La importancia de dejar huella en tu vida
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El podio de los triunfadores

 

 

 

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16.06.2021
Jesús Portilla
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No sabía cómo titular este artículo queriendo detenerme en argumentos referentes al mundo en el que vivimos y el mundo que queremos, por lo que dedicaré alguna reflexión a cada uno de los supuestos posibles títulos.

La trompeta y la flauta. Hoy en día muchos actúan como trompetas —si no trombones—, y van anunciando su presencia a cada paso que dan, como meros pavos reales que pretenden lucir su bello plumaje, lo sea o no lo sea. Es decir, quieren llamar la atención para que todos sepan de su existencia y algunos —si no muchos—, crean o perciban la gran importancia de su existencia, tanto en su vida social, familiar como laboral.

Otros —los menos—, directamente actúan como flautas, porque apenas se les escucha al ser su melodía mucho más suave, más armónica, menos estridente. A estos no les importa que los demás se fijen en su bello o diferente plumaje, porque no tienen interés alguno en todo aquello que signifique parecer, al dedicar su vida, su esfuerzo y cada uno de sus pasos, más bien a la importancia de ser haciendo y no simplemente pareciendo.

El fin del trabajo —como nuestro papel en la vida—, no es tocar la trompeta y que suene fuerte para que todos sean espectadores de nuestros grandes pulmones. ¿Cuántos pasan cada día a nuestro lado como pavos reales abriendo sus plumas para que los demás observen su majestuosidad? Majestuosidad que no es otra que esta misma, el gran sonido de trompeta que quieren hacer oír a su paso y el extender sus plumajes para que los demás se aparten y observen su esplendor desde fuera. y que no se fijen en su vacío interior.

Todos podríamos pensar que el único fin es ganar dinero para poder satisfacer nuestras necesidades, pero aunque en principio lo veamos así y la gran mayoría pasara de trabajar si no fuera necesario el dinero, la realidad es que el trabajo tiene un verdadero sentido, tiene un fin que nos hace sentirnos bien con nosotros mismos y con la sociedad, sin necesidad de ser trompetas, sino simplemente sacando nuestras capacidades, cualidades, dones y conocimientos, poniéndolos al servicio de los demás procurando el mejor trabajo y el mejor resultado, dirigido siempre a mejorar y buscar el bien común. 

Porque no nos damos cuenta, pero nos ha tocado la lotería, una fantástica lotería que no nos sirve de nada si no la gastamos dándole utilidad. Un lotería que además, según la utilizamos y la compartimos, se hace fuerte en nuestro interior creciendo más dones, más capacidades y más cualidades. 

El fin es hacer un gran bien a la sociedad, un bien a los demás; prepararnos bien para hacer un gran bien a mucha gente que espera de nosotros lo que se nos ha concedido gratis. Ese es el fin. Hacer mucho bien a las personas. Y de ahí viene la importancia de lo pequeño.

La importancia de lo pequeño. La humildad, la sencillez, la melodía de la flauta que hace sentir la música en cada una de sus notas, haciendo crecer la sinfonía desde lo pequeño, para que se haga grande. 

Cuando dejas crecer lo pequeño, se hace grande. Cualquier semilla es más pequeña que su fruto y solo hay que dejarla crecer. Puede ser una semilla pequeña, pero ¡eso sí! con fuerza interior para crecer y hacerse gran hortaliza. Sólo desde la humildad se puede crecer.

Por eso hay que cultivar, trabajar, transformar, no siendo necesario extender el gran plumaje, ni hacer sonar la trompeta. Las raíces van creciendo sin ruido y sin apenas darnos cuenta, convirtiendo esa semilla en un gran árbol, donde pueden anidar multitud de pájaros y alimentarse con sus frutos.

Tenemos que aprender a servir. Aquí no se admite cierto postulado que algunos podrían considerar como tal y que dice: yo no he nacido para servir. Todos hemos nacido para servir y hay muchos momentos de la vida en que nos toca servir. Lo importante es el cuándo, para quién y cómo. Cuando el momento lo requiera, a aquel a quien o a quienes lo necesitan, y por supuesto de la mejor manera para satisfacer a quien tengamos enfrente. A todos nos gusta que nos sirvan y que lo hagan bien pero, ¿cómo servimos nosotros?

La vida es servir, todos hemos nacido para servir: los padres, los profesores, los médicos, los bomberos, los policías, los fontaneros... La vida es servicio y cuanto más entendamos que es así, que es una obligación que tenemos con todos los que se cruzan en nuestro camino, más sentiremos que todos somos importantes porque nuestro servicio, cuanto mejor sea, mayores frutos de amor dará.

