La importancia de dejar huella en tu vida
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24.01.2023
Jesús Portilla
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Escuchaba el otro día cómo una chica contaba que su jefa le había invitado a comer y el apuro que sentía al no tener demasiada confianza. Desconocía sus creencias, ella estaba acostumbrada a bendecir la mesa y no sabía cómo iba a reaccionar. La sorpresa fue cuando la misma jefa se puso a bendecirla, sin ningún reparo, mostrando sus satisfacción al ver que su empleada correspondía con su bendición.

¿Qué haríamos la mayoría ante una situación parecida? ¿Cómo dar a conocer tus creencias ante tus compañeros, jefes e incluso clientes? ¿Por qué tanto miedo o apuro?

No soy nadie para responder a las preguntas que surgen y que con toda seguridad, muchos de los que estáis frente a estas líneas podríais contestar con mucha más sabiduría y profundidad, pero voy a intentarlo.

¿Por qué sentimos miedo a proclamar nuestras creencias o nuestra fe? ¿Acaso es malo o hace daño a alguien que yo diga que soy católico practicante, que suelo ir a misa todos los días y que intento poner a Dios en el centro de mi vida? ¿No puede ser que mi mirada, mis palabras o mi acción sea lo que se necesite en ese preciso momento?

Pues sí, desde un tiempo a esta parte, suelo ir a misa todos los días a primera hora de la mañana, y la verdad es que cada vez disfruto más del silencio, de la tranquilidad, de la paz y de ese cariño que recibo allí, de rodillas o sentado. Es como que recargo las pilas para el resto del día. Me detengo bastante en lo que hago y dejo de hacer, y en cómo ha cambiado el mundo; en lo que hemos ganado, pero también en todo lo que hemos perdido con todo aquello que nos han vendido para alcanzar la «felicidad».

El problema es que si uno no vive como piensa, al final uno termina pensando como vive. Se llega a la autojustificación.

En mi pensamiento, allí, de rodillas, retorno al pasado y me encantaría volver a ver a las personas recuperar la fe, la esperanza, dejar el egoísmo y mirar por quien tenemos al lado.

Entonces, en el silencio, es cuando me pongo a pensar en el asesor, consejero y amigo que tengo frente a mi y que tan buenos consejos me ha dado, tanto a nivel personal, como a nivel profesional, y me da pena que no se beneficien los demás de lo mismo que a mí me ha ido y me va tan bien, gracias a que mis padres me educaron en el cristianismo.

¿Por qué publicar contenido católico en una red profesional? 

Porque si a mí me ha hecho tanto bien tener a Dios conmigo en mi trabajo, con mis jefes, con mis compañeros, con mis clientes, ¿por qué no va hacer bien a los demás?

Me acuerdo de cantidad de conflictos laborales y reuniones en las que esperaba determinadas conclusiones que no me iban a gustar, y sin embargo, salía de esa reunión lleno de satisfacción por el resultado de la misma.

Muchas veces una pequeña oración basta.

También me acuerdo de cantidad de asuntos personales y familiares que me abrumaban y necesitaban de ese consejo, apoyo y solución, viendo que paso a paso todo iba resolviéndose.

Es cierto que uno espera que todo sea inmediato, no tiene paciencia y se desespera porque ese asesor, consejero y amigo no responde. Yo os puedo asegurar, por experiencia propia, que responde, y la mayoría de las veces con soluciones mejores que las que creía necesitar.

Seguro que amigos, compañeros y desconocidos que de vez en cuando leen mis «cosas», pensaran que ya no se lleva eso de ser tan raro como yo, ir a misa, hablar de Dios, de los valores, de lo importante que es dejar huella y demás historias, pero ante tanta palabrería que existe hoy, ¿no sería bueno probar con aquello que desde niños nos han intentado transmitir?

¡Es tan fácil probar! Solo hay que arrodillarse, mirar al cielo y decir: Yo no creo, pero me gustaría conocerte. Tengo tal o cual problema en el trabajo, en la familia, ¿puedes ayudarme?

Son cosas difíciles de explicar y difíciles de entender. Pero es como todo, cuanto más estudias matemáticas, más las comprendes. 

Es difícil entender la alegría de un católico, pero viene de lo que siente en su interior; de la satisfacción de saber que su vida tiene un sentido, y que esta vida es el camino y la preparación para la verdadera vida. 

