La importancia de dejar huella en tu vida
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05.04.2026
Jesús Portilla
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¡¡¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!!

Me siento muy afortunado y feliz de haber seguido a Dios durante 70 años, pero muchos se preguntarán el porqué de mi felicidad y aquí respondo a esa pregunta resumiendo lo que son tantos y tantos porqués.

En primer lugar diré que todo se lo debo a mis padres que me iniciaron en ese camino cristiano regalándome el sacramento del Bautismo, la Comunión y la Confirmación. Mi profundo agradecimiento para ellos ya todos quienes se han cruzado en mi camino para transmitirme la Fe.

Mi primer porqué viene cuando siendo un bebé y los médicos me daban por desahuciado, sin embargo Dios quiso que viviera para que el plan de vida que tenía para mí, se cumpliera. 

A partir de ahí los porqué se fueron acumulando:

Porque aunque muchas veces me he podido haber sentido abandonado, Él ha estado ahí confortándome y demostrándome que no estaba solo nunca. Mi experiencia de muchos años, me ha enseñado a saber que Dios está ahí, aunque no le veamos.

Porque a pesar de que no me he librado de problemas, adversidades y sufrimientos, siempre he recibido la fortaleza para soportarlos e incluso llegar a entenderlos más tarde. 

La Fe no te libra de los problemas pero te los hace vivir de otra manera.

Porque a pesar de que muchos de mis sueños no se han cumplido, he descubierto al cabo de los años que los planes de Dios siempre son mejores.

Él es quien sopla, alienta e invita, y no tiene prisa, porque maneja los tiempos.

Porque me ha hecho descubrir la potente arma que es el Rosario para vencer. No acostumbraba a rezarlo, pero ahora me siento desprotegido y falto de alegría sino lo rezo a diario.

Porque ha hecho que la sonrisa vaya siempre conmigo procurando la alegría del de enfrente, apartando de mí la queja y buscando el lado bueno o simplemente la aceptación.

Porque ha procurado y procura que aliente lo bueno en los demás sembrando palabras de ánimo y esperanza.

Porque a pesar de mis defectos, de mis ofensas, mi desconfianza, mis errores y desplantes, me siento amado por Él.

Porque me ha hecho ver que debo poner en sus manos mis miedos. Su frase más repetida es "no tengáis miedo". Si Dios conmigo, ¿quién contra mí?

Porque necesito a Dios para tener vida dentro. Cuando me aparto de Él pierdo la paz, me encuentro vacío, tengo un gran desasosiego.

Porque Él me ha enseñado a ser sal de la tierra e intentar dejar el mundo un poco mejor de como lo he encontrado, compartiendo mis dones, mis capacidades, mi sonrisa...

Porque con su luz, me guía y me orienta sobre lo que es hacer el bien y lo que es hacer el mal, sacando lo mejor de mí.

Porque me ha enseñado a ver que el hombre no vale por lo que tiene, sino por lo que es. 

¿De qué nos sirve ganar el mundo si perdemos el alma?

Porque me ha hecho reconocer el gran trabajo y los enormes servicios que ha hecho la iglesia en favor de la humanidad durante tantos siglos.

Porque a pesar de que me podía haber desviado de la Fe con tantos otros falsos dioses que te presenta la vida, la misma ha ido creciendo poco a poco y espero que siga creciendo.

Porque Él es el que me ha enseñado que la verdadera felicidad está en dar, no en recibir. ¡Qué alegría se siente al hacer feliz a alguien!

Porque es el único que te ofrece la luz cuando llegas a la oscuridad reparando tu corazón cuando está roto.

Porque cuando en muchas ocasiones sentía que me ahogaba y me invadía la incertidumbre y el desasosiego, he tenido la gran suerte de que Dios me ha ido tendiendo su mano para acoger mis problemas y angustias.

La Fe reconforta y protege del miedo. Es la mejor medicina ante cualquier sufrimiento.

