemente por quedar bien. La prudencia mal entendida se convierte en imprudencia por tener miedo a dar la cara.Lo que sí conviene siempre es cuidar lo que se va a decir, cuidar las maneras, el tono y las palabras, porque ahí si tiene que imperar la verdadera prudencia.Yo he pecado de imprudente muchas veces dando la cara y no por haber dicho lo que tenía que decir, sino porque mi rabia o mi indignación ante lo que veía o escuchaba me ha hecho perder el control, el tono y el tacto. Sí, me acuso de ello, me ha pasado factura con unos y otros, pero de lo único que me arrepiento es de que mi tono pudiera no haber sido el más correcto. Sin embargo, creo que siempre he procurado la verdad, hablando claro, sin tapujos y queriendo una solución, un cambio o una mejora en el hecho en cuestión que nunca se podría conseguir con esa falsa prudencia.Nunca son buenas las medias tintas porque no aclaran nada. ¿Cómo vamos a crecer si por no ofendernos no nos dicen la verdad? Al pan, pan y al vino, vino. Las medias tintas no conducen a nada bueno. Es mejor poner los puntos sobre las íes. La verdad es como es, no se puede disfrazar, porque por querer ayudar a algunos y que no se alteren, se perjudica a otros ocultando su razón.Lo que muchas veces parece políticamente correcto, no es lo correcto. No hay que decir solo lo que uno quiere escuchar, sino lo que debe escuchar y por lo tanto saber, dándose cuenta de sus errores siendo por tanto la única forma de estimular para cambiar.Unos pecan porque se callan y otros pecamos porque no nos callamos. ¿Tú quién crees que hace más daño?Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"
03.07.2020
Jesús Portilla
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Hay tantas cosas a las que no damos importancia en nuestro paso por la vida y en nuestra relación con las personas, que vamos restando valor a su práctica aun siendo el verdadero sentido para compartir amor y alegría con los demás.Lo gratis y lo más simple, parece por este mismo motivo superfluo, fácil, inconsistente, de poco mérito o mínima calidad. Estamos tan poco acostumbrados a recibir algo que se da con el corazón, que cuando sucede descubrimos lo grande que puede ser algo muy simple.Una simple palabra, en el momento adecuado puede transmitir o aportar el ánimo, la fortaleza, el consuelo o la idea que uno estaba esperando. Pero siempre sé impecable con tus palabras y cuida siempre cómo lo dices.Un gesto o un detalle, un gesto de amor humano generoso, sincero, feliz, puede significar lo mucho que uno aprecia a una persona, lo mucho que le valora, lo mucho que le importa su felicidad, lo mucho que le ama.Un favor, un signo de generosidad que facilita el momento, el día, el trabajo, esa situación que se le va  a alguien de las manos por falta de recursos, de conocimiento, de tiempo.Un rato de escucha, es algo que siempre llena de agradecimiento a quien se tiene enfrente, haciéndole sentir apreciado, querido, valorado, comprendido. Un poco de aliento, es el soplo, la fuerza, el ánimo o la motivación que puede necesitar todo aquel ante el miedo, la indecisión, la falta de valentía y que le impide actuar, reaccionar o dar un paso.Unas gotas de humor, una sonrisa, regalar alegría, pueden ser la luz que necesita alguien para ver más claro lo que solo parece oscuridad.El agradecimiento, tan fácil y tan simple, reconoce el esfuerzo, el tiempo, la acción, el trabajo, la ayuda prestada y motiva dando un gran significado a todo aquello que se hace cuando ha aportado un valor.La generosidad, abre nuestro corazón a poner nuestros dones, cualidades y conocimientos al servicio de los demás, convirtiendo eso que pensamos como simple, en algo grande o muy grande.Una mirada sincera, puede hacer conectar a las personas sintiéndolas en nuestro interior y participando incluso en sus sentimientos más profundos, engrandeciendo el alma.Compartir los conocimientos, capacidades y experiencias, es un gesto de servicio humilde y generoso que facilita la labor, corrige errores, sitúa en el camino correcto, aporta nuevas ideas o perfecciona un trabajo, ganando tiempo y consiguiendo mejores resultados.El simple y cordial saludo, (hola, buenos días, buenas tardes), permite entrar en contacto con quien tenemos enfrente, abriendo el diálogo, mostrando afabilidad, simpatía, educación, facilitando el trato y la relación.Decir lo siento, pedir disculpas, perdón, dar la razón, engrandece nuestra humildad y