La importancia de dejar huella en tu vida
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El podio de los triunfadores

 

 

 

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08.01.2026
Jesús Portilla
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No serán nuestros éxitos, nuestro dinero, nuestro poder, nuestro currículum, solamente será el AMOR. ¿Pero a quién le importa esto ahora?

La verdad es que a mí sí me importa y cuando por las noches hago mi examen de conciencia, me pregunto por mi comportamiento en ese día: a quien he tratado mal, a cuantos he criticado, a quién he ayudado, a quién he menospreciado, qué he dejado de hacer...

Mi mujer y yo, llevamos cuarenta y cuatro años casados, más siete años de novios. total cincuenta y un año juntos; toda una vida. Cuando algunos dicen que esto es imposible ahora, yo me río porque demuestra el poco espíritu de sacrificio que se va a poner en ese amor y el poco amor que hay en esa relación.

Así pasa igualmente en las empresas; no importan nada las buenas relaciones ni el buen ambiente laboral, ni las personas. No importa la responsabilidad, la generosidad, la honestidad, abundando el engaño; y eso conlleva a la poca fidelidad de los trabajadores que se marchan a otra empresa porque sienten que allí no valen para nada sus dones y su entusiasmo y su corazón está vacío.

Sé que es difícil aprobar ese Examen Final con el que se logrará la plena felicidad, la felicidad eterna. Pero quiero seguir pidiendo a Dios ser mejor persona, esperando aprender de la escucha, de la palabra y de la mirada de Jesús en mi relación con los demás.

El día a día y cada uno de sus momentos tendrán sus pruebas y sus calificaciones, que lo mismo si en mi examen de conciencia nocturno, me iluminan para que el nuevo día pueda rectificar en mis ofensas de pensamiento, palabra, obra y omisión, el Jefe misericordioso me mirará con una sonrisa al ver que no me desvío del verdadero camino.

El problema es desfallecer, cansarse, hartarse de ser bueno y responsable, de hacer lo correcto, de hacer el bien cuando todo lo demás te exige menos y te causa mayor placer; cuando te ves tentado a coger la manzana del árbol prohibido sin importar las consecuencias de tus actos.

Me importa el Examen Final, claro que sí. Quiero aprobar, aunque sea habiendo copiado. Tal vez en este examen es donde se nos permite copiar sin echarnos fuera del aula. Copiar de aquellos que nos han soplado en qué consiste el examen, copiar de aquellos que han respondido con verdadero acierto a todas esas pruebas y preguntas que plantea una vida ejemplar, copiar de aquellos empollones que día tras día estudiaban el verdadero sentido de la vida y se apartaban de las juergas y despropósitos de los demás; copiar incluso de aquellos que provocaban las risas y las burlas por plantarse y decir que no ante las injusticias, las mentiras, las diferentes tentaciones o las propuestas peligrosas.

Pasamos toda la vida preparándonos para todo tipo de exámenes pero, ¿nos preparamos para la prueba definitiva, para el importante Examen Final? Todo examen requiere esfuerzo, sacrificio, trabajo, dedicación. Muchos hasta nos hacen llorar. Pero no olvidemos que los exámenes nos llevan a conseguir nuestros sueños.

A mí me importa aprobar ese gran Examen Final, porque es mi gran sueño. ¿El tuyo no? 

¡Ayudémonos entonces todos aquellos que queremos aprobarlo! Saquemos lo mejor de nosotros, todo lo bueno.

No serán nuestros éxitos, nuestro dinero, nuestro poder, nuestro currículum, solamente será el AMOR.

¡Ese sí que puede ser un buen propósito para este nuevo año y los venideros!

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

15.12.2025
Jesús Portilla
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Es curioso cuando te hablan de alguien, de sus bondades y de sus maldades. Te predisponen para crearte una imagen sobre esa determinada persona y tú, antes de conocerle, ya criticas o elogias a ese del que tanto te hablan pero que tú ni siquiera has intercambiado un saludo.

Pues lo mismo puede pasarte con Él. Sí, hablo de Jesús. ¿Qué te han dicho, qué has oído, qué imagen te has creado y qué opinas de Él?

¿No crees que lo mejor sería conocerle, hablar con él, escucharle, sentirle, intentar entenderle?

Si quieres, lo puedes conocer en cualquier iglesia, puedes acercarte al Sagrario y aunque no lo veas, Él está ahí, dedícale unos segundos y verás cómo lo sientes. Háblale, relaciónate con Él. ¡Que no te habla! Ya te hablará. ¡Que no sientes su presencia! Ya la sentirás. ¡Que no tienes respuestas a tus preguntas! Ya te responderá. Los tiempos de Él no son los mismos que los nuestros. Ten paciencia, ya lo hará y como tu padre biológico también te hablaba, decidía y actuaba cuando lo creía conveniente y cuando sabía que era el momento en que lo ibas a entender.

A Jesús le gustan las simplicidades, habla con Él franca y claramente, implorando su ayuda en todos tus asuntos.

Si te fijas en cada rincón de este mundo, ahí está Él. En la perfección del ser humano, en cada animal, en cada insecto, en la naturaleza, en el universo, en ti mismo. Ahí esta Jesús deseando escucharte y deseando que le escuches. Deja que desaparezca tu ceguera y tu sordera. Si aun así crees que no te escucha, grítale, pero ponte en disposición de escuchar lo que Él quiere decirte, no solo lo que tú quieres escuchar.

A Jesús podemos hacerle preguntas con tal que nosotros también nos dejemos interrogar por Él.

