La importancia de dejar huella en tu vida
La importancia de dejar huella en tu vida
 

Accede directamente al blog en este enlace:

El podio de los triunfadores

 

 

 

Aquí tienes las últimas entradas

 

 

19.08.2026
Jesús Portilla
Ningún comentario

Me comentaba el otro día una persona, la satisfacción del trabajo bien hecho después de un día complicado. Uno no sabe quién está mirando cuando trabaja bien y da un buen servicio, hasta que alguien te para, te felicita y te da las gracias por tu bien hacer.

¡Qué sensación tan maravillosa! ¿Verdad? ¡Qué bien se siente uno cuando hace el bien!

¡Qué bien se siente uno cuando trabaja, ayuda, colabora y dirige a bien!

Cuando uno hace el bien, no solo disfruta, sino que se olvida de sus propios problemas.

¿No nos conmueve y toca el corazón cuando vemos a alguien tener un gesto entrañable?

Vale la pena ver la mirada, la sonrisa y la muestra de agradecimiento cuando has tenido un momento de bondad o detalle con alguien.

Puede haber sido un día complicado, pero la satisfacción del trabajo bien hecho, lo supera todo.

Hay personas que se cruzan en nuestra vida y a su vez nosotros nos cruzamos en la de otros. ¿Por qué no aprovechar ese momento para hacer lo que hay que hacer?

Ninguno estábamos allí por casualidad. ¿Eso no nos hace pensar por qué y para qué?

Nadie disfruta haciendo el mal, porque después de ese rato de supuesto triunfo por haber "gozado" destruyendo aquello o a quienes se cruzan en su camino, viene el gran vacío interior que va rompiendo el corazón.

Siempre duele hacer el mal, porque va destruyendo tu corazón. Sin embargo, nunca duele hacer el bien porque ves que tu corazón te va haciendo crecer en el amor y la felicidad.

¿Nos damos cuenta de las heridas que causamos cuando hacemos el mal y el beneficio que proporcionamos cuando hacemos el bien?

Si miramos atrás, nos podemos preguntar: ¿Cuánto bien he dejado de hacer cuando pasé de largo, cuando no le escuché, cuando necesitaban cariño y no lo di, cuando necesitaban ayuda y miré para otro lado?

¿Es igual la ansiedad, el desasosiego y la mala conciencia, que la paz interior?

Es duro dejar pasar la vida sin haber sembrado una buena semilla.

Es verdad que hay mucha cizaña en el mundo, pero hay mucho más trigo. Lo que pasa es que el mal hace mucho ruido y el bien es silencioso. La semilla del bien crece sola en el silencio del corazón.

No dejemos que sea la cizaña la que crezca en nuestro corazón, sino la buena semilla. Rechacemos la cizaña que el mundo pretende mantener al lado del trigo.

Nadie somos trigo limpio, también guardamos cizaña en nuestro interior. Mucha capacidad de bien, pero también de mal. Tenemos que hacer que los brotes del bien maduren y sobresalgan. Vencer el mal de cada día a fuerza de bien.

¡Y qué importante es sentir! Cuando uno no siente, no le importa nada de lo que hace ni de lo que ocurre con lo que hace. Cuando uno no siente, el corazón está muerto.

¡Qué importante es hablar de Dios sin pronunciar su nombre! En nuestra forma de actuar, en nuestra mirada, en nuestra sonrisa, en nuestra alegría, en nuestra palabra. Un gracias, un desear buen día, una felicitación por el servicio recibido.

"No hables de Dios a quien no te pregunta, pero vive de tal manera que te quieran preguntar por él" (San Francisco de Sales).

"En la familia, el amor vale más que las cosas. En la amistad, la lealtad vale más que el interés. En el trabajo, la conciencia vale más que el beneficio. En la sociedad, el bien común vale más que el egoísmo" (Diego Ángel Moreno Mialdea).

El río que se estanca y no fluye, huele mal. No dejemos que se estanque.