aporta un gran valor humano al reconocer nuestras faltas y errores ante los demás.Pedir algo por favor y con una sonrisa, es abrir con amabilidad y cortesía la concesión de cualquier petición o necesidad. Qué puedo hacer por ti, es un acto generoso de entrega ofreciendo nuestro tiempo, nuestros conocimientos y nuestros contactos para una ayuda desinteresada.Dar un abrazo, es conectar, es sentir, es formar unidad, es mostrar amor, cariño, protección y consuelo para que nadie se sienta solo.Una simple llamada, muestra el interés que tienes por alguien, por su salud, por su familia, por su trabajo, por su vida. Es mostrar ese afecto que cuando no se tiene a alguien cerca, se siente con la voz, con la palabra, con la conversación.Decir un "te quiero", es la imprescindible magia que expresa el amor que tenemos hacia un ser querido, un familiar, un amigo, para que pueda sentir que nuestro corazón late con fuerza a su lado o en incluso la distancia.A lo largo de la vida hay muchas personas que te puedes perder, si no abres los ojos y los ves, los escuchas, los abrazas, los sientes y no pones tu corazón a bombear amor y alegría regalándote a ti mismo con tus dones y capacidades.Pensamos que las pequeñas cosas no tienen importancia, las damos como no necesarias o sabidas y precisamente de pequeñas cosas es como se llega siempre a construir lo que importa y lo que es verdaderamente grande.Por eso nunca debemos de olvidarnos de lo simple, porque lo que es simple o pequeño casi siempre se convierte en algo grande y magnífico.Como nos dice Cipri Quintás en esta entrevista de Anne Igartiburu: no te olvides nunca de compartir lo bueno.Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"
El comportamiento humano y sus consecuencias son un problema de educación, un problema que no da valor a los principios fundamentales y que destruye la familia como órgano que mantiene la estabilidad y felicidad en el mundo.Pero yo no soy ningún profesional de la educación, más bien escribo este artículo desde mi humilde experiencia como hijo, padre y abuelo, viendo y padeciendo cómo crece actualmente la deshumanización en los diferentes ámbitos de nuestra vida.Ya digo que no soy nadie importante, pero en mi corto entender, si queremos un mundo mejor se necesita una buena educación con la cual crearemos mejores personas, que a su vez se convertirán en mejores trabajadores, jefes, empresarios, dirigentes, gobernantes...Hoy parece que el problema de educar a los hijos se excusa y se relega con la falta de tiempo debida al sistema laboral actual, pero hay que tener muy claro que el trabajo no exime de la obligación de ejercer como padre y de la responsabilidad que conlleva.Lavarse las manos en ejercer esa obligación, da como resultado todo aquello por lo que ahora nos quejamos y sufrimos sobre el comportamiento humano. Pero el esfuerzo siempre es recompensado y la buena educación lo requiere.La educación no empieza cuando nuestro hijo monta en bicicleta,  la educación empieza en el mismo embarazo porque ya nos está escuchando y está sintiendo nuestra atención, nuestro cariño, nuestra protección, así como el amor de los padres y su propio comportamiento. La educación de los hijos, no es cosa de los colegios como algunos equivocadamente pueden pensar.La educación tiene que ser un todo, es decir, un educar hoy, mañana y siempre ya que nuestros hijos lo serán siempre, tengan la edad que tengan, porque siempre tendremos la obligación de querer, apoyar, animar, aconsejar e incluso regañar o corregir si la situación lo requiere.¿Cómo se debiera educar? No sé, mi mujer y yo no estudiamos un máster específico, sino más bien pusimos mucho amor en la educación y la verdad es que nos sentimos muy orgullosos de nuestros hijos, por eso, tal vez estos pequeños recordatorios o consejos puedan ser válidos en ese difícil pero necesario camino de la educación para hacer un mundo mejor:Educar amando. Nuestros hijos tienen que sentirse queridos y eso no significa consentir, permitir y regalar para suplir el afecto y el cariño. Cuando uno ama, nuestra mirada, nuestro corazón y nuestra alma lo expresa y lo hace sentir sin necesidad de caprichos que intentan comprar la falta de amor. Educar amando es amar siempre. Nuestros hijos tienen que sentirse amados, solo así entenderán nuestras enseñanzas, nuestras normas, consejos y correcciones.Educar en las normas. Las normas existen en todo y para todo y como tal tienen que