Tus dones son semillas que debes hacer crecer para que den frutos.

Permíteme que acabe contándote una historia real: En mi vida laboral conocí a una persona que todos habían dejado de lado en el trabajo, incluso apartándole en un rincón para que no molestase, porque él no sabía, no entendía, era muy lento y le faltaba iniciativa. Nadie quería perder el tiempo con él. Hasta que le cambiaron de departamento y aunque su nuevo responsable pensaba lo mismo que todos aquellos que habían trabajado con él, decidió abajarse y poner su esfuerzo en compartir sus dones y capacidades en enseñarle con paciencia, perdiendo tiempo en dedicarle tiempo. 

Nuestros dones, siempre son semillas que debemos hacer crecer para que den frutos, allá donde estemos y con quien estemos.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

24.05.2021
Jesús Portilla
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En estos días mi mujer y yo hemos celebrado nuestro cuarenta aniversario de casados. Un objetivo que nos marcamos cuando nos conocimos, proponiéndonos luchar por nuestro amor y conseguir ir de la mano de viejecitos siguiendo un camino firme que nos llevara a cumplir nuestro reto, aunque existieran obstáculos que se cruzaran a nuestro paso y aunque el mundo nos quisiera llevar por senderos equivocados.

Te puedes imaginar la cantidad de veces que podríamos habernos dejado llevar por caminos más divertidos, más placenteros, más fáciles, pero más peligrosos para el crecimiento de nuestro amor y de nuestra unidad familiar.

Este ejemplo de amor y de familia es como la vida laboral; también están los retos, objetivos, proyectos personales y profesionales que necesitan sujetar con fuerza el timón para que el viento, el oleaje, las tormentas o incluso la calma, no te lleven a ese sitio distinto al que habías proyectado y que se presenta paradisíaco y lleno de placeres.

En muchas situaciones de la vida, el viento sopla con fuerza y está en nosotros decidir si nos dejamos llevar o si sujetamos con fuerza el timón y mantenemos el rumbo.

Puede que sepas bien dónde quieres ir, pero sin embargo no estés siguiendo el camino correcto porque te estés dejando llevar. Y ante esta situación debieras plantearte estas preguntas:

¿De verdad sigues tu sueño, tu proyecto, tu objetivo de vida?

 ¿Mantienes bien sujeto el timón? 

¿Seguro que ese es el camino que querías o es el camino que quieren otros para ti?

¿Sigues ese camino porque todos van por ahí?

Las dificultades de la vida nos llevan a apartarnos del camino y huimos por senderos más fáciles. La vida está en movimiento continuo y nos exige elegir y preguntarnos a dónde vamos. Esta es una pregunta seria que nos debe hacer reflexionar para corregir el rumbo.

¿De verdad es ese el proyecto profesional que querías? ¿Esos pensamientos, esas decisiones, esas acciones van encaminadas hacia la meta que deseas?

Algunos se dejan llevar por esos que se cruzan en su camino escuchando lo que transmiten a su paso con ese altavoz de la falsa felicidad que produce la ambición, el egoísmo, el poder, el dinero fácil, la manipulación, el lujo, los placeres y las mentiras que se venden como verdades.

Otros, sin embargo, se mantienen firmes en sus proyectos de vida tanto personales como profesionales, luchando con fuerza por mantenerse en el camino correcto. No les importa levantarse una y otra vez agarrándose a aquellos que con su bien hacer ejemplar transmiten valores, virtudes y experiencias, que iluminan el camino para alcanzar esa vida con sentido y con una clara dirección hacia su verdadero objetivo.

Nos influyen tanto los referentes, tanto familiares como profesionales, que solo teniendo bien sujeto ese timón podremos darnos cuenta de cuál es el camino de la verdadera vida: lo que me da paz, lo que me aporta felicidad, lo que llena mi corazón, lo que da plenitud a mis acciones, lo que brinda felicidad a aquellos con los que me cruzo...

El mundo en el que vivimos te quiere llevar, te va arrastrando por caminos que no conducen donde tú habías puesto tu sueño, tu ideal, tu corazón y solo tú con tu esfuerzo, con tu lucha permanente, con tu determinación, con tu mirada fija en ese objetivo, puedes lograr aquello que da pleno sentido a tu vida. No es fácil, pero es posible. 

Nunca es bueno dejarse llevar, porque dejarse llevar significa no llegar a donde uno quiere y encontrarse perdido habiendo sido una simple marioneta.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

29.04.2021
Jesús Portilla
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Foto Karosieben-Pixabay

Vivir con la verdad en un mundo de mentirosos es difícil, porque la mentira se ha convertido en costumbre. Parece que hace más daño la verdad, sin darnos cuenta que la mentira es una torpe debilidad del cobarde. 