Porque poco a poco me ha ido importando más lo que piensa Dios de mí, que lo que pueden pensar los demás. 

Dios es el único juez justo y capaz de juzgar.

Porque me ha enseñado a defender la verdad y la justicia ante los que, por intereses propios o por miedo a las represalias, dejaban que se cometiera la infamia o la sinrazón, siendo más cómodo el silencio o la mentira.

Porque he descubierto que Dios me escucha y me habla. Puede no ser en ese momento que yo deseo, pero Él utiliza cualquier medio para dar respuesta a nuestras preguntas.

Porque me ha enseñado la importancia de la familia y la gran felicidad que proporciona. Me ha dado una mujer, unos hijos, y unos nietos maravillosos y además me ha enseñado a poner a mi familia en primer lugar, ayudándome a ser un buen marido, un buen padre, un buen abuelo, cuidando de todos y estando siempre cuando hay que estar... Me ha llevado a procurar dejarles lecciones de vida y a transmitirles la importancia de dejar huella en todo aquello que uno hace.

Porque además, veo a Dios en mi mujer, en mis hijos, en personas que se han cruzado y se cruzan en mi camino; como aquel maravilloso sacerdote que nos dirigió durante muchos años. Eso me hace tremendamente feliz.

Porque también me ha enseñado a controlar mi genio, a reflexionar sobre mis errores y a pedir perdón, aunque eso me exige una mejora cada día.

Porque siempre ha estado conmigo para procurarme la mejor disposición para hacer, ayudar, aconsejar, transmitir o enseñar, tanto en el aspecto laboral, como en los demás ámbitos de la vida, además de que mi comportamiento sea siempre lo más correcto posible.

Porque cada día me alienta y fortalece para que mi paciencia crezca. Lamentablemente no siempre controlo mis impulsos.

Porque me ayuda a escuchar a los demás, poniendo más atención a quien necesita expresar lo que siente, haciendo también que mis palabras y mi mirada sean más cariñosas y compasivas.

Porque me ha enseñado que hacer un examen de conciencia diario, te hace ir corrigiendo errores y ser mejor persona.

Porque también me ha hecho comprender que confesarme, aunque sea de lo que algunos llamarían tonterías, me ayuda a ser menos soberbio y más humilde/. Así como ir a misa a diario y recibir la Eucaristía. Algo importante me falta si no lo hago. Igual me pasa con la oración. Ese rato de silencio, de pararme para escuchar a Dios, de contarle mis inquietudes, me reconforta.

Porque me llena de alegría, felicidad y paz saber que me acompaña allá donde esté, pudiendo a su vez compartirlo con los demás.

Porque a pesar de mis errores, mis desplantes, mis ofensas, Dios me sigue queriendo. Él es el que me ha llevado por ese camino de alegría y felicidad que da la verdadera paz.

Por la cantidad de dones y regalos que he recibido y descubro cada día, abriendo los ojos y mirando a mi alrededor tanto en mi casa como en la calle, en el trabajo, en la naturaleza...

Porque..., son tantas y tantas cosas por las que me siento agradecido y tremendamente feliz de haber seguido al Señor durante tantos años que, ¿cómo no voy a querer transmitirlo, compartirlo y comunicarlo a todos para que prueben a beber de ese agua que sacia para siempre la sed?

He descubierto que así como muchos aparatos que ahora están a nuestro servicio, dejan de funcionar cuando no tienen la carga suficiente con la batería o la gasolina, el corazón deja de transmitir amor si no tiene a Dios en su interior.

Todo esto me ha hecho ver y sentir lo que Dios me quiere. 

Habiendo conocido este camino con Dios durante 70 años, no quiero otro.

Todo esto que uno siente, lo que uno ha sentido durante tantos años, es necesario contarlo, transmitirlo y compartirlo porque, ¿a quién no le encanta hacer feliz a todo aquel que se le acerca?