Es muy bonito pasar por la vida con una mirada limpia, tratando de descubrir el bien que hay en cada una de las personas. Por lo demás, yo me conformo con ser esa pequeña lamparita que alumbra en la noche del mundo.

"Es bueno entonces, repasar el propio pasado para recordar esas cosas que nos hacen sonreír, esas acciones importantes que han brotado de nosotros, esas cosas positivas que logramos hacer o decir, esos momentos que nos hacen sentir que valía la pena nacer." (Mons. Víctor Manuel Fernández)

Frente a la actitud de los enemigos que disfrutan haciendo el mal, Jesús disfruta “haciendo el bien”. Y no sólo hace el bien, sino que el bien “lo hace muy bien”. “No grita, no vocifera”, no quiere aplausos ni alabanzas, sino “la complacencia del Padre en el silencio” ( Raúl Romero López). 

Muchas veces el milagro que se desea eres tú.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

13.07.2026
Jesús Portilla
Ningún comentario

Me encantaría que mucha gente con la que me he cruzado en mi vida tuviera un buen recuerdo mío.

Sería fantástico pensar que uno ha ido por el mundo haciendo el bien, siendo un don para los demás, habiendo estado cuando nos han necesitado.

En nuestro trabajo, con nuestros compañeros, con los clientes, con la gente de la calle, con nuestra familia, con todo aquel que necesita que se le escuche, con quien necesitaba un abrazo...

Y surgen muchas preguntas: ¿Cuántas veces hemos huido de nuestras responsabilidades? ¿Cuántas veces hemos sido conscientes de cosas que estaban mal y no hemos hecho nada por cambiarlas?

Al final no es solo que haya mal en el mundo, sino que haya hombres buenos que no hagan nada. Esta es una variante de lo que dijo Edmund Burke y que tanto se aplica ahora, porque los buenos siguen sin hacer nada.

El mundo no puede cambiar si nosotros no cambiamos. 

¿Pero por qué tengo que cambiar yo si son los demás quienes lo hacen mal?

Porque todos podemos hacer algo más de lo que hacemos.

La solución está en poner un poquito de corazón a la vida. Ser un don para los demás.

"De la abundancia del corazón, habla la boca" (Lc 6:45).

El problema es que ahora no hay corazón. Ha desaparecido.

Leía el otro día una pregunta que muchos se hacen ahora: 

¿Cuánto valgo?

¿Pero de qué depende tu valor?

¿De lo guapo o feo que seas, de la edad que tengas, de tus capacidades, de tus éxitos profesionales o laborales, del dinero que tienes, de la opinión que otros tengan sobre ti, de lo que te aplaudan, del número de seguidores en tus redes sociales?

¿De verdad podemos pensar  que nuestro nombre puede figurar en el libro de la vida eligiendo esas prioridades?

En ocasiones hay que elegir entre merecer que pongan tu nombre a una calle o merecer que escriban tu nombre en el libro de la Vida. Yo, prefiero lo segundo.

Decía el Papa León XIV (13-02-2026):

"Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz".

Seguro que así, pondríamos un poquito de corazón a la vida.

Vencer el mal con el bien es la consigna divina.

Salir cargado con buena semilla y sembrar. Con una buena semilla capaz de cambiar el mundo. 

No debemos cansarnos nunca de sembrar, ni de darlo todo por perdido.

Hay que sembrar aunque se fracase, porque ningún fracaso es inútil; más bien es una enseñanza para aprender.

Lo importante es no salirse del camino; y si lo hacemos, volver a él, porque si no, estamos perdidos.

¿Nos atrevemos a mantener este propósito?:

Empeñarnos en hacer un poco más felices a las personas con quienes nos vamos a encontrar en este día. Que saquemos fuerzas para no cansarnos nunca de hacer el bien a nuestros hermanos y quitar de ellos todo lo que les haga sufrir. Que estando con nosotros, la vida se les haga un poco más fácil y placentera. 

¿Nos damos cuenta que solo nos van a juzgar por el amor que hemos dado?