En este mundo la honestidad suele generar menos ganancias que la mentira, y cuando solo se busca el interés propio, la mentira es mucho más socorrida porque camina mucho más deprisa que la verdad.

Decía Mahatma Ghandi: Más vale ser vencido diciendo la verdad, que triunfar por la mentira. El problema es que casi nadie quiere ser vencido, la mayoría ansía ganar y lamentablemente parece que hay muchos que prefieren taparse los oídos ante la verdad. La verdad puede doler mucho, pero es un dolor mucho más sano y llevadero que la mentira.

Si nos paramos a pensar, la costumbre de mentir por todo y para todo está en boca de la gran mayoría, mintiendo por cualquier tontería, evitando que la verdad sea la causante de preguntas que no apetecen responder porque podría acarrear demasiadas explicaciones.

¡Después lo miro!; cuando sabes que no lo vas a mirar. ¡Te llamo más tarde!; cuando no tienes ningún interés en hacerlo. ¡Tengo que ir a ver a mi madre!; cuando la verdad es que no te apetece nada salir con esa persona. ¡Revisaré lo de tu sueldo!; cuando ni lo vas a hacer ni te importa. ¡Es el mejor producto para usted!; cuando sabes que que no es lo que necesita esa persona. ¡Déjalo en mis manos!; cuando sabes que ni lo vas a hacer y que además tendrás que inventarte después otra mentira.

Podría poner mil ejemplos que todos vivimos y que con una verdad no se generarían falsas expectativas en nadie, esa persona no perdería el tiempo y posiblemente daría un giro o emprendería él mismo una acción que le llevaría a la solución de su problema.

La verdad no mancha los labios de quien la dice, sino la conciencia de quien la oculta. La verdad puede llegar a ser cruel, pero si es así, ¿cómo podríamos definir la mentira? ¿No es mucho más cruel engañar? ¿La repercusión de la mentira no será siempre más gravosa que la dura realidad de la verdad?

Decía Mark Twain:  si siempre dices la verdad, no tendrás que recordar nada. Porque la mentira requiere tener una gran memoria y al mentiroso le plantea un grave problema: El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera (Alexander Pope).

¿Y no es mejor quedar mal por decir la verdad, que perder la confianza de alguien por sostener una mentira? Di la verdad o alguien la dirá en tu lugar. Y eso siempre será peor porque llegará tarde y cuando menos se espera.

Una verdad puede hacerte llorar unos cuantos días, pero una mentira te marca para siempre.

A la Verdad se llega no solo por la razón, sino también por el corazón. Cosa que no se produce con la mentira. Esta nunca puede salir del corazón porque siempre esconde algún interés, aunque sea mínimo.

Dice Alexandru Vlahuța: La verdad espera. Solo la mentira tiene prisa. Tiene prisa para conseguir ese fin pretendido. Tiene prisa para evitar explicaciones . Tiene prisa para ganar tiempo. Tiene prisa sobre todo, para que no se descubra primero la verdad.

El hombre que no teme a la verdad, no tiene nada que temer de las mentiras (Francis Bacon).

Y lo grave ya no es mentir, sino que una mentira repetida suficiente número de veces se acaba convirtiendo en verdad para la mayoría. Porque además parece aceptarse más esa mentira repetida, que detenerse en investigar la verdad. Porque investigar una verdad cuando la mayoría ha creído esa mentira, puede crear conflictos que esa gran mayoría procura evitar aunque sean para un bien mayor. ¿Pero un bien mayor para ojos de quién?

 Si contáramos la cantidad de veces que se miente cada día, posiblemente nos daríamos cuenta del por qué de tantas cosas que suceden a nuestro alrededor. Lo grave es que unos y otros vamos entrando en la rueda de practicar este «deporte» de la mentira como otra costumbre más que se ha impuesto, y a la que parece que nadie le da importancia, excepto cuando uno se ve afectado seriamente. Lo demás, son «mentiras piadosas» que pensamos que no hacen daño a nadie, porque todo el mundo las dice, porque parece que decir la verdad no se lleva y porque —como decía antes—, uno ha llegado la convencimiento que esta hace más daño.

La mayoría de la gente está encadenada y presa por la mentira, sin darse cuenta que en la Verdad está la libertad. Las mentiras siempre condicionan y atrapan para obtener el bien deseado, un bien deseado que la verdad destruirá más tarde o más temprano. Porque como decía Napoleón: El mal de la mentira es semejante a la mancha de aceite: deja siempre huellas.

Pero el castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad (Aristóteles).

La mentira te mantiene preso. La Verdad te hará libre. Amad la Verdad.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"