La importancia de dejar huella en tu vida
La importancia de dejar huella en tu vida
 

Accede directamente al blog en este enlace:

El podio de los triunfadores

 

 

 

Aquí tienes las últimas entradas

 

 

11.04.2021
Jesús Portilla
Ningún comentario

Hacernos pequeños, para ser grandes.  Seguramente todos hemos escuchado estas palabras, la hemos leído en la Biblia o tal vez alguno de nuestros profesores o familiares cercanos nos las ha transmitido con su gran sabiduría. ¡Pero qué difícil es entender esto y qué pocos lo llevan a cabo cuando lo que se ansía es el gran poder! ¿Cómo uno va a ser grande haciéndose pequeño? ¿Cómo uno va a ser el primero, mostrándose el último? ¿Cómo se puede conseguir «destacar» practicando la humildad? ¿Cómo se puede ser feliz haciendo felices a los demás?

Humildad no es pensar que eres menos, es no creerte más.

Para ello debemos comprender que la verdadera humildad no va de abajo arriba, sino de arriba abajo. No consiste en que el inferior reconozca la supremacía del superior, sino en que el superior sepa inclinarse con respeto ante la inferioridad del otro (comentarista Oración y liturgia).

Es muy difícil de entender porque para ello, hay que practicarlo. El entendimiento solo es posible cuando estos pensamientos «filosóficos» los ponemos en obra y los llevamos a la acción.

Es muy difícil porque en este mundo que vivimos y que hemos construido entre todos, lo que se anuncia, lo que se vende, lo que se transmite y sobre todo lo que se practica, es totalmente lo contrario. La grandeza, el poder, el éxito, el dinero, el estatus social pasa por estar frente a los focos, en los titulares de las noticias, en la boca de los supuestos «influencer» o en el centro de las reuniones.

Pero no hace falta ponerse de rodillas para hacerse pequeño, esconderse en la sala de reuniones, ser el que enciende las luces o el que empuja el carro de la basura. Es solamente pararse y el bien hacerlo bien.

Queda muy claro en estas palabras que transcribo de la meditación del Padre Raúl Romero López, del Jueves Santo pasado:

Jesús se puso a secar los pies.

No era necesario, pero es el detalle, el querer terminar la obra buena, el culminar… No podemos dejar las cosas a medio hacer, a medio acabar.  El bien hay que hacerlo bien…En la vida todo lo dejamos a medias, sin terminar, cuando lo que hacemos, lo hacemos sin amor.

El médico deja las cosas a medio hacer cuando se limita a recetarnos medicinas… Tiene que querer a sus enfermos, tratarles con cariño. Aquello que antes llamábamos “médico de cabecera”. El que no sólo cura sino cuida. El que no sólo pone las gomas para auscultar el órgano del corazón sino sus latidos profundos, sus sentimientos más íntimos. 

 El maestro no debe limitarse a impartir unas clases y esperar el fin de semana o las vacaciones…  Tiene que querer a los niños. Y el niño es niño no sólo en la escuela sino también en la calle. Qué bonito cuando los niños se acercan a sus maestros a saludarles con cariño.

El sacerdote no se limita a hacer bien los actos del culto en la Iglesia. Tiene que querer al pueblo, a los feligreses y sentirse hermano entre hermanos… El sacerdote que, como dice el Papa Francisco, unas veces, va delante de las ovejas, otras en medio y también detrás. Delante porque siempre se adelanta cuando hay algún problema, o hace falta hacer algún servicio urgente. En medio, con olor a oveja, caminando con el pueblo en lo bueno y en lo malo: compartiendo el pan duro y amargo de los días de luto y también el pan blando y crujiente de los días de fiesta.  Y detrás porque siempre hay ovejas débiles que no pueden seguir al rebaño; ovejas recién paridas que tienen que cuidar a sus corderitos. El sacerdote, lejos de ser una carga para la comunidad, ayuda a llevar la carga de los demás.

Los hijos que atienden a sus padres ancianos por “obligación” por el qué dirán… entonces los padres se sienten que son estorbo y sólo piensan en morirse para no dar mal…Hay que hacerlo todo con cariño. Siempre recordaré las bonitas palabras del padre de un amigo sacerdote que iba todos los domingos a ver a su padre anciano, en silla de ruedas, cuidado por su hija y nietas: “La verdad que yo me moriría y no sería un estorbo para vosotros…pero ¡Me queréis tanto!”