entenderlas y aceptarlas desde las edades más tempranas. La adolescencia siempre será mejor si mucho antes se han seguido unas normas.Educar en el respeto. Nunca se entenderá el valor del respeto si desde pequeños no se les hace ver y practicar en su propia existencia, en sus propias cosas y en las de los demás.Educar corrigiendo. Corregir no es cuestión de edad, es cuestión de enseñar lo que no está bien se tenga la edad que se tenga. (Pintar paredes se debe corregir aunque el niño tenga un año, así como humillar a una persona aunque se tengan treinta años. Reír las gracias nunca educa).Educar compartiendo. Cuanto más se dedique tiempo a la enseñanza del compartir, crearemos menos personas egoístas y más generosas.Educar en la austeridad. Controlando el gasto, el consumismo, la importancia de la conformidad y la aceptación, el valor de dinero y su buen uso...Educar sin consentir. Conseguir paz y tranquilidad a base de consentir, será lo que provoque la falta de paz e intranquilidad en edades más avanzadas.Educar en las pantallas. Planificar y controlar su uso. Los padres deben saber lo que el hijo ve, cuando lo ve y cuánto ve.Educar en la comunicación. Escuchar, atender y dialogar es la única manera de conocer a nuestros hijos y que nos conozcan con nuestra opinión y experiencia. (Comer y cenar juntos sin televisión, ni móviles, potencia la comunicación y el buen diálogo).Educar en la alegría. Creando un buen clima y ambiente familiar, participando en juegos, actividades y deportes, disfrutando, procurando el buen humor y celebrando los momentos felices viendo siempre lo bueno de las personas y de la vida. (La participación en familia forma la unidad).Educar estando presente. Es importante que el padre y la madre procuren estar en cada momento y que los hijos sientan su presencia, su protección y apoyo. No se puede educar en la distancia. El no estar nunca provoca el desapego y rompe la unidad familiar.Educar motivando y alentando. Todos necesitamos el reconocimiento del esfuerzo a pesar de los errores y tropiezos. Errores y tropiezos que por otro lado siempre harán crecer para superar las dificultades.Educar aconsejando ahora, después y siempre. Como repito una y otra vez, no importa la edad de nuestros hijos, siempre seremos sus padres y siempre deberemos aportar conocimientos y experiencias en su caminar.Educar en la humildad. Nadie es mejor ni superior a nadie. Siempre se puede aprender de quien tiene uno delante, sea quien sea. El poder de la humildad es esa gran virtud del ser humano contraria a la soberbia que sirve para reconocer las propias debilidades, cualidades y capacidades, y aprovecharlas en las relaciones con los demás, poniendo lo mejor de uno mismo y sacando los mejores valores de quien se tiene enfrente.Educar esperando y confiando. La educación es un proceso y como cualquier proceso requiere de perseverancia, espera y confianza sin desfallecer. La semillas bien plantadas siempre dan su fruto.Educar aunque duela. Y duele muchas veces porque el trabajo, el esfuerzo y el aprendizaje de nuestros hijos nos hace sufrir y puede llevarnos a ser condescendientes, permisivos o transigentes, cosa que perjudicará su crecimiento y su fortaleza para enfrentarse a las dificultades de la vida. Educar dando ejemplo y estando unida la pareja sin desautorizarse. De nada sirve marcar una ruta y pretender un camino si los padres no van por delante unidos y marcando el ritmo.Educar en el fracaso. Van a existir errores, tropiezos, dificultades y fracasos que siempre serán los que enseñen a llegar al éxito y a la meta. Los caminos de la vida no son fáciles y requieren un buen entrenamiento y fortaleza.Educar en valores y virtudes. Para saber discernir, para saber elegir, para aprender a dar, para actuar con bondad, con ética y moral; para contagiar alegría, para ser prudentes, justos y humildes; para saber perdonar y pedir perdón. Educar en la fe, en el amor de Dios y de la Virgen. Procurando no dejarles conformarse con disfrutar del mundo cuando pueden aspirar a disfrutar del cielo. "Pudiendo tener el mar, no te conformes con un charco".Y mucho más que cada uno podrá añadir a lo aquí expuesto, para que de verdad nuestros hijos mejoren ese maravilloso mundo que se nos ha dado, y sobresalga el alma y el corazón que cada persona lleva en su interior.Educando hoy, mañana y siempre cambiaremos el mundo. ¿Te apuntas?Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"