La Fe no se impone pero tampoco se tiene que esconder. ¿Por qué no compartirlo con los demás?

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

04.03.2026
Jesús Portilla
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El otro día escuchaba a María San Gil, en una entrevista que le hacían sobre su trayectoria política y su trayectoria como católica, en el canal de YouTube @SeBuscanRebeldes. Decía alto y claro, que los católicos somos unos cobardes que no salimos al terreno de juego, ni nos atrevemos a despertar las conciencias aun teniendo a Jesús con nosotros, quien nunca tuvo miedo y murió defendiendo la justicia, el perdón y el amor.

A propósito de este tema, es recomendable la lectura sobre la respuesta que da el actor Jaime Lorente sobre los comentarios insultantes que hizo la actriz Silvia Abril, en los premios Goya, sobre los jóvenes cristianos.

Todos cuentan sus alegrías, sus éxitos, los triunfos en sus deportes preferidos, sus viajes, sus juergas y hasta sus desmanes. ¿Y por qué nosotros no somos voz y contamos también las alegrías, las caricias, los consuelos, la fortaleza, la valentía, la esperanza, la felicidad, el amor y la cantidad de regalos que recibimos cada día por ser hijos de Dios y seguir a Jesús? ¿Alguien puede entender que es algo malo contar estas maravillas o que hacemos daño a alguien?

Perfectamente podríamos contar esa felicidad que sentimos cuando estamos con los amigos o con los compañeros, en el trabajo, tomando café o en un simple paseo. Podríamos empezar diciendo: "me ha ocurrido algo que ha hecho vibrar mi corazón desde ese momento; veo a las personas de diferente manera, las escucho y pongo interés en lo que me cuentan, pongo mi empeño en ayudarlas y me siento feliz".  

Todo esto hay que celebrarlo, hay que contarlo, hay que compartirlo y desearlo para los demás, pero sin miedo y con alegría.

Nuestro mensaje no llega porque ni siquiera nos asomamos al terreno de juego, como decía María San Gil en esa entrevista.

Nos callamos en las reuniones de trabajo, así como en pequeños o grandes coloquios, tragando lo que unos u otros pueden decir, contar o criticar, manteniendo el silencio sin opinar o cuestionar la posible injusticia.

Llevamos a nuestros hijos a hacer la Primera Comunión, pero después no damos ejemplo dejando que esa Primera Comunión pase a ser la última, no sea que alguien vaya a decir que somos unos beatos por conducirles en su camino católico. ¿Cómo vamos a desear que nuestros hijos continúen ese camino cristiano si nosotros no les hemos enseñado a participar andando junto a ellos?

Nuestros vecinos y conocidos nos comentan que vienen o se van de juerga y a su vez nos preguntan que a dónde vamos y de dónde venimos, pero nos espanta decir que venimos de rezar el rosario. ¿De verdad alguien puede sentirse ofendido por ello?

Si en el trabajo, en la política, en la universidad, con los vecinos, en la calle..., unos y otros nos presumen de sus andaduras, de dónde vienen y a dónde van, lo que hacen y dejan de hacer, ¿por qué no podemos compartir nosotros si venimos o vamos a hacer un rato de oración, si vamos a hacer unos ejercicios espirituales, un retiro de Emaús, una Eucaristía o vivir la Cuaresma?

Me acuerdo cuando hace años, algunos compañeros me pasaban vídeos pornográficos y aunque yo no me pronunciaba ante ellos, conseguí que dejaran de enviármelos porque se dieron cuenta que yo jugaba en otro equipo. ¿Es que obligatoriamente tenemos que jugar en el suyo?

Tenemos que despertar las conciencias manteniendo los principios, los valores, la ética, la moral, la honestidad, la justicia, el amor, la educación, el respeto, ser agradecidos... ¡Qué maravilla es defender la familia, la vida, el matrimonio, los hijos...! ¿No? ¿Por qué no dar la batalla espiritual católica, cuando los demás defienden otras ideologías que adolecen de valores humanos?