Hablamos del médico, del maestro, del sacerdote, de los hijos, de los padres; pero cada uno de nosotros allá donde estamos, ¿qué hacemos? ¿Hacemos bien el bien? ¿O como se comenta en la reflexión, todo lo dejamos a medias, sin terminar y sin amor alguno? 

Cuesta tan poco entregarnos de verdad a quien tenemos delante simplemente haciendo bien lo que tenemos que hacer bien. No terminamos de entender que el trabajo es servicio, es dar lo que hemos recibido: nuestras capacidades, dones, cualidades, sabiduría, experiencia, habilidades. El trabajo es hacer el bien, un bien que alguien necesita y para ello hay que hacerlo bien, abajándonos y poniéndose al nivel de quien tenemos frente a nosotros, para escucharle y atenderle como se merece y como es nuestro deber. Y esto no es cosa del aprendiz, del maestro o del gran jefe; es una obligación de cada uno y con la función que desarrolle.

Hacernos pequeños para ser grandes y poder ver desde la humildad, desde la escucha, desde la generosidad, desde el amor. Para ver desde el bien, lo que está bien.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

24.03.2021
Jesús Portilla
Ningún comentario
Decía Aristóteles: El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona. Pero en el mundo en el que vivimos hay pocos que duden y reflexionen, más bien crece cada día el número de ignorantes que afirman y dicen saber de todo y como tal, discuten y cuestionan todo. Su mayor enciclopedia es la televisión, las redes sociales, lo que alguien ha dicho, lo que han creído entender y que una gran mayoría comparte sin saber de dónde viene y por qué.Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano. Parece ser que es una frase de Sorcha Carey, que confirma que no sabemos nada y que tenemos mucho que aprender y no precisamente en esas grandes enciclopedias que he referenciado en el párrafo anterior. Por eso también comenta Johann Kaspar Lavater: Si quieres ser sabio, aprende a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar cuando no tengas nada que decir. Lo que pasa es que lo de preguntar razonablemente, no es una acción que se practique porque «uno ya sabe la respuesta», aprendida en ese «altavoz popular» que grita cada día a nuestro alrededor allá donde estemos. Tampoco merece la pena escuchar con atención, porque «perder el tiempo» en averiguar lo que puede ser verdad, no es necesario porque ya se tiene la verdad. Por supuesto lo de responder serenamente y callar cuando no se tenga nada que decir, tampoco procede, porque todo merece una respuesta acusadora que impide callar al «tener siempre algo que decir».El verdadero saber, es saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se saber. (Confucio). Por eso también afirmaba Sócrates: La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia. Ignorancia que reconocen muy pocos, porque para reconocerla tendrían que conocer la virtud de la humildad y eso es una cosa de la que actualmente adolece el ser humano, porque esas «grandes enciclopedias del saber», la confunden con la debilidad, falta de carácter, falta de autoridad y por ello, incapaz de «engañar o manipular» para sacar los mayores beneficios.Como dice un proverbio chino: El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él. ¿Y cuánta cantidad de necios proliferan, que con el cuerpo lleno de hormigas se las dan de sabios, dando explicaciones «perfectamente documentadas»  para su absurdo comportamiento y los beneficios que aporta el mismo? Porque, El sabio puede cambiar de opinión. El necio, nunca. (Immanuel Kant).Y es que, mientras los sabios buscan la sabiduría, los necios piensan ya haberla encontrado (Napoleón I). Es su propia sabiduría, la de «hago esto porque me da la gana». Y claro, por no dar su brazo a torcer y reconocer lo confundidos que están, pues siguen por ese camino totalmente equivocado y procurando ser el «influencer» de los demás, para ganar seguidores de la estupidez.No hay que confundir nunca el conocimiento con la sabiduría. El primero nos sirve para ganarnos la vida; la sabiduría nos ayuda a vivir. No basta saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer. (Goethe).Como comento en el párrafo anterior, tal vez ese pueda ser uno de los grandes problemas actuales, que muchos creen que la sabiduría es el conocimiento intelectual y la sabiduría —bajo mi punto de vista—, es conocimiento pero si se sabe aplicar a la vida y a las circunstancias que acontecen en ella en todos los ámbitos.Por eso alguien dijo que la sabiduría es el arte de vivir, de convivir, de compartir, de expresar el amor, de admirar la belleza a nuestro alrededor, de ver el interior de cada persona. ¿De qué te sirven muchos conocimientos si no sabes vivir?Para mí, la sabiduría es conocerte, descubrir tus dones y capacidades y ponerlos al servicio de los demás. Si solo sabes pero no lo compartes, ¿de qué te sirve?La sabiduría es descubrir el valor de la humildad, de la confianza, de la valentía, de lo importante. Es descubrir la importancia de las pequeñas cosas para engrandecer a los demás y a uno mismo.La sabiduría, es pararse a escuchar, a ver, a sentir y aprender con todo lo que llega a nuestro interior, para conocerse uno mismo y a los demás.La sabiduría es aplicar esos conocimientos transmitiéndolos a los demás con generosidad, con la experiencia y con el ejemplo. Esas son las semillas que debemos sembrar y la huella que debemos dejar a nuestro paso.La sabiduría es decidir y actuar con discernimiento, eligiendo siempre lo mejor y más justo para todos, apostando por la felicidad del mayor número de personas.La sabiduría es convertir la luz en la oscuridad, alumbrando las sombras del camino.En definitiva, en palabras del filósofo chino Lao-Tse: el sabio no enseña con palabras, sino con actos.El don de la sabiduría, es la gracia de poder ver cada cosa con los ojos de Dios.Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"
09.03.2021
Jesús Portilla
Ningún comentario