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

05.04.2026
Jesús Portilla
Ningún comentario

¡¡¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!!

Me siento muy afortunado y feliz de haber seguido a Dios durante 70 años, pero muchos se preguntarán el porqué de mi felicidad y aquí respondo a esa pregunta resumiendo lo que son tantos y tantos porqués.

En primer lugar diré que todo se lo debo a mis padres que me iniciaron en ese camino cristiano regalándome el sacramento del Bautismo, la Comunión y la Confirmación. Mi profundo agradecimiento para ellos ya todos quienes se han cruzado en mi camino para transmitirme la Fe.

Mi primer porqué viene cuando siendo un bebé y los médicos me daban por desahuciado, sin embargo Dios quiso que viviera para que el plan de vida que tenía para mí, se cumpliera. 

A partir de ahí los porqué se fueron acumulando:

Porque aunque muchas veces me he podido haber sentido abandonado, Él ha estado ahí confortándome y demostrándome que no estaba solo nunca. Mi experiencia de muchos años, me ha enseñado a saber que Dios está ahí, aunque no le veamos.

Porque a pesar de que no me he librado de problemas, adversidades y sufrimientos, siempre he recibido la fortaleza para soportarlos e incluso llegar a entenderlos más tarde. 

La Fe no te libra de los problemas pero te los hace vivir de otra manera.

Porque a pesar de que muchos de mis sueños no se han cumplido, he descubierto al cabo de los años que los planes de Dios siempre son mejores.

Él es quien sopla, alienta e invita, y no tiene prisa, porque maneja los tiempos.

Porque me ha hecho descubrir la potente arma que es el Rosario para vencer. No acostumbraba a rezarlo, pero ahora me siento desprotegido y falto de alegría sino lo rezo a diario.

Porque ha hecho que la sonrisa vaya siempre conmigo procurando la alegría del de enfrente, apartando de mí la queja y buscando el lado bueno o simplemente la aceptación.

Porque ha procurado y procura que aliente lo bueno en los demás sembrando palabras de ánimo y esperanza.

Porque a pesar de mis defectos, de mis ofensas, mi desconfianza, mis errores y desplantes, me siento amado por Él.

Porque me ha hecho ver que debo poner en sus manos mis miedos. Su frase más repetida es "no tengáis miedo". Si Dios conmigo, ¿quién contra mí?

Porque necesito a Dios para tener vida dentro. Cuando me aparto de Él pierdo la paz, me encuentro vacío, tengo un gran desasosiego.

Porque Él me ha enseñado a ser sal de la tierra e intentar dejar el mundo un poco mejor de como lo he encontrado, compartiendo mis dones, mis capacidades, mi sonrisa...

Porque con su luz, me guía y me orienta sobre lo que es hacer el bien y lo que es hacer el mal, sacando lo mejor de mí.

Porque me ha enseñado a ver que el hombre no vale por lo que tiene, sino por lo que es. 

¿De qué nos sirve ganar el mundo si perdemos el alma?

Porque me ha hecho reconocer el gran trabajo y los enormes servicios que ha hecho la iglesia en favor de la humanidad durante tantos siglos.

Porque a pesar de que me podía haber desviado de la Fe con tantos otros falsos dioses que te presenta la vida, la misma ha ido creciendo poco a poco y espero que siga creciendo.

Porque Él es el que me ha enseñado que la verdadera felicidad está en dar, no en recibir. ¡Qué alegría se siente al hacer feliz a alguien!

Porque es el único que te ofrece la luz cuando llegas a la oscuridad reparando tu corazón cuando está roto.

Porque cuando en muchas ocasiones sentía que me ahogaba y me invadía la incertidumbre y el desasosiego, he tenido la gran suerte de que Dios me ha ido tendiendo su mano para acoger mis problemas y angustias.

La Fe reconforta y protege del miedo. Es la mejor medicina ante cualquier sufrimiento.