Algunos sufren grandes problemas, dolores, injusticias, pero son ejemplos de sosiego, esperanza, aceptación y lucha, sin quejas ni desesperación. Respiran paz. Saben que Dios nunca les abandonará.

Cuando me pongo a pensar en la cantidad de cosas que me ha concedido Dios en mi vida, no tengo suficientes palabras de agradecimiento. Solamente con la familia que me ha dado, me ha mostrado su maravillosa bondad y generosidad. ¡Ha sido un gran regalazo!

¡Tenemos la obligación de contagiar nuestra alegría, de compartir el don de la fe, de poner luz donde pueda haber oscuridad! ¡Tenemos que alimentar la esperanza!

No podemos convencer a nadie sino con el ejemplo. Ese ejemplo que algunas veces solo es el silencio, la humildad, la defensa de los valores, la defensa de la vida, el compartir nuestros conocimientos, el ánimo y la esperanza ante las adversidades, la paz y la armonía ante los conflictos, ese tiempo tan valioso ante el que necesita ser escuchado, o el maravilloso consuelo con el que sufre.

Decía San Agustín: «Una persona que no arde, no puede incendiar».

¿Por qué tenemos tanto miedo de decir a nuestros amigos y compañeros que somos católicos? Si nosotros nos sentimos felices, ¿no es nuestra obligación compartirlo? Tal vez, solo sabiendo que tienen un verdadero amigo a su lado, les haga pensar en que todo eso que promulgamos pueda ser cierto y les llene mucho más que aquello que conocen o han conocido hasta ahora y que les produce un cierto vacío.

¿Cuándo vamos a dejar nuestros complejos a un lado? Los cristianos debemos ponernos delante del mundo sin complejos. El mundo nos necesita. 

Yo no soy nadie, soy un católico tibio, al que le queda mucho camino que andar. Seguro que muchos de los que leáis estas líneas podríais contar experiencias impresionantes de fe.

¿Y por qué debemos de dar a conocer nuestra fe?

Decía Chesterton que «la única manera de saber si uno está vivo es nadar contra corriente, porque si se nada a favor de la corriente no sabe si está vivo o es que le están arrastrando sin más». 

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

12.01.2023
Jesús Portilla
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¡Qué absurdo postureo! 

Parece que pocos se dan cuenta de que la luz de los fuegos artificiales solo dura hasta que descienden sus destellos y se apagan.

Vivimos en un mundo de apariencias, de los selfies, de esa ropa estrafalaria o incluso trasparente para llamar la atención ante una cámara. Estamos en la época del parecer más que del ser. Uno no es importante si no sale en Instagram, Tik Tok o tienes un canal en YouTube, cuando lo verdaderamente importante es ser uno mismo sin importar lo que los demás puedan opinar.

Cuando se tiene personalidad, no hace falta aparentar nada porque lo que cuenta es la verdad, no la mentira o el adorno. El envoltorio siempre tapa lo que hay dentro y lo que hay dentro es lo que merece la pena.

Y es que lo importante es que no haya fraude, simulación o engaño. Tiene que ser lo que es, algo real y sin filtros, retoques o cambios de color o de fondo. Es una pena que en casi todo reine la manipulación para falsearlo con apariencias.

Parece que la sonrisa de uno solamente está ligada a si se le ocurre la idea de hacer un selfie en tal o cual postura. Eso sí, hay que subirla a las redes para que conste que uno "irradia felicidad", después de haber pasado la imagen por mil y un filtros. 

Este es el absurdo postureo que casi todos aplauden y muchos consienten, como una cosa más que atonta cada vez a más gente.

Como dice el autor del audio que adjunto y de quien copio alguna de sus frases: «los mayores errores de mi vida los he cometido por tratar de impresionar a quien no debía». Parece que uno no tiene el valor de vivir la vida sin preocuparse de lo dicen, ven o esperan los demás de nosotros mismos.

¿Es necesario todo esto para la fama y el reconocimiento o basta con la personalidad de cada uno y simplemente el bien hacer? Tenemos un gran problema de humildad.

Es absurdo tratar de impresionar o de ganar la aprobación de los demás, cuando solo a Uno le importa lo que decimos y hacemos.

La opinión de los demás, lo que dicen de nosotros es precisamente lo que nos hace más daño, lo que más nos duele. ¡Cuánto importa la fiebre de la popularidad! Solo Una es la aprobación más importante y la que tendría que preocuparnos. Lo demás, las famosas apariencias, producen fuegos artificiales que siempre se apagan.