Poder, éxito, prestigio, dinero... Parece que ese es el objetivo general que se mantiene entre los deseos de la mayoría de las personas. Eso es lo que la sociedad nos inculca desde que nacemos y lo demás no tiene ningún sentido, porque eso y solo eso, es lo que lleva a la gran felicidad del ser humano. Pero todos conocemos multitud de personas que han llegado a lo alto de esa pirámide y ha resultado que no han encontrado esa deseada felicidad, sino que más bien han encontrado un vacío que parece inexplicable.

Y es que la razón está en que, de qué te sirve ganar el mundo...

Si te olvidas del corazón.

Si  no sientes las miradas de los demás.

Si no escuchas las voces de tu alrededor.

Si dejas de arriesgarte por quien está a tu lado.

Si tus manos se ha hecho cómodas y no son capaces de tenderlas a los que tienes enfrente.

Si te olvidas del daño y del sufrimiento que causan tus decisiones.

Si no descubres la importancia de transmitir alegría y felicidad.

Si no te das cuenta de tu propio vacío.

Si has olvidado la importancia de poner amor en tus acciones.

Si has dejado de buscar el bien y lo mejor para todos en aquello que haces.

Si apartas de ti todo lo que te estorba sin descubrir lo que te aporta.

Si no conoces la satisfacción que produce engrandecer a las personas.

Si te olvidas de la familia.

Si todo en ti se ha convertido en egoísmo.

Si te has olvidado de la satisfacción de dar y solo te importa la satisfacción de recibir.

Si no has descubierto el poder de la humildad.

Si en tu camino no has tenido en cuenta las bondades del agradecimiento.

Si todavía nos has podido diferenciar el poder de la gloria.

Si en tu caminar no has terminado de entender la expresión visible del bien.

Si no has podido vencer la adicción a la droga del poder.

Si no le has dado importancia al referente o la huella que has dejado en el mundo.

Si has dejado de levantar cimientos que construyen y has vendido ese humo que desaparece.

Si no te has llegado a plantear, para cuántos has sido su trébol de cuatro hojas.

Si no has hecho brillar en los demás tu verdadera tu luz.

Si no ha sabido engrandecer a las personas que han estado a tu lado.

Si en tu camino no has aprendido a ser un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan.

Si no has terminado de comprender la importancia del ser antes que el tener.

Si has dejado de ver y sentir el cielo aquí en la tierra.

Si tu riqueza material se ha convertido en pobreza espiritual.

Somos tentados por el afán de tener, por el deseo del poder, por la ambición de ser adorado, por ser el centro del mundo, porque los demás giren a mi alrededor, porque me sirvan en lugar de servir, por la falta de sensibilidad, por no tener compasión, por acostumbrarnos a que otros sufran, por tener siempre excusas, razones y explicaciones que solo nos conforman un rato (Papa Francisco).

La vanagloria, los aplausos y el engreimiento son fiebres que pasan rápidamente, quedando la secuela de la gran soledad.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"