Porque poco a poco me ha ido importando más lo que piensa Dios de mí, que lo que pueden pensar los demás. 

Dios es el único juez justo y capaz de juzgar.

Porque me ha enseñado a defender la verdad y la justicia ante los que, por intereses propios o por miedo a las represalias, dejaban que se cometiera la infamia o la sinrazón, siendo más cómodo el silencio o la mentira.

Porque he descubierto que Dios me escucha y me habla. Puede no ser en ese momento que yo deseo, pero Él utiliza cualquier medio para dar respuesta a nuestras preguntas.

Porque me ha enseñado la importancia de la familia y la gran felicidad que proporciona. Me ha dado una mujer, unos hijos, y unos nietos maravillosos y además me ha enseñado a poner a mi familia en primer lugar, ayudándome a ser un buen marido, un buen padre, un buen abuelo, cuidando de todos y estando siempre cuando hay que estar... Me ha llevado a procurar dejarles lecciones de vida y a transmitirles la importancia de dejar huella en todo aquello que uno hace.

Porque además, veo a Dios en mi mujer, en mis hijos, en personas que se han cruzado y se cruzan en mi camino; como aquel maravilloso sacerdote que nos dirigió durante muchos años. Eso me hace tremendamente feliz.

Porque también me ha enseñado a controlar mi genio, a reflexionar sobre mis errores y a pedir perdón, aunque eso me exige una mejora cada día.

Porque siempre ha estado conmigo para procurarme la mejor disposición para hacer, ayudar, aconsejar, transmitir o enseñar, tanto en el aspecto laboral, como en los demás ámbitos de la vida, además de que mi comportamiento sea siempre lo más correcto posible.

Porque cada día me alienta y fortalece para que mi paciencia crezca. Lamentablemente no siempre controlo mis impulsos.

Porque me ayuda a escuchar a los demás, poniendo más atención a quien necesita expresar lo que siente, haciendo también que mis palabras y mi mirada sean más cariñosas y compasivas.

Porque me ha enseñado que hacer un examen de conciencia diario, te hace ir corrigiendo errores y ser mejor persona.

Porque también me ha hecho comprender que confesarme, aunque sea de lo que algunos llamarían tonterías, me ayuda a ser menos soberbio y más humilde/. Así como ir a misa a diario y recibir la Eucaristía. Algo importante me falta si no lo hago. Igual me pasa con la oración. Ese rato de silencio, de pararme para escuchar a Dios, de contarle mis inquietudes, me reconforta.

Porque me llena de alegría, felicidad y paz saber que me acompaña allá donde esté, pudiendo a su vez compartirlo con los demás.

Porque a pesar de mis errores, mis desplantes, mis ofensas, Dios me sigue queriendo. Él es el que me ha llevado por ese camino de alegría y felicidad que da la verdadera paz.

Por la cantidad de dones y regalos que he recibido y descubro cada día, abriendo los ojos y mirando a mi alrededor tanto en mi casa como en la calle, en el trabajo, en la naturaleza...

Porque..., son tantas y tantas cosas por las que me siento agradecido y tremendamente feliz de haber seguido al Señor durante tantos años que, ¿cómo no voy a querer transmitirlo, compartirlo y comunicarlo a todos para que prueben a beber de ese agua que sacia para siempre la sed?

He descubierto que así como muchos aparatos que ahora están a nuestro servicio, dejan de funcionar cuando no tienen la carga suficiente con la batería o la gasolina, el corazón deja de transmitir amor si no tiene a Dios en su interior.

Todo esto me ha hecho ver y sentir lo que Dios me quiere. 

Habiendo conocido este camino con Dios durante 70 años, no quiero otro.

Todo esto que uno siente, lo que uno ha sentido durante tantos años, es necesario contarlo, transmitirlo y compartirlo porque, ¿a quién no le encanta hacer feliz a todo aquel que se le acerca?

La Fe no se impone pero tampoco se tiene que esconder. ¿Por qué no compartirlo con los demás?

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"