Fuegos artificiales también en los medios de comunicación, con titulares sensacionalistas que inducen a leer noticias supuestamente terribles, escandalosas, espectaculares, que después de muchas líneas terminan siendo una mera anécdota, comentario o recomendación simple y que podría hacer cualquiera sin ser periodista.

A quien hace y es como tiene que ser en cada momento, le sobran las palabras, los envoltorios, la música estridente y las luces de neón, porque ya demuestra en silencio quién es sin pregones, sin disfraces, sin esos fuegos artificiales del exhibicionismo y sin cacareos propios de gallos o gallinas que solo quieren llamar la atención.

Solo se descubre cómo eres en realidad cuando se te ve tratar a las personas, cuando te piden responsabilidades, cuando te enfrentas a alguna adversidad, cuando tienes que dar ejemplo. En definitiva, solo se descubre cómo eres, cuando verdaderamente no tienes que parecer, sino ser.

Deberíamos preocuparnos más de ser y no de parecer, buscando siempre y en cada ocasión aquello que no es fugaz.

https://www.youtube.com/watch?v=CJDsPp_OYrM

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"
12.12.2022
Jesús Portilla
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En esta época de tantos gurús, blogueros, youtubers e influencers, en la que tantos siguen consejos, reflexiones y opiniones basadas en la credibilidad que le otorgan sus muchos seguidores, ¿por qué no desviar nuestra atención hacia Aquel que con más de mil millones de seguidores ha sido y es el mayor Influencer del mundo? Aquel que lo cambió todo sin miedo a enfrentarse con los más poderosos. Aquel que puso de moda el amor, la misericordia, la bondad, la humildad, el perdón, la generosidad... 

Vivimos una época en la que no nos damos cuenta de los valores que nos aporta este Influencer y hacemos caso a demasiada palabrería que aporta poco o nada a nuestra vida, a nuestro crecimiento y a nuestros problemas; reconociendo, no obstante, el buen testimonio que algunos otros nos regalan con sus dones y la inspiración recibida.

Cierto es que seguir a este Influencer puede ser más aburrido y requiera más esfuerzo que esa vida fácil, divertida, llena de libertades equivocadas, sin privaciones, y que pretenden conducir a esa felicidad que conduce al abatimiento, al vacío y al sin sentido. Pero esa elección y ese camino «aburrido» que hemos decidido algunos, nos colma de alegría y satisfacción dándonos fuerzas para levantarnos cuando caemos, y ánimo para volver a encontrar la verdadera ruta cuando nos desviamos o cuando las señales del día a día pretenden confundirnos. Nos ayuda y nos da confianza cuando el miedo, las dudas, las tempestades, los tropiezos y las enfermedades se cruzan en nuestro camino.

Es cierto que muchos han sufrido experiencias que les han llevado al desencanto, pero no nos damos cuenta que precisamente esos desencantos vienen por la falta de confianza y por la renuncia al tratamiento necesario para curar nuestros males. Cualquier dolencia o enfermedad requiere de una medicación apropiada durante un tiempo establecido para que nuestro cuerpo vuelva a fortalecerse, y no nos damos cuenta que lo mismo pasa con nuestra alma, que deja de funcionar cuando no se la cuida.

El mayor Influencer del mundo nos aconseja el mejor tratamiento para la felicidad, que se basa simplemente en el amor y todo lo que ello conlleva. Pero esto sufre el rechazo de tantos porque eso no conduce al éxito, al dinero, al placer y al prestigio, provocando privaciones a las que no se está dispuesto a renunciar, creyendo encontrar la inmediata pero falsa felicidad.

El mundo rechaza el alma cuando en nuestro alma está la conciencia sobre el bien y el mal, olvidando los verdaderos valores humanos: la bondad, la generosidad, la humildad, el amor, el corazón, la esperanza, la responsabilidad, el perdón, la ética, la moral... El alma es lo que nos distingue como persona. En el alma se encuentran nuestros sentimientos, nuestras cualidades, nuestras pasiones, nuestro modo de pensar y actuar. El alma compone nuestro verdadero ser.

Es una pena que en este tiempo de escuchar a tantos que nos pueden confundir, y a esos pocos que sí merecen un aplauso al dejarnos un buen testimonio, olvidemos a quien nos da una receta tan sencilla como despertar nuestra conciencia y dedicarnos a hacer el bien para obtener la verdadera felicidad.

Hace falta saber elegir a quién debemos escuchar, para descubrir que en ese caminar por la vida no estamos solos.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"