La vida es un regalo con sus alegrías y tristezas que siempre van a depender de quien te acompañe en ese camino. Pero hay que salir al terreno de juego, tenemos que participar. Nos entrenamos cada día, ¿para qué? ¿Cuándo vamos a ser valientes? ¿Cuándo vamos a ser auténticos? Tenemos que decir Sí o decir No porque somos católicos y debemos defender los valores humanos.

Y comparándolo con cualquier deporte, tan normal es defender a tu equipo, como también tiene que ser normal que defendamos nuestra religión. Debemos procurar que se nos oiga, mostrando nuestra alegría, nuestros principios, nuestro respeto en este mundo desnortado que cada vez necesita más seguir la verdadera estrella.

Si todos tenemos que llevar nuestra propia cruz, siendo creyentes o no, yo prefiero llevarla con Jesús que sin él. Será mucho más inteligente porque siempre será menos pesada.

No hace falta gente especial, solo gente normal que utilice la razón, el corazón; que desee la felicidad de los demás, que no sea egoísta, que piense, que sepa escuchar, hablar, mirar; que sea humana, que genere paz y alegría.

Al acabar quiero pedirle al Señor algo muy urgente: que despiertes entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo el deseo de estar contigo, de hablarte, de escucharte, de conocerte, de descubrirte como el Dios de la vida, de la libertad, de la alegría, del amor. Porque además, tú nos dices que podemos dialogar contigo siempre que queramos, sin pasar por secretarios y en la hora que a nosotros nos venga bien.

Libro: "Si no crees en Dios, te doy su teléfono" (autor Paco Arango, Presidente de la Fundación Aladina).

Escribiendo este artículo me encontré con estas reflexiones: "Todo encuentro con Jesús nos debe llenar de gozo. Es necesario tener experiencias de Dios. La gente no nos va a preguntar lo que sabemos de Dios. Pero sí nos va a preguntar «a qué sabe Dios». ¿Qué pasa, qué se experimenta cuando Dios irrumpe en nuestra vida? ¿Cómo se ven las cosas y las personas? ¿Cómo se enfrenta uno a la vida desde la fe? Vamos a la vida, pero con nueva fuerza, con nueva luz, salimos equipados para que nada ni nadie nos pueda hundir. A veces se oye decir. ¿Qué te dan en Misa? Por supuesto que no te dan euros. Pero sí algo más importante. Me dan a Dios. Y con Dios una vida en plenitud". 

A Jesús nunca se le ocurrió comenzar una parábola en estos términos: “Se parece el Reino de los Cielos a unas plañideras que vienen de enterrar a un muerto…”. En cambio, en sus parábolas, resuena constantemente las palabras “boda” “asombro” “gran cosecha” “vino en abundancia” “banquete” "alegría" "curación" "amor".  Las bodas de Caná, al comienzo de su vida pública, nos están diciendo que “Jesús es la alegría de la vida”

"Señor, al acabar mi rato de oración contigo, he sentido que mi corazón se ensanchaba, sentía de cerca tu amor, me llenaba por dentro de una inmensa alegría. Con esta actitud, el mundo, la vida, el trabajo, tienen otro color. Señor, convénceme del todo de esta gran verdad: contigo se vive mucho mejor."

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

01.02.2026
Jesús Portilla
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Después de setenta años, os puedo decir que mi experiencia de vida avala estas enseñanzas y me siento enormemente agradecido de haberlas recibido.

 Jesús nos enseñó a vivir. Nos enseñó que es más importante callar que hablar; servir que presumir; ser, que poseer. Nos enseñó las esencias más genuinas del más puro humanismo.