Yo veo a Jesús cada día. Tan solo me hace falta detenerme en esa persona que sonríe, que ayuda, que escucha, que enseña, que consuela, que le pone amor a todo lo que hace.

Lo veo en esos pequeños regalos y milagros de cada día. En aquellos que viven en la humildad y la pobreza y no se quejan. En aquellos gravemente enfermos que mantienen la sonrisa. En aquellos que sufren persecución y martirio y siguen defendiendo sus creencias. En tantos que nos dan lecciones cada día sin llorar por sus propias adversidades.

Sí, hay cosas que no entendemos, los porqués y los paraqués, pero ya lo entenderemos cuando llegue el momento. Tampoco entendíamos a nuestros abuelos, a nuestros padres, a nuestros profesores, con aquello que nos decían, cómo actuaban y qué pretendían; y ahora, volviendo la vista atrás, nos decimos: qué razón tenían, menos mal que actuaron, y cuantas gracias les damos.

Ahora, en Navidad, seguro que es un buen momento para conocer a un nuevo amigo, el mejor amigo, el que no defrauda.

Ahora, es tiempo de Adviento, tiempo de esperanza en la venida de Jesús. Tiempo para desear que la escucha, la palabra y la mirada de Jesús la transmitamos a todo aquel que se cruce en nuestro camino, para abrir su corazón y llenarlo de amor y alegría.

Os deseo una feliz Navidad en la que sintáis en vuestro interior que nunca estáis solos y que Él os acompaña siempre.

¡Ah! Y si no sabes qué decirle cuando estés ante el Sagrario, puedes hacerlo con esta oración:

"Ven Espíritu Santo, amigo, porque contigo puedo compartir mis cosas más íntimas, todas mis inquietudes más secretas. Ven, amigo del alma, porque contigo puedo hablar sobre esas cosas que no me atrevo a decirle a nadie más. 

Ven, amigo discreto, porque sé que no divulgarás ningún secreto mío, y todo lo que te diga quedará entre nosotros. Ven, amigo fiel, porque no hay momentos vacíos, donde no esté tu presencia, porque estás siempre. 

Ven amigo generoso, porque siempre tienes algo para ofrecerme. Ven amigo compasivo, porque eres el que mejor comprende mis debilidades. Ven, amigo sincero, porque no dejas de decirme lo que más necesito escuchar, aunque a veces me moleste.

Ven, Espíritu Santo.

Amén."

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"

09.11.2025
Jesús Portilla
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 ¿Cuándo vas a dar un paso adelante?

Me sorprende cuando muchos me cuentan lo insatisfechos que están con sus trabajos, lo que ven y viven a diario, y no hacen nada por buscar algo mejor dejando que esas empresas se sigan enriqueciendo y creciendo con su mal hacer.

¿Cuánto tiempo vas a seguir participando en esos engaños, en esos abusos, en esa falta de ética, en esos desmanes?

Al menos, intenta cambiar sus procedimientos. ¡Opina, discrepa, defiende, aporta! Pon tus dones, tus conocimientos y tus capacidades para mejorarla, y si no puedes enfrentarte, ¡lárgate!.

¿Cómo van a cambiar, a rectificar y a mejorar si nadie muestra el descontento y se mantiene  allí a pesar de los pesares?

Conozco a muchos valientes que dieron el paso y ahora son felices en sus nuevas empresas.

¿De verdad te ves reconocido en ella?

¿No te importa que no se defienda la familia, que despidan a una mujer embarazada?

¿Tu moral te permite mentiras y engaños a compañeros, al equipo, a clientes...?

¿Puedes soportar la prepotencia, el abuso de poder y el desconocimiento de lo que es ser un buen líder?

¿Estás dejando que los clientes no tengan el servicio que merecen o la calidad que pagan?

¿Formas parte del engaño en la calidad, en el servicio, en el precio...?

¡Valórate! ¿Dónde has dejado tus principios, tus valores, tus dones, tus capacidades? Defiéndelos en los despachos y en cada reunión y si no, empieza a darte a conocer en otras empresas, estudia ofertas, preséntate como candidato y huye de allí.

En esas empresas solo se quedan los pelotas, los mediocres y cobardes, mientras los valientes y los verdaderos profesionales no se conforman con quienes anteponen la ambición, la avaricia, la soberbia, el abuso, ante los principios fundamentales que defienden el trabajo y una sana vida laboral con verdadero afán de servicio.

¿Tú de que bando eres? 

Sí, da miedo tal y como está el mundo laboral, pero nada ni nadie te impide que tú te postules en otras empresas y des el salto cuando encuentres la que buscas.

¡No da igual todo! Ese es el problema de hoy, la indiferencia ante el bien y el mal.

¿Se mantiene tranquila tu conciencia trabajando allí?

Es hora de «despedir» a las empresas que no actúan con ética, con moral, con profesionalidad, con responsabilidad, con honestidad, con justicia. No participes de sus desmanes. No caigas tú con ella. 

¡Lárgate de ahí, no esperes más, muévete! Es hora de defender los valores, los principios, la honestidad, la ética, el respeto, la justicia, la calidad, el bien hacer.

Ni por mucho dinero vale la pena trabajar allí porque te estás vendiendo al diablo.

El mal seguirá triunfando, si los demás no defendemos el bien y lo ponemos en el lugar que le corresponde.

Muchas gracias por estar aquí y compartirlo. "Solo podemos iluminar el mundo si transmitimos luz""Solo podemos dejar huella con nuestra acción continua"