Mejor callar que hablar. Cuántas veces se siente uno mal porque no ha sabido callarse, ha gritado, ha humillado, ha criticado.... Bueno yo al menos me siento mal cuando he hablado de más y no he sabido callarme. Y sí, es cierto que muchas veces habrá que hablar y defender las injusticias, pero siempre sabiendo hacerlo con educación y respeto.

Mejor servir que presumir. ¡Qué bien se siente uno cuando escucha con interés, cuando tiende la mano a otro, cuando ayuda a quien lo necesita, cuando enseña al que no sabe! Sin embargo cuando uno presume, se vanagloria, se engríe, se cree superior, y se ríe incluso de los que considera inferiores; tiene unos minutos de gloria sin darse cuenta de los que se ríen de él a sus espaldas. Yo me siento muy mal cuando alguna vez he actuado así.

Mejor ser que poseer. Todos deseamos tener cosas y además presumir de ellas ante los demás, pero insisto en lo mal que uno se siente cuando hace esto y la satisfacción que uno siente cuando sobre todo ha sido un buen hijo, un buen esposo, un buen padre, un buen abuelo, un buen amigo, un buen compañero, un buen jefe... habiendo actuado como el cargo y la responsabilidad le exigía en cada momento.

Hay que tener en cuenta que yo soy un tipo muy raro. Y no es que no cometa errores, cometo muchos de los que después tengo que arrepentirme e incluso pedir perdón; pero sí procuro, a veces con poco éxito, cumplir responsablemente con lo que exige mi propia persona allá donde esté y allá con quién esté y según lo que dicta mi conciencia, mis valores, mi moral, mi ética; en definitiva, mis principios.

Insisto, soy un tío muy raro, soy creyente y practicante, voy a misa casi todos los días, me confieso de mis faltas y me agarro a la fe. Pero os puedo decir que soy muy feliz a pesar de esos "grandes y absurdos sacrificios" que a mucha gente les puede suponer ser tan raro. Imaginaos setenta años así, procurando la autenticidad de vida.

Todos estamos llamados a iluminar, a ser luz en un mundo que se muere a oscuras. Pero cada uno sabrá lo que pone en el centro de su vida.

Me agarro a la fe porque es lo mejor que me ha pasado en mi vida, además de mi familia, e intento practicar esas enseñanzas para vivir, porque solo así es como se vive de verdad. Lo demás, es interpretar una papel que cuando se cierra el telón es verdad que la gente aplaude por nuestra representación, pero se acabó la historia y hay que inventarse otra para volver a vibrar por ese "éxito". 

No se dónde leí: El hombre, como el árbol, necesita de la profundidad de las raíces y de la inmensidad de los cielos para mantenerse en pie. Esa sed de trascendencia, de plenitud, de felicidad que todos sentimos en lo más íntimo de nuestro ser, nuestra sociedad actual la ha ahogado, hasta el punto de no saber ya para qué sirve. ¡Qué verdad!

También leía en una de mis lecturas diarias: "Hoy, Señor, vengo a pedirte que no sea ruin ni mezquino con los dones que Tú me has dado; que si he tenido la suerte de creer, no me guarde esta fe en el corazón encerrándola con llave. Que yo no me conforme con la luz que entra por la ventana de mi casa, sino que salga fuera, la comparta con los que viven en la calle y en la plaza, y la disfrute con todos en el corazón de la vida". Gracias, Señor, por esta meditación que me ha recordado que debo ser luz para los demás y que eso sólo lo voy a lograr si abro de par en par las ventanas de mi alma y dejo que tu luz entre a raudales dentro de mí. Yo no quiero alumbrar con esa lamparita pequeña que brilla en la noche; quiero alumbrar con ese sol radiante que eres Tú y llenas el día de belleza y esplendor.

Mantengamos vivas la verdaderas enseñanzas y viviremos bien y felices. Te lo dice un tipo raro y muy mayor...

Aunque tu luz sea la de una pequeña lamparita, no dejes de alumbrar.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"